Marcoria

Marcoria

domingo, 28 de diciembre de 2014

Sexta Parte:

*Sophia POV*

Ingresé en la habitación de Serena el sábado en la mañana. Ella no está para verme. La habitación era de ensueños… Ya al entrar reconocí el precioso color de la alfombra, era de un rosa pálido que combinaba con el color claro de la madera del piso. Era preciosa aquella habitación, tenía un color rosa salmonado, era fresco, brillante, vivo. En el centro una cama antigua de color blanco era el centro de atención con sus frazadas al tono y una colección de almohadas. Acaricié la suave tela de las frazadas y noté que sobre esa cama, enormes letras cursivas formaban “Serena” en madera, era de color violeta, como una pared de contraste y tenía esparcido brillos. Había una bola de espejos, oh como me gustan esas cosas… Parece que mi hermanita y yo tenemos gustos parecidos…
Al costado de la habitación noté un placard con las puertas que eran del techo al piso y estaban abiertas, sus perchas estaban repletas de ropas, todo tipo de ropa que pudiese pasar por la mente de una persona, abrigo, verano, medias estaciones, zapatos ¡Todo! Era como estar en un local de ropa. Arriba descansaban varias cajas enormes con papeles sobresaliendo, sus diseños eran hermosos y marcas demasiado caras e internacionales sobresalían de ella.
Pero más allá de todo el lujo, y de la moda, solo había una cosa que ella tenía en su habitación que me hizo trotar el corazón, mi mirada se fijó sobre el sueño de mi vida de pequeña.
Había cinco estantes de unos dos metros cada uno.
En ellos, se encontraba la colección original de las princesas de Disney en porcelana vestidas con sus hermosos vestidos y todas en perfecto estado, las otras restantes tenían Barbies de todos los modelos, había bailarinas, de varios oficios, pero por sobre todo se encontraba la que más me gustaba. La tomé entre mis manos y la observé notando como mis ojos se aguaban. Ella era preciosa, como cuando soñaba tener una de pequeña. Tenía un precioso vestido morado largo, que se le quitaba la falda y se volvía corta y de color rosa. Sus enormes alas se extendían y llevaba zapatitos altos de ambos colores. Presioné a la muñeca, no porque tuviese ganas de tener una ahora, sino… Porque si me ponía a pensar… Si mis padres hubiesen estado juntos, o si mi madre hubiese hablado antes conmigo, yo hubiese conocido a mi madre antes, y entonces, varias de estas cosas, hubiesen sido parte de mi vida…
Los recuerdos de noches de tanto llorar por creer que mis padres no querían comprarme una, cuando en realidad lo que no los dejaba complacerme era nuestra escasa economía. Cuantas veces vi la muñeca por propagandas, y es más hay varias que son extranjeras, porque no las había visto en las propagandas antes.
La puerta comenzó a abrirse y solté la muñeca con aterro. Podría ser ella, Serena, y podría perder mi trabajo al primer día… Entonces mi corazón comenzó a bombear fuerte y rápido, cuando sentí la mano cálida de alguien sobre mi hombro.
–¿Todo está bien preciosa? –Preguntó su voz. Oh casi muero de un infarto. Me deshice de una lágrima molesta y luego lo miré.
–Si… –Murmuré y él puso expresión de lastima mientras levantaba la muñeca del piso.
–Oh… ¿Qué sucede nena? ¿Por qué estas llorando? –Dijo Emilio preocupado mientras acariciaba mi mejilla. Me alejé y negué.
–No, no, nada, solo… Me trae recuerdos de la infancia, es todo… –Realmente es verdad lo que digo, además de que también me hace razonar sobre mi presente, cosa que él no debe saber.
–¿Esta cosita? –Miró hacia atrás, acercó su dedo índice hacia su mano pensativo y me sonrió. –¡Llévatela! –Me incentivó. Negué.
–No, no Emilio, no puedo. Ella puede notarlo y estaría muerta. –Aseguré. El negó.
–No va a pasar nada, ella ni siquiera las nota. ¡Toma! –Me extendió la muñeca. Esto sería como robar. No voy a decirle eso… Pero no voy a tomarla.
–No, no. No puedo perdóname. –Dije saliendo. Caminé hacia las escaleras y tropecé tomándome del barandal. Estaba tan débil, hacía varios días que apenas probaba bocado.
–¡Oh linda! ¿Estás bien? –Preguntó su  dulce y femenina voz desde abajo.
–No… –Murmuré y lo único que recuerdo, es que todo se volvía negro.


