–¿Señorita?
–Era bastante calvo, y alto y tenía pinta de ser muy buena onda, él y su
sonrisa.
–Am, y-yo, vine
pa-para el puesto de trabajo… Y m-me perdí. –Dije viéndolo mientras miraba a
ambos lados y me tomaba por la mano. Abrí los ojos enormes. –¿A dónde vamos?
–Tenías que entrar
por la otra puerta, pero como estoy con algo importante, te llevo por acá antes
de que la enojadiza señora te vea ingresar por acá. –Dijo divertido mientras me
guiñaba un ojo. –Debíamos dar la vuelta, ¿Entendes? –Asentí. –¿Cuantos años
tenés? –Me miró.
–Diecisiete. –Respondí. Él negó.
–¿No te crees muy
chica para trabajar? –Dijo mirándome. Negué.
–No cuando tenés un
padre enfermo que no puede trabajar y necesita remedios. –Él me miró con
admiración supongo, sus ojos sonreían hacia mí mientras hacía la boca un lado
apenado. Si a mí también me dolió abandonar mis estudios. Pero ya tendré tiempo
para eso.
–Quedate acá, sos
una de las últimas que la señorita Victoria entrevistará. Mucha suerte. –Dijo
ingresando en la habitación frente los asientos y cerrando la puerta tras él.
Escuchar su nombre de otra boca que no sea mi padre realmente era raro y me
hacía latir el corazón muy fuerte. Que hombre tan cálido. Me agrada.
Luego de unos
minutos salió y me murmuró que pasara. Presionó mi hombro y salió hacia lo que,
yo imagino, sería la enorme sala de la casa. Respiré, exhalé, entiéndame, no
siempre vas a pedirle trabajo a tu madre desconocida que no sabe que existís.
Caminé hasta la puerta, tomé la perilla y se abrió.
Al instante una
firme voz se escuchaba hablando por teléfono, era obviamente supongo de mi
madre, ella estaba parada de espaldas con unos papeles en la mano y charlando
con alguien, en inglés. Pero cuando cerré la puerta, ella escuchó y se dio la
vuelta. Me miró y me levantó un dedo. Yo asentí con ambos ojos enormes y ella
miró hacia otro lado mientras seguía con su charla en perfecta fluidez con el
idioma. Mi corazón daba saltos dentro de mí, y mis mejillas estaban rojas,
tenía ganas de llorar y reír, ella era tan parecida a mí. O yo era tan parecida
a ella en realidad. De pronto, bajó el teléfono mientras se sentaba y mirándome
habló conmigo.
–Sentate Vení.
–Dijo con una sonrisa. Así hice y ella tomando mi currículum preguntó. –¿Alguna
vez hiciste este trabajo? –Preguntó mientras acomodaba sus lentes y leía
esperando mi respuesta.
–No, pero soy la
que mantiene la limpieza de mi casa y aprendo rápido, no es por agrandarme,
pero soy muy lista. –Dije rápidamente, me prometí no dudar a la hora de
responderle, papá me dijo que a ella le gustaban las personas seguras de sí
mismas. Ella asintió mientras seguía con la vista en mis papeles, de pronto sus
ojos se abrieron y me miró.
–¡No terminaste tus
estudios! ¿Cumpliste diecisiete o cumplirás dieciocho dentro de poco? –Dijo
preocupada. Rápidamente dudé en responder esa pregunta, pero ella me miró luego
de haber vuelto al principio, mis mejillas se tiñeron una vez más.
–Dejaste el
colegio. –Dijo mirándome. Asentí y ella preguntó. –¿Por qué? ¿Por qué no
terminar el último año de tus estudios? –Dijo negando. Yo la miré y respondí.
–Mi papá se enfermó
gravemente y necesitamos comprar sus remedios, así como yo necesito comer asique
decidí abandonar y buscar un trabajo. –Dije bajando la mirada. Ella me miró,
notó en mi mirada la necesidad de este trabajo, necesitaba la plata y la
necesitaba a ella. Bueno, algo así…
–Vamos a hacer una
cosa. No me agrada saber que estas acá abandonando tus estudios, estamos a
mitad del año y por lo que veo acá tenías muy buenas notas. Te reincorporas
nuevamente en tus clases, te egresas y luego te volves permanente. Hay personas
que no les gusta trabajar los fines de semana, y menos que menos en el verano,
pero yo puedo tomarte esos días, ¿Estas dispuesta a trabajar los fines de
semana? –Yo la miré sonriendo y asentí. Ella realmente era increíble, jamás
pensé que era así de amable. –Y para este verano, te pongo como permanente
¿Queres? –Dijo viéndome con sus lentes. Yo asentí mientras comenzaba a cargar
mis ojos. Ella nunca dejaría que abandone mis estudios. Claro que no, ella es
mi madre. –Oh, no llores niña, es por tu bien. –Dijo preocupada.
–Es de emoción, yo
estaba preocupada por no poder terminar mis estudios, pero realmente necesito
tener este trabajo.
–Me lo imaginaba.
–Dijo asintiendo. –Yo… Tengo una niña de tu misma edad… –Oh, aquí vamos… –También
estudia, y tiene sus sueños y proyectos… No querría que le sucediera algo
parecido a mi niña, no pierdo nada con ayudarte. Asique… –Ella se paró y
extendió su mano. –El próximo sábado comenzas. Espero que estés preparada, esta
casa es muy grande. –Dijo conforme con su decisión. No puedo creerlo, no voy a
tener que olvidarme de mis sueños, de mi carrera.
Cuando quise darme
cuenta estaba dándole la vuelta a su escritorio y dándole un abrazo a esa que
es y lleva mi sangre, sin saberlo. Ella se tensó debajo de mis brazos y luego
de unos segundos sentí sus manos tras mi espalda. Mi corazón comenzó a latir
fuerte y no pude resistir a suspirar con alivio.
Pero de pronto la
puerta interrumpió y allí apareció aquella, esa chica. ¡¡Oh no es cierto!! ¿Serena Bandi? ¡Maldición, claro! ¡Ella es mi melliza! ¡Que desgracia! Mi
pesadilla escolar es hija de mi jefa, madre y peor ¡Es mi hermana! La chica con ojos grandes en celeste cielo, cabello
negro, grueso y rizado, sus piernas largas, la piel morena y su mirada
irradiaba odio, odio contra mí. Pues claro, tanto años de odio sin sentido no
se va así porque sí. Miré a Victoria y ella se veía mirando hacia su hija con
una sonrisa radiante, ella la ama tanto, tanto como podría amarme a mi… Quizá… ¿Pero qué tonterías dices Sophia? Si a ella
jamás le importó, es más ya se habrá olvidado a su hija muerta. Tú no eres nada
para ella, entiende… Si… Quizá solo es así, una mujer con gran corazón. Es
todo. ¡Maldición! Ahora tendré que bancármela como mi maldita jefa. Que
desgracia la mía, además de en el colegio, también en el trabajo.
*Serena POV*
CONTINUARÁ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario