–No somos hermanas. –Murmuró Serena
interrumpiendo y mi padre la miró sorprendido.
–Si lo son, claro que lo son. Tu padre y yo
somos testigos de eso, escuchaste la historia, ya terminala con ese odio sin
sentido. –Gruñó con tranquilidad y Serena me miró intensamente, corrí la vista.
–Ni muerta. –Murmuró y cargué mis ojos.
–No le hagas caso amor, ella está sorprendida, y si no te
acepta por las buenas, va a tener que hacerlo por las malas. –Mire a mi madre y
sonreí.
–Me duele que ella no me quiera. –Asintió.
–Lo se amor, no sé cuál es su rencor, su odio, pero vamos
a averiguarlo lo prometo…
–Yo sé porque me odia. –Me miró queriendo saber y
proseguí. –Es Kenttron… –Suspiró rodando los ojos.
–¿Todo este asunto solo por un chico? –Fruncí los
hombros.
–Yo ni siquiera sabía que él estaba interesado por mí, y
si Candy no me lo hubiese echo notar, tampoco lo sabría hoy mamá… –Me ruboricé
por esto último, pero ella sonrió ampliamente acercándose a mí y abrazándome.
–No sabes lo que soñé tenerte entre mis brazos, casi me
muero pensando que habías muerto… Casi me muero por no tenerte. –Suspiró
hablando a mis ojos y suspiré volviendo a abrazarla.
–Yo sabía que algo me faltaba, siempre me hiciste falta.
Amaba a Carolina pero... –Dije separándome de ella al mirarla –Pero siempre
hubo un vacío inexplicable dentro de mí. Y no lo supe hasta que Carolina me
dijo la verdad…
–Todo este tiempo… con que vinieras con tu padre, yo iba
a entenderte, a creerte… ¡Mira ese parecido! Tu cabello, tus ojos, tu nariz…
¡Hasta mis dientes tenes! –Señaló y reímos.
–Lo sé, lo lamento. Es que tenía miedo, y no te conocía,
quería encontrar el momento correcto para decírtelo. –Dije y ella negó
suspirando y abrazándome una vez más.
–Yo te quise desde que entraste por la puerta del
escritorio toda nerviosa y asustada. ¿Vos crees que alguien con su sano juicio
tomaría a una adolescente menor de edad para trabajar solo fines de semana y
terminando clases todavía? Había algo… Al verte, que no me dejaba dejarte ir. –Sonreímos
y ella me volvió a abrazar.
–Sabes que, desde que te conocí, me traté de imaginar
¿cómo se sentiría un abrazo tuyo? –Ella me presionó con más fuerza y reímos.
–¿Y? –Me alejé para volver a mirarla a los ojos y noté la
dulzura y el amor en esa mirada.
–Y se siente mejor de lo que imaginaba…
~~~~~~~~
*Serena
POV*
Ella… Ella ahora no solo se roba al chico que amo, sino
que ¿también se roba a mi familia? ¡EL COLMO!
–¿Cuál es tu problema con Sophia? –Me miró mi padre y yo
lo observé, iba a quejarme pero cuando me encontré con su mirada obscura no
pude hacerlo.
–Ella y yo no nos llevamos bien. –Marcos chasqueó la
lengua.
–¿Notas lo absurdo que suena eso mi niña? –Se sonríe
mirándome y niego con enojo.
–Ella y yo no somos amigas, jamás lo fuimos, nunca nos
llevamos bien…
–Corrijamos eso, ¡Vos! Nunca te llevaste bien con ella. –Toma
mi mentón haciendo que lo mire. –Mirame pequeña… –Observo sus enormes ojos
color café y me siento una niña otra vez. –Yo te prometo que vamos a ser una
familia, que voy a… –Suspira. –Que voy a reconquistar a tu…
–¿¡ENSERIO PAPI?! –Interrumpí con una felicidad enorme y
este se rió asintiendo.
–Voy a intentarlo nena, voy a intentarlo. Amo a tu madre,
jamás dejé de amarla, solo que… Ella desapareció y jamás volví a saber de ella…
–Se sentó a mi lado y sé que va a seguir contándome.
–Hasta luego de un tiempo que tu abuelo apareció. Fue en
ese entonces que… Me enteré que ella estuvo embarazada, pero tu abuelo me dijo
que tu madre… Tu madre no la quería a Sophie. Al principio… –La voz se le
quiebra y siento como mis ojos se aguaron. –Al principio me asusté y me dolió.
