Marcoria

Marcoria

miércoles, 4 de febrero de 2015

Décimo Segundo Capítulo:

*Serena POV*

La tarada se fue, pero por más que luego me arrepienta tenía que darle la razón a lo que dijo. Yo jamás le prestó atención a mi mamá, pero ahora, verla así me hizo parar el corazón, me di cuenta de cuanto la adoro, y de cuanto la desatendí…
Ingresé en la habitación y ella estaba con su cabeza apoyada sobre sus brazos, lloraba sin consuelo y ni siquiera sé porque. Rápidamente me agaché y la abrasé, jamás pensé que la abrazaría con tanta necesidad…
–Ay mi Caramelito… –Suspiró. La miré y ella me miró, sus ojos estaban hinchados, ella hacía un ratito que lloraba. Mis lágrimas se hicieron notar, Oh por dios ¿Estoy llorando otra vez? –No, no llores mi amor…
–¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras así? Vos no lloras… –Le dije. Me está haciendo mierda el corazón. Mientras que también me sorprendía por cuan mal me hacía verla mal a ella.
No sabía que yo me pondría así por ella, la verdad que esto me hace dar cuenta de cuanto la adoro y cuanto quiero que jamás vuelva a estar así.
–Por cosas, recuerdos que se me vienen a la mente, que me hacen mal y… –Se quedó callada y yo la miraba. –Recordé a tu padre Serena… –Suspiró. ¿A él? ¿Él tiene la culpa de su llanto?
–¿Mi papá? –Dije mirándola a los ojos. Ella esconde algo y supongo que es hora de que lo diga ¿No?
–Si… Vos, vos sabías que yo amaba a tu padre. –Asentí, ella me contó la historia de amor más dulce que había escuchado desde pequeña, cuando el viejo maldito de mi abuelo murió fue cuando ella se animó a contarme la falta de mi papá.
Ese viejo lo único que le dejó a mi madre y a mí fue el carácter y la empresa, porque si no ya hubiese ido a escupirle la tumba por maldito. –Bueno, ahora me queda decirte que tu padre no murió. O, eso creo… –¡QUE!
–¿Hablas enserio? –Dije extendiendo mis ojos. Mierda, quizá pueda conocer a mi padre, y quizá… Los pueda juntar, quizá podamos volver a ser una familia, los tres…
–Si… Perdóname, es que yo me enteré hace apenas dos meses. Lo investigué. Él vive en el barrio de la fábrica, es un muy reconocido corredor de carreras. Pero se retiró cuando se casó. –Cerró los ojos. Oh, ya pisoteaste mis sueños ma… –Desde ese momento volví a investigar sobre él. Su esposa murió hace dos años, pero él quedó con una pequeña, él tiene una hija… –Dijo y eso si me asombró. Tiene una hija, ¿Tengo una hermana?
–Una hermana… –Dije asombrada, no soy única, tengo una hermana…
–¿Qué decís? –Dijo ella mirándome. Acaricié su mejilla y le supliqué.
–Sabes en donde vive ¿no? –Dije viéndola y ella asintió. –¿Me dejas buscarlo, me dejas mami? –Pregunté y esta miró al techo tratando de contener sus lágrimas. Luego de que sus ojos dejaron de lagrimear, me miró y finalizó por asentir.
–Si eso es lo que queres… –Dijo y no pude evitar volver a abrazarla. Mis lágrimas salieron sin parar.
Tantos años esperé poder conocerlo.
Lo único que tengo de él es una foto de cuando tenía mi edad junto a mi mamá. Es lo único que conozco de él. Y ella siempre me dijo que soy muy parecida a él. La verdad que saber que esta con vida, cuando yo y mi mamá nos rendimos al saber que él había muerto, porque el maldito Octavio nos volvió a mentir parece…
–Maldito viejo, ese Octavio era una basura mamá…
–Me enojé… pero ella no dijo nada al respecto, sabe que es verdad. Es algo que me pone muy feliz, sueño con una familia desde chica.