*Serena POV*

CONTINUARÁ...

martes, 23 de diciembre de 2014

Quinta Parte:

*Sophia POV*
Llegué a casa lamentándome el haberme metido en esa casa. Ya me imagino lo que será eso. Ella va a volverme loca. ¡Demonios! ¿Algo más tendría que pasarme?
–Hola muñeca ¿Cómo te fue? –Mi padre llegó a la sala de la casa interrumpiendo mis lamentos.
–Bien padre, am tenías razón, tengo una hermana. –Abrió los ojos enormes y preguntó.
–¿Enserio? Y ¿Cómo es? Ella… –Lo interrumpí.
–Ella es mala. –Dije interrumpiéndolo. –Es Serena Bandi. La chica que me molesta en el colegio. –Cerré los ojos y estos se llenaron mientras él se allegaba a mí y me abrazaba. –Ella va a hacer mi vida imposible en esa casa, como lo hizo toda la secundaria en la escuela.
–¿Cómo es eso capaz Sophie? ¿Eh? –Preguntó. Yo… No lo sé.
–No lo sé papi. Pero sé que pronto voy a tener que decirle la verdad, porque no voy a aguantar tanto tiempo los maltratos de lo que sería mi propia hermana. Y si vieras lo parecida que es a vos. Jamás le había prestado atención. Pero tiene tu sonrisa, y los ojos grandes así como los tuyos, también tiene tu pelo y es morena, pero… –Fruncí el ceño. Y lo miré, él preguntó.
–¿Pero? –Dijo mirándome.
–Pero tiene los ojos celestes… ¿De dónde los sacó? –Dije confundida. Si mi madre tienes los ojos color caramelo, pero no son celestes ni verdes… Mi papá respondió de igual forma, pensando. Hasta que creo que recordó a alguien.
–Tu abuela. Tu abuela, la madre de tu madre tienes los ojos de ese color. Viene de familiares, están en los genes. Ella los heredó de tu abuela, así como vos tenés la piel blanca y los ojos pardos como los de tu madre. –Dijo sonriente. ¿Mi abuela? ¿Tengo una abuela más?
–¿Tengo otra abuela? –Dije sorprendida. Asintiendo respondió.
–¡Oh sí! Elena Bandi. Una mujer muy culta y adinerada. Como también es seria y enojadiza, algo gruñona… Tiene ese mismo color de ojos –Dijo mi padre mientras me sonría. Ahora que lo pienso, El hombre este… ¿Emilio? Sí, sí. Había nombrado a “la enojadiza señora” y luego a mi madre me la nombró como “señorita Victoria” entonces de esa “señora” hablaba…
–¿En qué piensas? –Preguntó mi padre.
–No nada, tonterías. Oye, ¿Sabes que sucedió? –Dije sonriéndole. Y él me preguntó.
–No. ¿Qué? –Dijo posando toda su atención en mí.
–Mi queridísima madre, es un sol ¿Lo sabes? –Dije en un tono semisarcástico por lo de “Mi madre” pero algo orgullosa de contarle lo que ella me propuso.
–¿Por qué lo dices? –Dijo mientras me seguía hasta la cocina.
–Porque, me va ayudar a poder trabajar sin que deje el colegio. –Dije entusiasmada, este se sonrió alegre y respondió.
–¡Oh me alegro mucho! No quería que abandonaras tus estudios. ¡Aún tiene ese enorme corazón que recuerdo que tenía! –Dijo sonriente. Verlo hablar de Victoria es como ver a un niño hablar de que irá al parque de diversiones o que le compraran su juguete favorito muy pronto.
–Me gusta la cara y la sonrisa que haces cuando hablas de Victoria. –Dije imitando su sonrisa.
–Am… –Dijo tratando de justificarse y rápidamente lo saqué de la incomodidad en donde lo puse.