Pero cuando te vi jugando en la calle unos años luego, tu hermana estaba a mi
lado y las vi, ambas tan parecidas aunque tu cabello y tus ojos… –Se sonrió
acariciando mi cabello y sonreí con él. Me toma una mano y la observa –Me
acerqué a vos y vi tu mirada tan hermosa. Y luego miré a Sophie y lo entendí.
Pensé en ira a ver a tu madre, pero jamás me animé…
–¿Y porque no? –Pregunté como si él estuviera contándome
un cuento.
–Porque… Porque no podía hacer eso, mi hija ya tenía una
madre y yo tenía una familia, no podía. –Asentí. Extrañamente lo entiendo
perfectamente. –Entonces pasó el tiempo y hace unos… seis o siete años atrás,
cuando murió tu abuelo Octavio…
–¡Ah sí! ese viejo maldito. –Papá se sonríe y me siento
como en casa.
–Cuando se muere ese hombre, tu madre tuvo un problema
con unos documentos que se filtraron y ahí se salió públicamente que tenías una
melliza, y fue cuando lo confirmé, eras melliza de Sophie… Pero vos eras muy
pequeña no creo que hayas prestado atención. Tu madre lo afirmó públicamente,
pero dijo lo que no esperaba. Tu madre creía muerta a Sophie, asique me di por
vencido y dejé que el tiempo pasara. Hasta que a Carolina, mi esposa y la mujer
que me ayudó a criar a Sophie, le encontraron un tumor maligno en el cerebro
que la fue consumiendo de a poco. Finalmente, horas antes de morir, Carolina le
dijo el nombre de tu madre a Sophie, le dijo la verdad y la mando a buscarla.
Yo, le conté la historia, y ella cuidó de mí, haciéndose cargo de la casa y de
mi anemia. –Se quedó en silencio.
–Ella tuvo una familia hermosa y feliz. –Murmuré. Él
asintió, pero luego me miró negando.
–Pero no siempre tuvo lo que quiso y lo que deseó como
vos. Ella vivía con necesidades que nosotros no podíamos suplir. –Extendí los
ojos ¿Pasaron hambre?
–Ustedes… –Siento como las mejillas me arden y lo miro a
los ojos. –¿Pasaron hambre alguna vez? –Negó.
–Jamás. Siempre me ocupé de que ellas no necesitaran para
comer. Pero cosas que a veces queremos más allá de la comida, la ropa y el
calzado. –Ah claro. Pobre… –Ella me habló de la enorme colección de muñecas en
tu cuarto… –Levanto las cejas sin entender. –Tu hermana no pudo tener de esas
cosas de chica.
–Oh… lo lamento. –Él frunce los hombros.
–Hoy en día ellas se compra lo que desea y tiene lo que
quiere trabajando. ¿Trabajaste alguna vez pequeña? –Negué.
–Una vez, la abuela me regaló cincuenta pesos porque me
dejé sacar uno de mis dientes de leche con el dentista. Pero creo que eso no es
trabajo. –Papá se ríe y yo me río junto a él.
–Oh mi amor… Sos tan hermosa. –Me abraza y me siento de
ocho años otra vez. Lo que daría por volver a la niñez y saber que él es mi
padre, venir a buscarlo y ser feliz.
–Te necesité tanto papi… –Él me apretó más y me beso en
la sien.
–Yo desde que te vi me enamoré de vos hermosa, papá está
orgulloso de la hermosa mujer que sos. Sos una hermosa jovencita inteligente y
talentosa. –Niego. –Si así es… –Me abraza fuerte.
–Ya no vuelvas a alejarte eh… –Él me miró y negó.
–Te juro que no vamos a volver a separarnos. –Sonreí. –Pero
yo necesito que me prometas que vas a tratar de llevarte bien con tu hermana… –Negué.
–Eso no creo que…
–Serena, yo no voy a alejarme de Sophia, yo la vi crecer,
y la amo también, ambas son mis hijas. No puedo elegir entre las dos. O se
aprenden a llevar bien o esto no le va a hacer bien ni a mí, ni a tu madre ni a
ninguna de las dos. Tu hermana Sophia es una chica muy sensible, date la
oportunidad de conocerla por favor… –Lo miré bufando y miré haca un costado
alejándome de su hipnotizadora mirada. –Por favor hija… –Suplicó y lo observé.
–Está bien, voy a tratar de llevarme bien con la sir... er, con mi hermana. –Dije y sé
muy bien que ni me voy a molestar.
–Tu madre hacía esa misma expresión cuando no era
sincera… –Levanté una ceja ¡Excelente observación! –Está bien pequeña, no voy a
obligarte… Hacé lo que quieras. Pero recordá que Sophia es tan hija de tu madre
y mía como lo sos vos, y quieras o no, ambas nacieron el mismo día, de la misma
mujer y de nuestro amor. ¿Sí? –Fruncí la frente, lo se ¡Demonios…! Ella es tan
exasperante, me va a perseguir de por vida… Ahora voy a tener que adaptarme a
convivir con ella ¡Maldita vida injusta!
~***~
*Narrador*
En cuanto pasaron unos días, llegó el próximo fin de
semana, Sophia apareció nuevamente el viernes por la tarde al horario de
ingreso, pero esta vez… No lo hacía como empleada, esta vez ingresaba para ser
recibida por su madre, la dueña de aquello.
La brillante mirada iluminada que llevaba la joven al
observar la noche caer en el enorme lugar, en donde ella no se decidía en
ingresar o no. Cuando estaba por presentar su carnet, el hombre de seguridad la
saludo tomando el frente de su gorra y abrió la puerta para ella educadamente
sin preguntar.
Sophia levantó sus cejas con sorpresa e ingresó
conmocionada hacia la entrada de la casa y estaba por presionar el timbre, pero
la puerta se abrió de par en par para ella y un sonriente Emilio le abrió como
si ella fuera su alteza real. Ella se sonrió a él y lo saludó con un beso en la
mejilla, su madre, su -lo que sería- abuela, sus -ahora- tías y su hermana
estaban paradas frente a la entrada esperando por ella ¿Sera?
–Hola… –Murmuró Sophia ingresando a la casa y Elena se
sonrió, junto a las dos chicas quienes conocía como Natacha y Brenda. Y su
madre se acercó para abrazarla. Serena no movió un músculo, solo miraba
fijamente.
–¡Bienvenida a casa amor! –Le festejó su madre y luego de
separarse de ella, tomó la mochila y se la dio a Emilio.
Elena se acercó a la joven y Victoria se tensó, pero
habló al fin.
–Bueno mamá, Natu, Bren… ella es Sophia Guerrero, mi
pequeña niña perdida. –Sophia se sonrió algo incómoda y se tomó las manos
nerviosamente.
–Bueno yo… Soy Natacha.
–Y yo Brenda, podemos conocernos…
–Ser una familia…
–Vamos a estar para vos linda, siempre que nos necesites.
–Sí, si siempre. –Se sonrió una junto a la otra y Sophia
asintió sonriente.
Elena se acercó más a ella quedando parada frente a ella,
la sonrisa tensa y el bastón sobre la mano. Extendió el bastón alejándose y
extendiendo el mentón de Sophia con él, la chica se sonrió y estiró el cuello.
–Sos tan parecida a tu madre, con ese cuello tan recto y
largo. Delicadísimo… ¿Cómo fue que no nos dimos cuenta? –Levantó una ceja no
dejando de observarla. Victoria rodó los ojos, sonriente y luego le dedicó un
guiño haciendo que la chica se tranquilizara.
–Son cosas de la vida madre… ¿Ahora vez porque jamás
confié en papá? –Dijo con voz severa a su madre y esta se alejó de la chica
para mirar a su hija mayor.
–Si Victoria, te comprendo… Y lo siento tanto querida, yo
confiaba en tu padre. Lo dejé todo en sus manos y admito que fue el peor error
de mi vida, lo lamento querida… –Dijo mirando a Sophia. La chica meció su
cabeza frente a la mujer y miró a su madre.
–Yo lo único que quería era conocer a la mujer que me dio
la vida.
–Pero ¿de mucama nena? ¿No podrías solo haber venido con
tu verdad? Una sola ojeada a su parecido y todo estaba solucionado… –Sophia
sonrió frunciendo los hombros y Victoria volvió a rodar los ojos.
–¡Pero ya está mamá! ¡La encontré! encontré a mi pequeña
Alma y está viva y ahora sé que no quiero que vuelva a alejarse de mi vida
nunca más… –Victoria la abrazó y Elena se sonrió.
–Me imagino hija, me imagino. –Aseguró Elena, y Brenda
prosiguió.
–Bueno, nosotras también estamos muy contentas de que
hayas venido a casa…
–Victoria decía que sin vos, su Alma no existía, ya que
estaba Serena, pero sin Alma era un ser que solo vivía por y para la niña…
¡Aquella! –Señalo a la otra chica que observaba todo petrificada sin decir una
sola palabra, solo miraba con esa mirada asquerosa de odio.
–Es que yo… Vos naciste primero, y pensé en que las
llamaría conectadas, fue entonces en el que pensé en ‘Alma Serena’… Pero en
cuanto me dijeron que la primera niña… Había fallecido, pensé en que estaba
Serena, pero que no tenía Alma… ¿Se entiende verdad? –Se sonrió viendo como los
ojos de Sophia se cargaban emocionada por lo que su madre creía.
–Entonces hagámoslo, puedo cambiarlo todo, puedo cambiar
mi nombre y mi vida por vos… Tanto que te necesité parece, tuve siempre un
vacío hasta conocerte… Ella tiene que ser Guerrero pues… Yo puedo ser Alma
Guerrero. –Aseguró la chica sonriente.
–¿Lo harías pequeña? ¡Oh Sophie! –La abrazó y presionó
contra ella con amor. –Oh… Ahora si mi Alma esta Serena… –Rió Victoria y ambas
se abrazaban emocionadas. Las Bandi se alegraron por madre e hija, pero Serena…
–¡BRAVOO! ¡BRAVÍSIMO! ¿Ya acabó la falsedad? Porque tengo
que dormir, mañana realmente tengo un evento importante y no puedo fallarle a
MI novio… –Decía la morena con los ojos celestes muy abiertos y la respiración
forzada de la bronca.
–¡Serena! –La retó Brenda.
–No tenes que seguirle a esto Sere… Ya cortala amor… –Dijo
su tía Natacha, pero ella meció su cabeza crédulamente.
–Nah, nah, nah… No me vengan con la cosa esa que aceptan
a la sirvienta como parte de la familia ¿Ok? Les doy el fin de semana, luego la
quiero fuera de mi vida.
–Ay niña… No sé qué es lo que se me escapó a la hora de
educarte, porque cada modal que te enseñé es como si se lo hubiese llevado una
ráfaga de viento ¡Comportate! –Se quejó
Victoria.
–Ya Serena… –Se acercó Sophia frente a su hermana y la
miró hacia los ojos. –¿Qué es lo que queres de mí? ¿Qué es lo que yo puedo
darte para que todos podamos ser felices en paz? –Serena rodó los ojos y rió
con gracia venenosa.
–¿Encima te haces la víctima? ¡Lejos te quiero! –Sophia
negó.
–Bueno, pero vas a tener que desear otra cosa porque eso
no lo vas a tener chiquita caprichosa, mami no puede comprarte a la lámpara de
Aladino asique Pedime lo que desees… ¿Qué es? ¿A papi? ¡Olvídalo! No me voy a
alejar de papi, porque fue mi padre primero, y doblemente fue mi madre primero
antes que la tuya asique tampoco me resigno a perderla… ¿Por vos? ¡NO! –Aseguró
frente a ella y Serena hizo dos puños a sus costados poniendo los nudillos en
blanco.
Bajó la cabeza fijando su vista en Sophia, midiendo la
distancia y sin darle tiempo a reaccionar extendió una mano y le golpeó la
mejilla. Luego amarró una mano a su cabello a lo largo y tiró, todo aquello en
fracción de segundos.
–¡NO SERENA! –Corrió Victoria hacia sus hijas. Sophia
pidió una sola vez que la soltara y golpeó la parte trasera de su rodilla
haciéndola caer.
–¡NO VUELVAS ATOCARME ZORRA! –Se levantó subiéndose
alrededor de su hermana que había quedado tirada y le golpeó la mejilla con
varios cachetazos luego de acercarse a ella frente a frente. Tomó sus brazos a
ambos lados y la otra se retorcía bajo Sophia.
–¡SOLTAME! ¡SOLTAME IMBÉCIL! ¡ME LAS PAGAS SOPHIA! ¡ME
LAS VAS A PAGAR LO JURO! –Se quejó Serena bajo Sophia y esta reía. Finalmente,
el chofer de la casa levantó a Sophia de arriba de su hermana y las separó. –¡MALDITA
INEPTA ADOPTADA! ¡NO SOS MI HERMANA SOS UNA MALDITA BASTARDA DE LA CALLE Y
SIEMPRE VAS A SERLO! –Le gritó.
–¡ESO NO ES CIERTO! ¡LA ADOPTADA SOS VOS MALDITA LOCA!
¡ALEJATEEE! –Se desafiaban, Sophia era sostenida por su madre y Serena por el
chofer.
–¡SOLTAME! ¡SOLTAME IDIOTA QUE LA MATO! ¡LA MATO A ESA
BASURA! ¡SIRVIENTAAAA! –Ambas se rebajaban pero Victoria no aguantó mucho
tiempo más.
–¡SILENCIO! ¡SE CALMAN O LAS CALMO DE UN GOLPE SI ESO ES
NECESARIO! ¡PAR DE LOCAS! –Se quejó.
–¡Ella es la loca! –se quejó Sophia.
–¡VOS SOS LA IDIOTA! –Gritoneó Serena y Victoria tomó el
cabello de Serena y tiró caminando hacia Sophia tomando el cabello de aquella
otra.
–¡SILENCIO! O se aprenden a llevar bien por lo menos
mientras yo las esté viendo o juro que las DEJO SIN PELO ADEMÁS DE QUE LAS
CASTIGO POR UN MES. Y créeme, puedo hacerlo… –Dijo hablándole a Sophia en esto
último. Las chicas se desafiaron con la mirada al momento en el que
refunfuñaban por el tirón que les daba Victoria. –Ahora… ¡Pídanse disculpas!
–¡OLVIDALO! –Se quejó Sophia.
–¡NI MUERTA! –Protestó Serena.
–¡AHHH! –Gritaron ambas a la par cuando Victoria volvió a
tirar.
–¡HACEN LO QUE DIGO! ‘PERDÓN HERMANITA’ ¡AHORA! –Ambas
negaron hacerlo y una vez más gritaron.
–Ay Victoria… –Acotó Elena.
–¡VOS NO DIGAS NADA MAMÁ! ¡HAGAN LO QUE DIGO! –Interrumpió
a su madre y esta abrió mucho los ojos apartándose. Natacha y Brenda solo se
reían ante la situación tan íntima y familiar.
–Perdón hermanita… –Murmuró Sophia.
–¡MAS ALTO SOPHIA GUERRERO QUIERO ESCUCHARLAS! –Se quejó
tirando un poco más haciéndolas gemir.
–¡Perdón hermanita! –Dijo Sophia al fin y fue soltada por
su madre.
–¿Serena…? –La chica bufó cruzándose de brazos así toda
inclinada como estaba y negó. –¡Puedo estar así toda la vida Serena Bandi!
¡Toda la vida Y LO SABES! –Serena murmuró una incoherencia y Victoria la miró. –¿Qué?
¡No escuché nada! –Serena frunció los hombros.
–Ese no es problema mío, ya lo dije una vez no me
obligues a hacerlo de vuelta… ¡Que humillante MALDICION! –Se quejó.
–¡Hey a mí me hiciste decirlo alto! –Se quejó Sophia y
Victoria asintió.
–Es cierto, las reglas son justas para las dos. ¡AUDIBLE!
–Gritoneó.
–¡PERDÓN HERMANITA! ¿YA? –Gritó furiosa y su madre la
soltó y luego la aplaudió, Sophia no puedo evitar reírse, todas lo hicieron
excepto Serena claro. –Esto es una maldita mierda. –Dijo al fin y se echó a
caminar hacia las escaleras. Sophia se desanimó viéndola ir y bajó la mirada
algo entristecida…
–Ah ¡AMARGADA! –Le gritó Victoria a Serena quien ya
desaparecía de la vista y abrazó a Sophia. –Lo siento por el tirón nena, me
tomó la maternidad y tuve que hacerlo, se estaban matando… eu… –Dijo viendo su
cara. –Tranquila mi amor, ya va a entender, ya se van a llevar bien lo prometo
¿Si? –Sophia asintió.
–¿Podemos cenar ya? –Preguntó Brenda y Emilio asintió
bastante alegre. Todas se dirigieron al comedor.
CONTINUARÁ...
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