Pero ahora que me cuenta que todo fue una farsa y que él esta con vida, puedo volver a soñar. Puedo volver a soñar con un padre, con una madre, como todos los otros niños normales, con la casa, la reja, el pasto, el árbol y el perro… Me sonreí y mi madre me miró sonriente.
–¿Te pone contenta saber que vas a conocerlo verdad? –Dijo y asentí sin más preámbulos.
Soñé toda mi vida con él, hasta era el regalo que siempre estaba en mi lista para mi navidad perfecta. Siempre quise un padre celoso, cariñoso y tierno que me defendiera de las peleas con mamá, que me aparte de todo lo malo que es el mundo, que me arrope por las noche, una papá que me contara cuentos de terror y que luego no pueda dormir como eran los otros padres, que me llevara de campamentos al aire libre, siempre quise eso… Un papá.
–Es con lo que sueño desde chica, y lo sabes… –Dije y ella asintió.
Siempre que le decía que coqueteara con el menso de Lorenzo Amador era por eso, quizá podríamos haber formado una familia, pero mamá insistía que siempre amó y que seguiría amando a mi papá de verdad. Luego dejé de insistir, porque Amador se casó con la secretaria de mamá y bueno, ya nada pude hacer…
–¿Cuando me vas a decir en donde vive? –Dije mientras se sonreía. Mi mamá se puso rígida y luego de acariciar mi rostro se dirigió al cajón del escritorio, ese que lleva llave siempre.
–Acá. –Sacaba una especie de planilla –Están todos los datos de tu padre, nuestro personal de seguridad lo investigó y… –Se sonrió muy emocionada. –Sigue siendo el mismo hombre increíble con el que concebí dos niñas hermosas. –Sonreí y le di un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.
–Gracias mami, no sabes lo feliz que me estás haciendo… –Le dije y ella asintió, lagrimeamos un poco más y luego me miró para terminar de decir:
–Anda a acostarte querida, mañana vas a levantarte y va a ser otro día hermoso… ¿Si? –Asentí.
–Chau mamá. Hasta mañana. –Me acerqué a la puerta.
–Que descanses linda. –Asentí y salí de la habitación. Soy tan feliz, mi papá está vivo ¡Esta vivo! Mañana va a ser un hermoso día, mañana y pasado y al día siguiente, todos van a ser un gran día, un gran, gran día… “Marcos Guerrero” Leí en la planilla y sonreí, ‘Serena Guerrero’ suena muy bien…
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Mamá dijo que lo mejor era ir el lunes, asique le hice caso y caminamos juntas por las escaleras, Emilio extendía dos vasos de jugo especial para las dos, él sabía, lo sé.
–¡Que hermosa sonrisa chicas! –Asentí y me apegué a mi mamá.
–Vamos a ir a buscarlo. –Miré a mi mamá quien tenía los ojos brillantes, no estaba muy convencida, pero lo hace porque sabe que voy a ir a hacerlo con o sin ella.
–Lo van a encontrar mi amor. –Me acarició un brazo y dejé el vaso sobre la bandeja sobre el mueble.
–Bueno, ¿Ya estas Victoria? –La miré y alzó una ceja, rodé mis ojos y me resigné. –¿Mamá? –Pregunté y ella asintió.
–Mucho mejor y si ya vamos, esperame que…
–¡Ooooow! –Me quejé y ella rió caminando a su escritorio. Luego volvió corriendo con sus altos tacos, reímos cuando casi se cae agarrándose del hombro de Emilio.
–¡Cuidado corazón! –Reímos un poco más.
–Vamos ya. –Asentí y saludamos a Emilio para salir hacia el auto, el chofer miró a mamá y esta negó. –Hoy manejo yo Martín, gracias. –Extendí los ojos y la miré sin entender ¿Mi mamá maneja? Me miró. –Se manejar, tu padre me enseñó, es lo que estábamos haciendo cuando tu abuelo me encontró, teníamos tu edad. –Sonrió y subí adelante junto a ella. –¡Cinturones! –Dijo y asentí poniéndome el cinturón de seguridad al igual que ella lo hacía.