–¿Quieres un té? –Dije sonriéndome y este asintió.

CONTINUARÁ...

Cuarta Parte:

*Serena POV*    
¿Qué hace la idiota acá? La miré, me miró. ¿Está abrazando a mi mamá? ¿Mi mamá abraza a alguien? Esto sí que no me lo esperaba.
–¡¿Vos?! –Dije al instante que intercambiamos miradas.  Ella soltó a mi mamá y mi mamá me sonrió preguntando.
–¿Cómo te fue en el colegio pequeña? –Dijo tratando de ser agradable.
–Con vos no estoy hablando. –Dije seriamente. Mi madre frunció el ceño, pero no me importó después hablaré con ella –¿Qué mierda haces acá? –Lo que me faltaba, que ahora se venga a hacer la pobrecita con mi mamá, si la fastidio, pero es idiota la chica ¿Yo que quieren que haga? Te tienta la muy tarada. –¿Yy? –Dije impaciente.
–Y-yo… vine a buscar trabajo. No sabía que vivías acá. –Dijo bajando la mirada la muy idiota. Ash, pero claro que no lo sabe, si es idiota.
–Bueno, como veo te lo habrán dado, vení cuando tengas que venir pero andate. ¡NOW! –Dije resaltando la última palabra. Me sonreía por mis adentros, mi mucama, esto va a ser divertido.
–S-si… Chau, gracias señorita Victoria. –Dijo tomando un bolso de trapo y saliendo por al lado mío.
–¿Conoces a la chica caramelito? –Dijo mi mamá. Odio cuando me llama así.
–Si la conozco, es la tarada del colegio. Y ya te dije mil veces que no me llames así. ¡Dios! –Ella tornó los ojos y se acercó a mí.
–No entiendo de donde saliste tan fría y amargada, acaso yo no te di siempre mi amor pequeña. ¿Qué es lo que te hizo así? –Y si había algo, algo que siempre le reclamé y que jamás quiso darme.
–Un padre. Quizá… –Dije sonriendo mientras tomaba mi manzana verde y la mordía con gusto. Ella frunció el ceño y me miró. Ok volvió a enojarse la muy insoportable.
–¡Demonios Serena! ¿Otra vez con eso? –Dijo ella hundida en nervios mientras tomaba varias planillas y las acomodaba. Yo me tiré en el sillón y la miré, eso… Cada vez más nerviosa Victoria ¡Wow!
–Jajaja No entiendo ¿Qué es lo que te pone tan nerviosa Victoria? Si después de todo sabemos que es una estúpida broma… –Si es que soy muy ingrata y no tengo piedad de nada, pero la verdad es que a veces me saca de quicio que hagan preguntas tan boludas.
–¡Oye! ¡Ya te dije que a mí no me hables así niña! Soy tu madre para que lo sepas. ¡Discúlpate! ¡Vamos! –Fruncí el ceño y respondí, ok, se enojó la señora.
–Ok, lo siento madre. –Dije sin una gota de arrepentimiento y luego rodé mis ojos.
