Marcoria

Marcoria

miércoles, 4 de febrero de 2015

Décimo Primer Capítulo:

Pasó un largo mes, por lo tanto hace un tiempo que trabajo en “La Mansión Bandi” y la verdad es que no puedo quejarme, excepto que tengo que aguantar las tonterías de Serena con ‘¡Quiero más agua idiota!’ o ‘Llevate este café y hacé otro como la gente o te lo voy a hacer tragar’ entre otros maltratos que he tenido que soportar de ella. La verdad es que ‘Mi madre’ jamás se da cuenta de que me trata mal.
Cuando ella está, tengo tiempo para respirar, ahora en los sábados por la noche cuando mi madre tiene cenas o fiestas importantes. No sé qué le pica que no se va temprano y hace mi vida miserable, lo que me consuela es que Victoria llegaría pronto a la casa. Jamás llega después de las doce.
Hoy sábado, primer sábado de Octubre, tengo que soportarla ya que Victoria hoy tenía la fiesta en la que estarían los Empresarios más importantes del país, o al menos eso escuché.
–¡Idiota! –Gritó Serena mientras se acercaba a mí. –¿Por qué te pusiste la falda tan corta? –Dijo con el ceño fruncido. –Para que sepas que acá no venís a modelar, venís a ¡Tra-ba-jar! –Dijo bajando mi falda.
–¡BUENO BASTA! –Dije empujándola de mí, en un grito mientras esta borraba la sonrisa de maldad que llevaba anteriormente y me miraba como un asesino a su víctima.
–¿Me hablaste a mí, sirvienta? –Dijo apoyando su dedo índice en su pecho señalándose.
–¡SI A VOS IDIOTA! –Dije ya muy enojada por lo malditamente desesperante que era la chica. Solté el trapo acercándome a ella –Concuerdo con que soy tu estúpida sirvienta, pero tené un poco más de respeto y ni te pienses en volver tocarme ¿Ok? Porque me dejo maltratar por vos, pero no voy a dejar que me toques… ¿Escuchaste? –Dije enojada, esta levantó una ceja. Apretó los dientes y cuando iba a responder la puerta de la entrada se oyó.
–Decí algo sobre esto y voy a hacer tu vida miserable. –Me murmuró.
–¿Más de lo que ya la haces? –Respondí. ¿De dónde había sacado tanta valentía?
–¡Me las vas a pagar! –Murmuró.
–¿Sophia? ¿Emilio? –Llamó Victoria al caminar hacia la cocina. Hasta que llegó. –Acá estas Sophia. Hola Seri, ¿cómo estas caramelito? –Me sonreí. Esta me fulminó con su mirada mientras respondía.
–Bien mamá, pero ya te dije mil malditas veces que no me digas así. –Respondió la maldita gruñona. Me mostró su dedo medio y caminó fuera de la cocina con propósito a irse, pero su madre la frenó.
–¿Salís esta noche caramelito? –Dijo sin importarle lo que ella le acabó de decir hacía menos de tres minutos.
–¡Dios! ¡SI! –Gruñó esta y se escucharon sus pasos por la escalera.
–¡Ash! –Meció su cabeza tratando d comprender a su hija. –Hola preciosa. –Dijo apoyando su mano en mi hombro. –¿Viste a Emilio? –Dijo levantando la mirada de su teléfono. Frunciendo el ceño, miró a todos lados en su búsqueda hasta no verlo, para luego devolver su mirada al teléfono.
–Am, sí. Emilio se sentía mal y su madre le ordenó ir a descansar. –Dije viendo como presionaba con sus dientes su labio inferior y tomaba una de sus mejillas. Ella se veía bastante hermosa con el vestido negro de noche largo y el tapado de igual color, los zapatos altos ayudaban bastante a su estética, ella se veía más alta, más joven, mucho más joven y muy hermosa. Su piel y rostro eran tan bonitos que hasta ahora entendí de donde mi piel salió tan blanca.
–Ah… Está bien gracias pequeña. Ya es tarde, anda a acostarte. –Dijo mirándome.
–Bueno. Gracias. –Vi como estaba por pasar el marco y dije. –Buenas noches señorita Victoria.
–Que descanses Sophia. –Respondió junto a una sonrisa y caminó hacia su oficina.
Caminé hacia mi habitación y luego de ponerme el piyama me recosté y miré hacia el techo… Su sonrisa preciosa, mis dientes se parecen a los de ella. Mis ojos se sombrearon y pronto mis sienes se humedecían de lágrimas, ella tiene que saberlo, ya no lo aguanto, lo poco que la conocí sé que es una persona hermosa, y ya estoy totalmente segura d que m cree muerta, una vez le pregunté si quería más hijos y ella respondió que ya tenía una, dentro de su corazón. Lloré más extenso, la quiero, la necesito. Mientras me debatía en decirle o no decirle me acomodé y caí en un profundo sueño.

~~~~~~~~~



De pronto, me desperté. Miré el horario y mi reloj decía que eran las dos de la madrugada. Me levanté con la necesidad imperiosa de tomar agua cuando al llegar a la sala, un sonido llegaba desde la oficina de Victoria. ¿Todavía estaba ahí?