–¿Estas segura no? –Asentí. –Mira que si arranco ya no podemos volver hacia atrás.
–¡Arranca ya! –Gritonee y ella sonrió prendiendo el motor y saliendo por la puerta de la entrada de casa. Estamos yendo a buscarlo, a verlo. No puedo ni imaginarme verlo.
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Estábamos a unas tres o cuatro cuadras de la fábrica, cuando mamá paró en una casa con los números en una placa de madera y hermosas flores pintadas sobre ella. Miré a mamá quien miraba afuera sonriente.
–¿Conoces estas calles no mamá? –Asintió rápidamente.
–Hace muchos años no las recorro, eran de tierra antes, después las asfaltaron, la madre de tu padre vive acá a la vuelta.
–¿Tengo otra abuela? –Pregunté y ella asintió.
–Una muy buena persona. –Sonrió y la imité. –Bueno, bajamos ¿Ya? –Asentí algo nerviosa y bajamos del auto de mamá.
–Bueno Seri, no sé qué es lo que vaya a decirnos, o como vaya a reaccionar. Asique tómatelo con calma ¿Si caramelito? –Asentí y caminamos hacia la puerta, sonreí y nos paramos frente la puerta. Ella me impulsó con la mirada a que presione el timbre y así hice.
Luego de un rato, un hombre con gran figura, y cabello, ojos y piel obscuros me observaron. Su cabello negro y oscuro, rebelde, sus ojos grandes y su sonrisa blanca. Suspiré y este miro, primero a una y luego a la otra para sonreír.
–Victoria… –Murmuró con una sonrisa. Se lo veía pálido y algo debilitado. Fruncí el entrecejo cuando mamá presionó mi hombro.
–Marcos Guerrero. –Murmuró en respuesta. Me di la vuelta y la vi sonreír. Luego de pequeño largo tiempo, él habló.
–Pasen, pasen. –Dijo y se hizo a un lado de la puerta. Ingresamos y caminé buscando un bebé, una niña o una adolescente, pero nada encontré.
–Marcos, vine a… –Él la cayó mientras me observaba y luego la miraba a ella.
–Es mía ¿no? Tiene tu nariz, y mis ojos, y mi pelo. –Rió cuando tocó mi cabello y sonreí, mamá también sonrió emocionada cuando él me abrazaba por los hombros. –Estaba esperando que vinieras, hace dieciocho años espero que vengas. –Dijo y mi mamá se congeló. Sé que es un tema delicado para ella. Hay un aroma acá que yo reconozco… No sé de dónde.
–Marcos, yo puedo explicarte, pero necesito que sepas que hubo otra niña, necesito que sepas todo lo que sucedió cuando… –Se acercó a ella y presionó sus labios con los dedos.
–Estas igual Princesa… –Murmuró y me alejé caminado hacia unos metros detrás de ellos, mamá y MI PAPÁ, sonreí, es oficial, puedo decirlo, estaban colmando el aire de tensión y calidez.
Mamá los miró a los ojos, Marcos le tomó los hombros y quedó frente a ella, sus cabezas muy juntas, sus miradas unidas. Las respiraciones se agitaron sin motivos, o por lo menos eso siento yo, y noté que olvidaron mi presencia, me senté despacio sobre el sillón mientras se debatían con la mirada cerca de la puerta. Detesto las películas de amor, pero esta, esta es la mejor película que vi en toda mi vida.
Y cuando se estaban por besar, lo sentí, ella y él querían besarse, la puerta sonó y Marcos se alejó de Victoria tensándose. El que fuera me va a tener que dar explicaciones de porque mierda interrumpió a mis padres en su reencuentro.
–¡Hola papi, ya llegué!  –Ella pasó por la puerta y casi que me atraganto con mi propia saliva. ¡MIERDA!