–Bien. Pero estaría más bueno que realmente te arrepientas de las cosas que a veces dices. –Volví a rodar los ojos. Me levanté del sillón y la miré.
–A veces no entiendo si en verdad no tienes sentido del humor o si eres así de insoportable. –Dije saliendo tras la puerta y olvidando sus malditos llamados.
–¡SERENA! ¡SERENA VUELVE ACÁ NIÑA MALEDUCADA! –Dijo gritando, pero obviamente no volví. Por mí puede morirse llamándome.
Caminé hacia la sala y luego pasé hacia la cocina.
–¡Emilio! –Llamé y este apareció por arte de magia como siempre.
–Princesa… –Otro cursi más…
–Serena, Se-re-na… ¿Entendiste no? –Dije mientras volví a rodar mis malditos ojos. ¡Que parte de Ya-eh-crecido no entienden?
–Seri, ¿porque eres tan así corazón? acaso ¿necesitas algo más para ser más alegre…? –Lo miré y volví a decir igual.
–Un maldito padre no me haría mal, pero ahora vine en busca de un maldito café ¿puedes hacerlo por mí y dejar de preguntar tantas tonterías? –Dije devastada por tanta pregunta idiota. Este me miró algo enojado y se volvió a la cocina encendiendo la cafetera.
–Sabes que me gusta el instantáneo. –Dije viendo que estaba por hacer unos de esos con los granos de café y toda la mierda. Este apagó la cafetera y prendió la pava calentando el agua y poniendo azúcar y café en una taza. Comenzó a batir con tanta fuerza que notaba su enojo. –Ok, ya no te enojes. Lo siento es que a veces me pone de mal humor ver que todo el mundo me sigue tratando como una niña es todo.
–Disculpas aceptadas. Pero a veces tienes que notar que la gente no te trata como si fueses una niña, sino que a veces, uno lo hace con el cariño que se te tiene ¿Entiendes? –Preguntó él mientras me miraba con una sonrisa. Yo le asentí y terminé por responder con la misma. Realmente me hace olvidar de mis enojos en dos segundos. Adoro a este tipo.
–¿Te dije que te adoro verdad? –Pregunté abrazándolo.
–Sí, si ya lo has dicho. –Dijo sonriente.
Cuando terminé mi café, subí hasta mi habitación y ahí se encontraba otra vez, en mi cabeza, la imagen de la idiota. Me sonreí al recordar la escena. ¡Que gracioso! Eso me hará pensar muchas maldades para ella. Y si… ¿Quién es tan tonto de alistarse a trabajar en la casa en donde vive la persona que te fastidia? ¿Quién? Solo ella. Negué con mi cabeza. Voy a grabarla fregando los pisos. ¡O no! Lavando los inodoros. Quizá, lavando o planchando mi ropa… Ya veré que es lo que se me ocurra.


