–Busca a Victoria,
a Victoria Bandi… Ella es tu madre Sophie, ella es… –Dijo mientras lloraba. Me
quedé mirándola. No puede ser… Me estaba diciendo que ella no era mi madre.
–Vos sos mi madre,
no entiendo de quien me hablas… –Dije tratando de que me lo aclarara.
–Vamos Sophie, deja
que tu madre descanse… –Mi padre me llamó, pero ella levantó una mano en señal
de que me dejara y siguió diciendo.
–Yo… Yo no soy tu
madre Sophie, yo no te di a luz amor, ella es tu madre. Tu padre te dirá quién
es, él te lo dirá… –Cerró su ojitos húmedos. Y apretó mi mano. De pronto ya no
me habló más, su pulgar acariciaba mi mano y la presionaba. Se quedó
profundamente dormida y yo quedé así, confundida, sin explicación de nada.
Cerré mis ojos, muy fuerte para luego pestañear y volver a abrirlos. Limpié las
lágrimas y la volví a mirar, su pecho subía y bajaba en paz, se notaba que era
una carga enorme para ella.
~~~~~~~~~~
Al día siguiente mi
madre amaneció sin vida y mi padre me terminó de contar aquella historia. No
podía creer que sea cierto, se murió la madre que me crió y me dio mucha
felicidad, pero me dejó una madre ¿millonaria, ignorante de mi existencia e
hipócrita? Eso sí que era increíble.
Finalmente ella
murió y yo… Yo quedé sola con mi padre.
~~~~~~~~~~~
A una semana de la
muerte de mi madre, volví al colegio. Lautaro había ido a mi casa el día que la
enterramos. Pero no estuvo mucho tiempo, ya que le dije que me dejara, que
quería estar sola, que me diera tiempo. El solo se alejó aceptando si lo llamaba
y hablábamos.
–¡Oh Sophie! –Dijo
este llegando y abrazándome con fuerza. –¿Estas mejor preciosa? –Negué.
–No… Para nada
Lautaro… Para nada. –Me abrazó y llorisqueé en su hombro. –Ni te imaginas
cuanto la extraño… –Serena me miró desde lejos y solo parece haber entendido
que hoy no era el día, ya que ni siquiera se acercó a mí.
~~~~~~~~~~~
El tiempo pasó,
justamente dos años… Y ahora decidí ir a en busca de mi mamá biológica.
No es que
justamente quiera saber de ella, solo que me puse de acuerdo con mi padre y
finalmente voy a ir en busca de ella y de trabajo. Necesitamos comer, y mi
padre era el que hacía eso por mí. Pero él se estrelló con una enfermedad grave
y ahora necesito la plata para sus remedios y mis libros. Supongo que ella
podrá ayudarme. Tomé mi currículum del estante y las llaves. Pero cuando estaba
por salir, él se levantó y tomó mi hombro.
–No tenés que hacer
esto, ¿lo sabes no…? –Dijo abrazándome por detrás. Yo me abracé a sus brazos y
murmuró.
–Voy a estar bien… –Rápidamente mis ojos se
aguaron. –No quiero perderte, no a vos
también… Me voy a quedar sola. –Dije entristecida.
–Jamás te voy a
dejar hija. Nunca. No vas a quedarte sola. –Me di la vuelta y lo miré a sus
enormes ojos chocolate.
– ¿Me lo prometes?
–Dije secando mis ojos.
–Te lo prometo
princesa. Yo te lo prometo. –Dijo abrazándome fuerte. Luego nos apartamos y
mirándome volvió a preguntarme. – ¿Estas segura de hacer esto So? –Asentí y de
pronto una pregunta se asomó por mi cabeza.
– ¿Ella está
casada? –Mi padre frunció el ceño y negó con la cabeza.
–No, pero es
hermosa, así como vos, no tardará en estarlo. –Asentí. Y luego levantando un
dedo terminó. – ¡Ah! Casi lo olvido,
¿recordas que te conté que tu abuelo te dejó acá? –Asentí. –Él mencionó a una
pequeña, él mencionó a una melliza tuya Sophia, si ella está viva, entonces tenés
a una hermana. –Mis ojos se abrieron enormes, ¿Una hermana?
– ¿U-una hermana?
–Tartamudeé murmurando. Él asintió.
–Sí. Trata de
decirle la verdad a tu madre lo más pronto ¿Si? –Asentí. –Victoria es una mujer
seria, pero es de buen corazón y es hermosa, vos sos su calco. Ambas dos se
parecen demasiado, no tardará en darse cuenta de quien sos. Asique no le
mientas, deciles quien sos. Ellos, van a entender, ella jamás volvió a decir
nada sobre vos, porque te cree muerta. – ¿Muerta? ¡Pero si estoy más llena de
vida que ella y toda su familia junta! –Sos tan valiente… –Dijo mi padre
trayéndome de mis pensamientos.
–Supongo que en la
tarde estoy acá. Igual voy a llamarte cuando llegue. ¿Sí?
–Espero el llamado
pequeña. Vamos, anda a buscarla. –Dijo con una sonrisa.
–Chau papi, te amo.
Cuídate ¿Si? –Asintió.
–Vos también
cuídate. –Asentí y le di un beso en la mejilla que él me respondió de igual
manera. Finalmente salí de mi casa y tomé el colectivo hasta aquella enorme
casa blanca con flores lilas en la entrada que veía en la imagen que tengo en
la mano junto a la dirección del lugar. Allí es a donde me dirigía.
~~~~~~~~~~
Toqué un timbre
dorado que sonó con un gran “Ding Dong” que se habrá escuchado en toda la casa.
Rápidamente un hombre con uniforme me miró en los ojos y preguntó.
–¿Señorita? –Era
bastante calvo, y alto y tenía pinta de ser muy buena onda, él y su sonrisa.
CONTINUARÁ...
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