Me acerqué y vi como bostezaba mientras tenía los ojos posados en la computadora haciendo click, tras click y con una mano apoyada en su mejilla, poniendo el peso de su cabeza en todo su brazo.
Esa imagen me dio tanta ternura, que caminé hacia la cocina e hice el té más fugaz que haya hecho jamás. Luego con este ya hecho, caminé hacia la oficina y se lo llevé junto un pequeño bombón y por supuesto, mi vaso de agua.
Ingresé a la oficina con todo en una bandeja y la encontré en una de las escenas más tiernas y ridículas que pude habérmela imaginado jamás.
Ella ya estaba dormida sobre su regazo por encima del teclado de su notebook. Me acerqué a ella, tomé un mechón que sobraba sobre su rostro y, supongo yo, que el frío de mi mano la hizo despertar.
–Sophia… ¿Qué haces despierta tan tarde? –Dijo mirando su reloj en la muñeca derecha. –¡Oh por dios que tarde es! Y yo me quedé dormida. –Dijo estirando su cuello para un lado y luego hacia el otro.
–Lo siento, no quise molestarla. Pero la vi tan cansada que me tomé el atrevimiento de hacerle un té. –Dije algo ruborizada, le hablo como se supone que tengo que hablarle a un jefe. Ella alzó la mirada y se sonrió.
–¡Ey! No tengas vergüenza, yo tengo que agradecerte el gesto. –Dijo tomando la bandeja junto a su enorme y hermosa sonrisa. –Pero todavía no entiendo que haces despierta tan tarde. –Dijo ella frunciendo el ceño.
–Am, no, no la estaba espiando eh… Yo me levanté a tomar agua, cuando escuché que venían ruidos desde acá, entonces me acerqué y la vi mirando su computadora, y ahora vuelvo con el té y la veo durmiendo. –Dije aún más ruborizada. Me dio ternura es todo. Recordarla me hizo sonreírme.
–¡Ey! ¡No me cargues niña! –Dijo sonriendo también al verme a mí.
–Perdón. –Dije viéndola devorarse el pequeño bombón. Me sonreí y ella enrojeció.
–Supongo que te habrás dado cuenta de mis antojos constantes con los bombones… –Dijo con una sonrisa grande. Le asentí con la cabeza.
–¿Quiere que vaya a buscarle más? –Su cabeza se dobló a un lado mirándome. Se quedó mirándome mientras su sonrisa se iba desapareciendo, quedando zambullida en sus pensamientos mientras me miraba. –¿Le pasa algo señorita Victoria? –Pregunté sin entender porque me observaba así, pero yo lo entendí. Ella asiente algo al verme, lo sé… Yo también lo siento.
–No, no. –Dijo retomando su sonrisa, agarrando el vaso de agua y tomando un trago.
–Am, el vaso de agua era para mí. –Dije ruborizada, ella me miró con medio vaso ya ingerido.
–Oh, perdón. Me lo hubieras dicho pequeña. –Dijo con su enorme sonrisa. –Vení, sentate. Jamás, desde que trabajas acá, mantuvimos una charla. –Dijo parándose y acercándome el asiento frente su escritorio.
–Usted… ¿Esta segura que quiere charlar conmigo? –Dije, ella me preguntará sobre mi vida y demás, realmente no tengo ganas de hablar sobre esto a las casi tres de la madrugada.
–Oh, claro que sí. Hubieses traído un té para vos también. –Dijo sonriente. Yo asentí y fui en busca de la tetera. Traje una taza más y una bandeja con bombones. Volví a la habitación y ella se encontraba apagando su computadora y limpiando sus lentes para luego guardarlos.
Me senté y le serví otra taza mientras sonriéndose tomaba otro bombón, y obviamente, muy amable me ofrecía uno, mientras lo tomaba…
–Bueno… –Suspiré. –¿Qué quiere saber sobre mí? –Pregunté.
–En principio quiero que sepas que no quiero meterme en tu intimidad, solo quiero conocerte. –Me miró con su sonrisa. Tiene razón, tampoco es que está investigándote Sophia, ¿O sí?
–Sí, seguro. Lo siento, sonó mal mi pregunta. –Ella asintió en respuesta de que aceptaba esa disculpa y prosiguió.
–Quiero saber sobre vos, de lo que vos quieras contarme, ¿acaso tenes un talento, un hobbie? ¿O algo así? –Dijo tomando aquel rebelde mechón y posándolo tras su oreja. Sonreí y negué. No… No tenía talentos.
–No… –Murmuré. Pero luego recordé. –¡Oh sí! ¿Cómo olvidar la pasión de mi vida? –Dije sonriendo, ella se sonrió junto a mí. –Am, si hay algo y realmente soy muy tonta al haberlo olvidado.
–No es así, solo lo olvidaste, tenes porque. –Dijo luego de mover su cara hacia un lado y entrecerrar los ojos para desmentirme. –¿Qué es eso? –Preguntó ansiosa y yo respondí.
–Mi pasión es el piano… –De pronto sus ojos se iluminaron.
–¿Tocas piano? –Dijo ella mirándome. Estaba como ¿Sorprendida?
–Si… ¿Le molesta? –Pregunté algo confusa por su reacción. ¡O vamos! ¡No puede echarme por eso!
–¿Molestarme? Amo el piano, no… –Suspiré, Me asuntaste mamita querida… Entonces, ¿Lo llevo en la sangre? –Me sorprendiste –Dijo con una amplia sonrisa. Luego miró hacia abajo, como recordando. –Cuando era chiquita, mi papá me notó viendo el instrumento en una imagen, entonces me preguntó si quería aprender a tocarlo y desde ese momento, jamás paré hasta aprender a tocar. Finalmente, mi papá un día apareció con un Gran piano blanco, ese que está en el living ¿Viste? –Asentí. Muy buen piano, ya me las pasé tocándolo varias veces cuando solo estaba Emilio en la casa. Él es tan amable, tan buena persona. Ella volvió a hablar. –Y luego, bueno, me terminó mandando al extranjero, a estudiar. Luego de ese viaje… –Suspiró, ¡Oh ahora lo recuerdo! Mi abuelo la había mandado al extranjero para tenernos a mi hermana y a mí. –Jamás volví a tocar… –Dijo con dolor en la voz… Me dio tanta pena, ella parecía tan vulnerable. Necesito ver si me cuenta sobre papá…
–¿Y porque su papá la mando al extranjero? –Ella palideció y luego de eso tartamudeó…
–Eh, eso, bueno, fue una situación, complicada… Cosas tristes que no son bonitas para contarte a estas horas. –Dijo con una sonrisa. Si, fue por papá. Pobrecita. Igual, eso explica porque nací en Washington DC ¿no?
–Está bien, no puedo obligarla, si no quiere… –Dije dando un largo suspiro.
De pronto, me doy cuenta que ella ni siquiera me escuchó, estaba hundida dentro de su cabeza, mirando hacia el escritorio, una mirada de tristeza y angustia rondaba por su rostro, y de pronto, noté que sus ojos comenzaron a aguarse ¿Esta por llorar?
–Señorita Victoria ¿Se siente bien? –Ella me miró y rápidamente volvió.
–¿Qué..? –Logró murmurar y noté que una lágrima resbalaba por su mejilla.
–¿Le pasa algo? Está llorando… –De pronto ella calló en la cuenta que era así, asomó un dedo a su mejilla y secó la lágrima mientras me miraba.
–Oh, Sí. Recuerdos… –Dijo volviendo a sonreír. La miré y le di una sonrisa, pero ella bajó nuevamente la mirada luego se golpeó levemente las piernas y se paró. –Bueno… Va a ser mejor que vayas a descansar sino mañana se te va a hacer muy difícil despertarte ¿Si? –Dijo mirándome.
Le asentí y recogí todas las cosas para llevarlas hacia la cocina, llegué a la puerta y la miré para finalizar.
–Que descanse señorita Victoria… –Ella me miró.
–Igual vos linda, igual vos… –Dijo aún algo perdida. Pobrecita, parece que le hace muy mal recordar cuando nos tuvo a mi hermana y a mí. ¿Oh será que le hace mal recordar a mi papá realmente? Oh, eso puede ser…
Dejé todo sobre la mesada, enjuagué las pequeñas tazas, guardé los bombones y caminé hacia la sala cuando se escuchó un sonido desde la oficina. Estaba Victoria obviamente, pero era un sonido raro, llegué hacia ahí y la espié, ella estaba recostada sobre sus brazos, lloriqueando mientras suspiraba. Ow, pobrecita, me estaba rompiendo el corazón en millones de pedacitos. No pude evitarlo, estaba por ingresar, cuando alguien me agarró del brazo.
–¿Qué haces acá tarada? –Miré hacia atrás, ¿Otra vez? Estaba montada en altos zapatos negros con una calza azul eléctrico y un top negro que dejaba su ombligo al aire, ¡en plenas heladas! Son las heladas finales antes del verano en Buenos Aires.
–Shhh… –La reté y le señalé el interior de la habitación.
–¡Qué! –Dijo malhumorada como siempre.
La tomé del brazo y la puse delante de mí mostrándole a su madre llorando. Si eso no le hacía bajar veinte cambios, es porque realmente le importa un carajo todo.
–Tu mamá, llora… ¿Y vos? De fiesta por ahí. Una sola cosita, cuida lo poco que tenés, porque si no la valoras ahora que la tenés, dios te la va a quitar por no valorar. Uno no se da cuenta de lo que tiene, hasta que lo pierde… –No quería irme, pero debía.
Me di media vuelta y caminé. Hasta mi habitación no paré. Y allí me acosté yo con lágrimas en los ojos, recordar a mi madre perdida me hacía tan mal. Ella era el centro de mi universo, ella le daba luz a mi vida, lo era todo para mí, junto con mi papá, y justamente ver a Victoria llorando desconsolada, me hizo recordarla. Creo que llegué a apreciar a Victoria más de lo que yo pensaba. Y ella me necesita, a mí y a mi papá.


*Serena POV*

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