*Sophia POV*

CONTINUARÁ...

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tercera Parte:

–¿Señorita? –Era bastante calvo, y alto y tenía pinta de ser muy buena onda, él y su sonrisa.
–Am, y-yo, vine pa-para el puesto de trabajo… Y m-me perdí. –Dije viéndolo mientras miraba a ambos lados y me tomaba por la mano. Abrí los ojos enormes. –¿A dónde vamos?
–Tenías que entrar por la otra puerta, pero como estoy con algo importante, te llevo por acá antes de que la enojadiza señora te vea ingresar por acá. –Dijo divertido mientras me guiñaba un ojo. –Debíamos dar la vuelta, ¿Entendes? –Asentí. –¿Cuantos años tenés? –Me miró.
–Diecisiete. –Respondí. Él negó.      
–¿No te crees muy chica para trabajar? –Dijo mirándome. Negué.
–No cuando tenés un padre enfermo que no puede trabajar y necesita remedios. –Él me miró con admiración supongo, sus ojos sonreían hacia mí mientras hacía la boca un lado apenado. Si a mí también me dolió abandonar mis estudios. Pero ya tendré tiempo para eso.
–Quedate acá, sos una de las últimas que la señorita Victoria entrevistará. Mucha suerte. –Dijo ingresando en la habitación frente los asientos y cerrando la puerta tras él. Escuchar su nombre de otra boca que no sea mi padre realmente era raro y me hacía latir el corazón muy fuerte. Que hombre tan cálido. Me agrada.
Luego de unos minutos salió y me murmuró que pasara. Presionó mi hombro y salió hacia lo que, yo imagino, sería la enorme sala de la casa. Respiré, exhalé, entiéndame, no siempre vas a pedirle trabajo a tu madre desconocida que no sabe que existís. Caminé hasta la puerta, tomé la perilla y se abrió.
Al instante una firme voz se escuchaba hablando por teléfono, era obviamente supongo de mi madre, ella estaba parada de espaldas con unos papeles en la mano y charlando con alguien, en inglés. Pero cuando cerré la puerta, ella escuchó y se dio la vuelta. Me miró y me levantó un dedo. Yo asentí con ambos ojos enormes y ella miró hacia otro lado mientras seguía con su charla en perfecta fluidez con el idioma. Mi corazón daba saltos dentro de mí, y mis mejillas estaban rojas, tenía ganas de llorar y reír, ella era tan parecida a mí. O yo era tan parecida a ella en realidad. De pronto, bajó el teléfono mientras se sentaba y mirándome habló conmigo.
–Sentate Vení. –Dijo con una sonrisa. Así hice y ella tomando mi currículum preguntó. –¿Alguna vez hiciste este trabajo? –Preguntó mientras acomodaba sus lentes y leía esperando mi respuesta.
–No, pero soy la que mantiene la limpieza de mi casa y aprendo rápido, no es por agrandarme, pero soy muy lista. –Dije rápidamente, me prometí no dudar a la hora de responderle, papá me dijo que a ella le gustaban las personas seguras de sí mismas. Ella asintió mientras seguía con la vista en mis papeles, de pronto sus ojos se abrieron y me miró.
–¡No terminaste tus estudios! ¿Cumpliste diecisiete o cumplirás dieciocho dentro de poco? –Dijo preocupada. Rápidamente dudé en responder esa pregunta, pero ella me miró luego de haber vuelto al principio, mis mejillas se tiñeron una vez más.