–¿¡Y VOS QUE MIERDA HACES ACÁ!? –Me quejé y todos nos quedamos atónitos. ¿PAPI?

*Sophia POV*
Me levanté de la cama hoy en la mañana con una horrible migraña, hacía mucho tiempo que no tenía de estos dolores de cabeza. Caminé sobre la casa Bandi caminando hacia la puerta cuando Ariana me miraba, ella comenzaba la rutina en la casa.
–Suerte Ari. –La saludé yendo a la puerta de servicio para ir a casa.
–¡Hasta el viernes Sophie! –Gritó detrás de mí.
Caminé hacia la parada del colectivo con lentitud, seis y media de la mañana, tengo media hora de viaje, el sol aún brillaba el horizonte sin salir, pero el cielo estaba claro, estaba a punto de salir. Caminé entre la gente escuchando mi lista de reproducción en el celu. El que me pude comprar con el sueldo, todo iba perfecto, papá estaba mejorando, aunque aún estaba pálido y con sus ojeras. Su anemia iba mejorando.
Los médicos me dijeron que papá jamás moriría por aquello, cosa que me tranquilizó, él no tenía nada fuerte. Pero su presión subía y bajaba como termómetro.
No era una enfermedad, sino un signo que puede estar originado por varias causas, una de las más frecuentes es la deficiencia de hierro. Eso es lo que le pasaba a él y por eso debía tener un frasco de hierro cerca siempre, cosa que debía comprar a diario. Pasó cuando había dejado de comer por mi madre, dos años después tengo que estar atento a él para que almuerce, cene entre las comidas.
Leí que cuando existe anemia severa, los tejidos y órganos del organismo no reciben suficiente oxígeno, la persona se siente cansada, su pulso esta acelerado, tolera mal el esfuerzo y tiene sensación de falta de aire, y eso mismo es lo que él tenía. Por eso no lo dejo trabajar, él está mejorando de a poco. El proceso fue largo y ahora puedo decir que está bastante bien, su médico me dijo que el dentro de poco va a poder abandonar las sesiones.
Sonreí para mis adentros y presioné el timbre llegando a la parada de a dos calles de la mía.
Cuando llegué a casa, tomé las llaves y abrí la puerta.
–¡Hola papi, ya llegué! –Sonreí, pero pronto dejaba mis sonrisas cuando sentía que me daba una patada al estómago. Ellas estaban acá, ¡Oh no! Ellas ya lo saben. Mi papá estaba muy cerca de Victoria y pronto la alejó al verme y extendió los ojos.
–¿¡QUE MIERDA HACES ACÁ!? –Se quejó y levanté una ceja.
–¡Serena! –La retó Victoria y caminó hacia mí sin respirar. Miró a mi padre y este le asintió. Tocando mi rostro, sus ojos se aguaron, oh ella se está despertando…
–Marcos… –Murmuró y me acarició el rostro. Su mano me recorrió la mejilla dejándola descansar en ella y yo la acaricié.
–Tu padre la dejó en mis brazos a unos días de nacida, me dijo que vos la creías muertas, yo ya estaba casado y Carolina no podía tener hijos. Me morí de angustia al saber que la rechazaste. Carolina echó a tu padre de nuestra casa y luego de ver la mirada de ella noté que era mi hija. Carolina se enamoró de ella y la crió junto a mí como si fuese nuestra… –Victoria se tapó la boca mirándome y sus ojos no tenían un párate para las lágrimas, noté que yo tampoco.
–Oh por favor… Mi bebé… Estas viva. –Sonrió y me aferró a ella, reí y ella me imitó. –Mi amor, mi chiquita… –Susurró cerca de mi oído y pronto me sentía completa, ella era lo que me faltaba, este era mi vacío.
–Mamá… –Ella gimió y me presionó.
–No puede ser… –Murmuró Serena y pronto se ponía pálida. Mi papá la observó y se acercó a ella.
–¿Acaso jamás sentiste nada al verla pequeña? ¿No? –Preguntó y los ojos de Serena parecían un lago color celeste mientras asentía.
–Odio, ella, ella… –Se tomó un costado de la cabeza.
–¿Estas bien? –Preguntó mi padre mirándola y ella negó.
–Mami no me siento bien... –Murmuró. Victoria se acercó a ella arrodillándose a su lado y miró hacia nosotros, papá me había abrazado.
–¿Un poquito de sal? –Pidió y asentí caminando hacia la cocina, después de tanto odio, rencor, y lágrimas, estaba ayudando con su salud.
Volví a la cocina y le entregué el tarrito de sal.
–Gracias cielo. –Dijo inconsciente y sonreí. Serena parecía absorta a todo.
–No me siento bien, nada bien… –Murmuraba Serena y mi madre puso un dedo de sal en su lengua.
–Tranquila nena, está todo bien, tranquila. –Serena saboreó la sal con asco y luego mamá la recostó sobre el sillón. –Tranquila amor, tranquila. –Murmuró y Serena cerró los ojos.
–¿Ella va a estar bien? –Preguntó papá y mamá asintió.
–Es solo un bajón de presión, todo está controlado.
–Podríamos quizá, recostarla en la cama. –Asentí y Papá pasó su brazo sobre su hombro. Negué.
–No podes hacer esfuerzos. –Espeté algo seria y papá me miró con una ceja alzada tomando a Serena en brazos.
–No es necesario Marcos, ella puede caminar. –Papá negó.
–Yo estoy perfecto Sophia y lo sabes, tu hermana…
–No somos hermanas. –Murmuró Serena interrumpiendo y mi padre la miró sorprendido.
–Si lo son, claro que lo son. Tu padre y yo somos testigos de eso, escuchaste la historia, ya terminala con ese odio sin sentido. –Gruñó con tranquilidad y Serena me miró intensamente, corrí la vista.
–Ni muerta. –Murmuró y cargué mis ojos...

CONTINUARÁ...

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