Marcoria

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domingo, 28 de diciembre de 2014

Sexta Parte:

*Sophia POV*

Ingresé en la habitación de Serena el sábado en la mañana. Ella no está para verme. La habitación era de ensueños… Ya al entrar reconocí el precioso color de la alfombra, era de un rosa pálido que combinaba con el color claro de la madera del piso. Era preciosa aquella habitación, tenía un color rosa salmonado, era fresco, brillante, vivo. En el centro una cama antigua de color blanco era el centro de atención con sus frazadas al tono y una colección de almohadas. Acaricié la suave tela de las frazadas y noté que sobre esa cama, enormes letras cursivas formaban “Serena” en madera, era de color violeta, como una pared de contraste y tenía esparcido brillos. Había una bola de espejos, oh como me gustan esas cosas… Parece que mi hermanita y yo tenemos gustos parecidos…
Al costado de la habitación noté un placard con las puertas que eran del techo al piso y estaban abiertas, sus perchas estaban repletas de ropas, todo tipo de ropa que pudiese pasar por la mente de una persona, abrigo, verano, medias estaciones, zapatos ¡Todo! Era como estar en un local de ropa. Arriba descansaban varias cajas enormes con papeles sobresaliendo, sus diseños eran hermosos y marcas demasiado caras e internacionales sobresalían de ella.
Pero más allá de todo el lujo, y de la moda, solo había una cosa que ella tenía en su habitación que me hizo trotar el corazón, mi mirada se fijó sobre el sueño de mi vida de pequeña.
Había cinco estantes de unos dos metros cada uno.
En ellos, se encontraba la colección original de las princesas de Disney en porcelana vestidas con sus hermosos vestidos y todas en perfecto estado, las otras restantes tenían Barbies de todos los modelos, había bailarinas, de varios oficios, pero por sobre todo se encontraba la que más me gustaba. La tomé entre mis manos y la observé notando como mis ojos se aguaban. Ella era preciosa, como cuando soñaba tener una de pequeña. Tenía un precioso vestido morado largo, que se le quitaba la falda y se volvía corta y de color rosa. Sus enormes alas se extendían y llevaba zapatitos altos de ambos colores. Presioné a la muñeca, no porque tuviese ganas de tener una ahora, sino… Porque si me ponía a pensar… Si mis padres hubiesen estado juntos, o si mi madre hubiese hablado antes conmigo, yo hubiese conocido a mi madre antes, y entonces, varias de estas cosas, hubiesen sido parte de mi vida…
Los recuerdos de noches de tanto llorar por creer que mis padres no querían comprarme una, cuando en realidad lo que no los dejaba complacerme era nuestra escasa economía. Cuantas veces vi la muñeca por propagandas, y es más hay varias que son extranjeras, porque no las había visto en las propagandas antes.
La puerta comenzó a abrirse y solté la muñeca con aterro. Podría ser ella, Serena, y podría perder mi trabajo al primer día… Entonces mi corazón comenzó a bombear fuerte y rápido, cuando sentí la mano cálida de alguien sobre mi hombro.
–¿Todo está bien preciosa? –Preguntó su voz. Oh casi muero de un infarto. Me deshice de una lágrima molesta y luego lo miré.
–Si… –Murmuré y él puso expresión de lastima mientras levantaba la muñeca del piso.
–Oh… ¿Qué sucede nena? ¿Por qué estas llorando? –Dijo Emilio preocupado mientras acariciaba mi mejilla. Me alejé y negué.
–No, no, nada, solo… Me trae recuerdos de la infancia, es todo… –Realmente es verdad lo que digo, además de que también me hace razonar sobre mi presente, cosa que él no debe saber.
–¿Esta cosita? –Miró hacia atrás, acercó su dedo índice hacia su mano pensativo y me sonrió. –¡Llévatela! –Me incentivó. Negué.
–No, no Emilio, no puedo. Ella puede notarlo y estaría muerta. –Aseguré. El negó.
–No va a pasar nada, ella ni siquiera las nota. ¡Toma! –Me extendió la muñeca. Esto sería como robar. No voy a decirle eso… Pero no voy a tomarla.
–No, no. No puedo perdóname. –Dije saliendo. Caminé hacia las escaleras y tropecé tomándome del barandal. Estaba tan débil, hacía varios días que apenas probaba bocado.
–¡Oh linda! ¿Estás bien? –Preguntó su  dulce y femenina voz desde abajo.
–No… –Murmuré y lo único que recuerdo, es que todo se volvía negro.


*Serena POV*

CONTINUARÁ...

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