–Dejaste el colegio. –Dijo mirándome. Asentí y ella preguntó. –¿Por qué? ¿Por qué no terminar el último año de tus estudios? –Dijo negando. Yo la miré y respondí.
–Mi papá se enfermó gravemente y necesitamos comprar sus remedios, así como yo necesito comer asique decidí abandonar y buscar un trabajo. –Dije bajando la mirada. Ella me miró, notó en mi mirada la necesidad de este trabajo, necesitaba la plata y la necesitaba a ella. Bueno, algo así…
–Vamos a hacer una cosa. No me agrada saber que estas acá abandonando tus estudios, estamos a mitad del año y por lo que veo acá tenías muy buenas notas. Te reincorporas nuevamente en tus clases, te egresas y luego te volves permanente. Hay personas que no les gusta trabajar los fines de semana, y menos que menos en el verano, pero yo puedo tomarte esos días, ¿Estas dispuesta a trabajar los fines de semana? –Yo la miré sonriendo y asentí. Ella realmente era increíble, jamás pensé que era así de amable. –Y para este verano, te pongo como permanente ¿Queres? –Dijo viéndome con sus lentes. Yo asentí mientras comenzaba a cargar mis ojos. Ella nunca dejaría que abandone mis estudios. Claro que no, ella es mi madre. –Oh, no llores niña, es por tu bien. –Dijo preocupada.
–Es de emoción, yo estaba preocupada por no poder terminar mis estudios, pero realmente necesito tener este trabajo.
–Me lo imaginaba. –Dijo asintiendo. –Yo… Tengo una niña de tu misma edad… –Oh, aquí vamos… –También estudia, y tiene sus sueños y proyectos… No querría que le sucediera algo parecido a mi niña, no pierdo nada con ayudarte. Asique… –Ella se paró y extendió su mano. –El próximo sábado comenzas. Espero que estés preparada, esta casa es muy grande. –Dijo conforme con su decisión. No puedo creerlo, no voy a tener que olvidarme de mis sueños, de mi carrera.
Cuando quise darme cuenta estaba dándole la vuelta a su escritorio y dándole un abrazo a esa que es y lleva mi sangre, sin saberlo. Ella se tensó debajo de mis brazos y luego de unos segundos sentí sus manos tras mi espalda. Mi corazón comenzó a latir fuerte y no pude resistir a suspirar con alivio.
Pero de pronto la puerta interrumpió y allí apareció aquella, esa chica. ¡¡Oh no es cierto!! ¿Serena Bandi? ¡Maldición, claro! ¡Ella es mi melliza! ¡Que desgracia! Mi pesadilla escolar es hija de mi jefa, madre y peor ¡Es mi hermana! La chica con ojos grandes en celeste cielo, cabello negro, grueso y rizado, sus piernas largas, la piel morena y su mirada irradiaba odio, odio contra mí. Pues claro, tanto años de odio sin sentido no se va así porque sí. Miré a Victoria y ella se veía mirando hacia su hija con una sonrisa radiante, ella la ama tanto, tanto como podría amarme a mi… Quizá… ¿Pero qué tonterías dices Sophia? Si a ella jamás le importó, es más ya se habrá olvidado a su hija muerta. Tú no eres nada para ella, entiende… Si… Quizá solo es así, una mujer con gran corazón. Es todo. ¡Maldición! Ahora tendré que bancármela como mi maldita jefa. Que desgracia la mía, además de en el colegio, también en el trabajo.


*Serena POV*     

CONTINUARÁ...

Segunda Parte:

–Busca a Victoria, a Victoria Bandi… Ella es tu madre Sophie, ella es… –Dijo mientras lloraba. Me quedé mirándola. No puede ser… Me estaba diciendo que ella no era mi madre.
–Vos sos mi madre, no entiendo de quien me hablas… –Dije tratando de que me lo aclarara.
–Vamos Sophie, deja que tu madre descanse… –Mi padre me llamó, pero ella levantó una mano en señal de que me dejara y siguió diciendo.
–Yo… Yo no soy tu madre Sophie, yo no te di a luz amor, ella es tu madre. Tu padre te dirá quién es, él te lo dirá… –Cerró su ojitos húmedos. Y apretó mi mano. De pronto ya no me habló más, su pulgar acariciaba mi mano y la presionaba. Se quedó profundamente dormida y yo quedé así, confundida, sin explicación de nada. Cerré mis ojos, muy fuerte para luego pestañear y volver a abrirlos. Limpié las lágrimas y la volví a mirar, su pecho subía y bajaba en paz, se notaba que era una carga enorme para ella.
~~~~~~~~~~
Al día siguiente mi madre amaneció sin vida y mi padre me terminó de contar aquella historia. No podía creer que sea cierto, se murió la madre que me crió y me dio mucha felicidad, pero me dejó una madre ¿millonaria, ignorante de mi existencia e hipócrita? Eso sí que era increíble.

Finalmente ella murió y yo… Yo quedé sola con mi padre.
~~~~~~~~~~~
A una semana de la muerte de mi madre, volví al colegio. Lautaro había ido a mi casa el día que la enterramos. Pero no estuvo mucho tiempo, ya que le dije que me dejara, que quería estar sola, que me diera tiempo. El solo se alejó aceptando si lo llamaba y hablábamos.
–¡Oh Sophie! –Dijo este llegando y abrazándome con fuerza. –¿Estas mejor preciosa? –Negué.
–No… Para nada Lautaro… Para nada. –Me abrazó y llorisqueé en su hombro. –Ni te imaginas cuanto la extraño… –Serena me miró desde lejos y solo parece haber entendido que hoy no era el día, ya que ni siquiera se acercó a mí.
~~~~~~~~~~~
El tiempo pasó, justamente dos años… Y ahora decidí ir a en busca de mi mamá biológica.
No es que justamente quiera saber de ella, solo que me puse de acuerdo con mi padre y finalmente voy a ir en busca de ella y de trabajo. Necesitamos comer, y mi padre era el que hacía eso por mí. Pero él se estrelló con una enfermedad grave y ahora necesito la plata para sus remedios y mis libros. Supongo que ella podrá ayudarme. Tomé mi currículum del estante y las llaves. Pero cuando estaba por salir, él se levantó y tomó mi hombro.
–No tenés que hacer esto, ¿lo sabes no…? –Dijo abrazándome por detrás. Yo me abracé a sus brazos y murmuró.
 –Voy a estar bien… –Rápidamente mis ojos se aguaron.  –No quiero perderte, no a vos también… Me voy a quedar sola. –Dije entristecida.
–Jamás te voy a dejar hija. Nunca. No vas a quedarte sola. –Me di la vuelta y lo miré a sus enormes ojos chocolate.
– ¿Me lo prometes? –Dije secando mis ojos.
–Te lo prometo princesa. Yo te lo prometo. –Dijo abrazándome fuerte. Luego nos apartamos y mirándome volvió a preguntarme. – ¿Estas segura de hacer esto So? –Asentí y de pronto una pregunta se asomó por mi cabeza.
– ¿Ella está casada? –Mi padre frunció el ceño y negó con la cabeza.
–No, pero es hermosa, así como vos, no tardará en estarlo. –Asentí. Y luego levantando un dedo terminó.  – ¡Ah! Casi lo olvido, ¿recordas que te conté que tu abuelo te dejó acá? –Asentí. –Él mencionó a una pequeña, él mencionó a una melliza tuya Sophia, si ella está viva, entonces tenés a una hermana. –Mis ojos se abrieron enormes, ¿Una hermana?
– ¿U-una hermana? –Tartamudeé murmurando. Él asintió.
–Sí. Trata de decirle la verdad a tu madre lo más pronto ¿Si? –Asentí. –Victoria es una mujer seria, pero es de buen corazón y es hermosa, vos sos su calco. Ambas dos se parecen demasiado, no tardará en darse cuenta de quien sos. Asique no le mientas, deciles quien sos. Ellos, van a entender, ella jamás volvió a decir nada sobre vos, porque te cree muerta. – ¿Muerta? ¡Pero si estoy más llena de vida que ella y toda su familia junta! –Sos tan valiente… –Dijo mi padre trayéndome de mis pensamientos.
–Supongo que en la tarde estoy acá. Igual voy a llamarte cuando llegue. ¿Sí?
–Espero el llamado pequeña. Vamos, anda a buscarla. –Dijo con una sonrisa.
–Chau papi, te amo. Cuídate ¿Si? –Asintió.
–Vos también cuídate. –Asentí y le di un beso en la mejilla que él me respondió de igual manera. Finalmente salí de mi casa y tomé el colectivo hasta aquella enorme casa blanca con flores lilas en la entrada que veía en la imagen que tengo en la mano junto a la dirección del lugar. Allí es a donde me dirigía.
~~~~~~~~~~
Toqué un timbre dorado que sonó con un gran “Ding Dong” que se habrá escuchado en toda la casa. Rápidamente un hombre con uniforme me miró en los ojos y preguntó.

–¿Señorita? –Era bastante calvo, y alto y tenía pinta de ser muy buena onda, él y su sonrisa.

CONTINUARÁ...

Primer Parte:

*Sophia POV*
Caminaba con rapidez por todo el lugar. Llegué a la clase de matemáticas y ahí estaba ella, sentada sobre el banco con sus jeans calzados a la perfección. Su chaqueta de cuero. Su cabello ondulado y rebelde era perfecto de un color obscuro, su rostro perfecto perforado en la nariz con un piercing, sus brillantes ojos celestes remarcados y la mirada de perra… ¡Pretty bitch!
Sus piernas dobladas, sus zapatos altos. Su chupetín de colores entraba y salía de su boca sensualmente mientras contaba la anécdota de lo bien que la había pasado con sus amigos en la última fiesta que fue.
–Esta perra se puso de la mierda ¡Tuve que traerla a rastras! –Todos rieron por la vergüenza de Candy, su estúpida mejor amiga. Pero cuando estaba por correr la vista, ella me notó. –¡Eh tu idiota! ¿Qué miras tanto? –Solo negué y me senté en el fondo del salón.
Tanto se hace la diosa esta estúpida, bien que todos la persiguen porque su madre es dueña de la fábrica de chocolates, eso la hace muy adinerada. ¡Muerte a la perra! Me sonrío de mi pequeño chiste.
Luego llegó el profesor y todo acabó en instantes.
Más tarde, en el almuerzo, guardaba mis cosas en el casillero, mientras se acercaba mi mejor amigo Lautaro.
–¡Hey nena! –Dijo llegando, es tan tierno y amigable. Lástima que esconda su espectacular cuerpo bajo tantas porquerías de rapero. Él es tan raro…
–¡Hey Lauti! –Me sonreí no le gusta que le diga así, el me abrazó.
–Estoy bien y ¿Tu? –Preguntó. Solo sonreí.
–Yo… –Estaba por responder pero fuertes risas respondieron por mí, seguido por Serena y su perro faldero Candy.
–Lauti y Sophie están sentados, en el árbol de los enamorados…♫ –Cantó la perra. Serena sonrió. Y Lautaro comenzó a irritarse.
–¿Solo porque no nos dejas? ¿Acaso no tenes mejor cosa que hacer? –Serena negó.
–¿Qué mejor que reírse de los idiotas? –Lautaro rió.
–No pensarás lo mismo cuando te la entierre duro como te gusta… –Serena lo miró con la irritación en su mirada.  –Ya que soy el único que no te probó ¡Perra! –Remató. Serena se acercó a él y le dio un manotazo.
–¡Ey! No vuelvas a tocarlo puta, él es mi amigo. –Me quejé. Ella puede molestarnos, pero golpearnos no. Romperé su cara si se llega a acercar a mi amigo otra vez.
–¿Y vos que te metes parásito? –Dijo ella. Me acerqué a ella, íbamos a pelear, pero Lautaro me alejó de ella.
–No vale la pena Sophie, ella es una perra tu no lo eres… –Asentí. Él tiene razón.
–¡Hacete humo puta! –Murmuré.
–Vas a pagarme esta tu estúpido… y tu Guerrero. Nos vemos en clase… –Dijo para finalmente salir de nuestro camino. Que individuo tan desesperante. No la soporto.
–Tranquila Sophie, todo está bien… –Me abrazó. Noté que lloraba de tanta rabia.
~~~~~~~~~
Por la tarde llegué a casa y mi madre se veía muy mal. El médico me dio una noticia horrible, la peor de todas.
Ella estaba en sus últimas horas de vida.

–Lo siento mucho amor… –Me murmuró ella.
–Mami, no podes irte. Sos fuerte yo sé que vas a estar bien… –Ella con su carita pálida me respondía.
–No se… no sé cómo decirte esto amor…–Mi padre estaba a mi lado, lloraba junto a mí.
– ¿De qué hablas mami? –Dije sin entender que es lo que ella debía decirme.
–Busca a Victoria, a Victoria Bandi… Ella es tu madre Sophie, ella es… –Dijo mientras lloraba. Me quedé mirándola. No puede ser… Me estaba diciendo que ella no era mi madre.

CONTINUARÁ...

domingo, 7 de diciembre de 2014

Sinopsis:

*Narrador*
Esta familia te contará la historia sobre dos chicas, súper distintas, nada en común. Solo sus padres. Competencia entre hermanas, por conocer la realidad de los hechos, una lo sabe, la otra no, una conoce el mundo, la otra solo lo detesta. Las dos unidas por la pérdida y por la necesidad… La necesidad de encontrar a ese pedazo que les falta, ese padre, esa madre que necesitan, para poder seguir…
Sophia Guerrero, la chica dulce y sencilla de barrio quien creció con necesidades pero sin falta de felicidad, aunque con un vacío inexplicable.
Serena Bandi, el dolor de cabeza de aquella familia con apellido tan grande. Rebelde y vanidosa, orgullosa e imparable, busca que la vida la despierte a la realidad.


Sus vidas cambiaran el día en que su peor enemiga comparta el mismo techo que la otra o peor, se convierta en su hermana…