Pasó un largo mes, por lo tanto hace un tiempo que trabajo en “La
Mansión Bandi” y la verdad es que no puedo quejarme, excepto que tengo que
aguantar las tonterías de Serena con ‘¡Quiero
más agua idiota!’ o ‘Llevate este
café y hacé otro como la gente o te lo voy a hacer tragar’ entre otros
maltratos que he tenido que soportar de ella. La verdad es que ‘Mi madre’ jamás se da cuenta de que me
trata mal.
Cuando ella está, tengo tiempo para respirar, ahora en los sábados por
la noche cuando mi madre tiene cenas o fiestas importantes. No sé qué le pica
que no se va temprano y hace mi vida miserable, lo que me consuela es que
Victoria llegaría pronto a la casa. Jamás llega después de las doce.
Hoy sábado, primer sábado de Octubre, tengo que soportarla ya que
Victoria hoy tenía la fiesta en la que estarían los Empresarios más importantes
del país, o al menos eso escuché.
–¡Idiota! –Gritó Serena mientras se acercaba a mí. –¿Por qué te
pusiste la falda tan corta? –Dijo con el ceño fruncido. –Para que sepas que acá
no venís a modelar, venís a ¡Tra-ba-jar! –Dijo bajando mi falda.
–¡BUENO BASTA! –Dije empujándola de mí, en un grito mientras esta
borraba la sonrisa de maldad que llevaba anteriormente y me miraba como un
asesino a su víctima.
–¿Me hablaste a mí, sirvienta? –Dijo apoyando su dedo índice en su
pecho señalándose.
–¡SI A VOS IDIOTA! –Dije ya muy enojada por lo malditamente
desesperante que era la chica. Solté el trapo acercándome a ella –Concuerdo con
que soy tu estúpida sirvienta, pero tené un poco más de respeto y ni te pienses
en volver tocarme ¿Ok? Porque me dejo maltratar por vos, pero no voy a dejar
que me toques… ¿Escuchaste? –Dije enojada, esta levantó una ceja. Apretó los
dientes y cuando iba a responder la puerta de la entrada se oyó.
–Decí algo sobre esto y voy a hacer tu vida miserable. –Me murmuró.
–¿Más de lo que ya la haces? –Respondí. ¿De dónde había sacado tanta
valentía?
–¡Me las vas a pagar! –Murmuró.
–¿Sophia? ¿Emilio? –Llamó Victoria al caminar hacia la cocina. Hasta
que llegó. –Acá estas Sophia. Hola Seri, ¿cómo estas caramelito? –Me sonreí.
Esta me fulminó con su mirada mientras respondía.
–Bien mamá, pero ya te dije mil malditas veces que no me digas así.
–Respondió la maldita gruñona. Me mostró su dedo medio y caminó fuera de la
cocina con propósito a irse, pero su madre la frenó.
–¿Salís esta noche caramelito? –Dijo sin importarle lo que ella le
acabó de decir hacía menos de tres minutos.
–¡Dios! ¡SI! –Gruñó esta y se escucharon sus pasos por la escalera.
–¡Ash! –Meció su cabeza tratando d comprender a su hija. –Hola
preciosa. –Dijo apoyando su mano en mi hombro. –¿Viste a Emilio? –Dijo
levantando la mirada de su teléfono. Frunciendo el ceño, miró a todos lados en
su búsqueda hasta no verlo, para luego devolver su mirada al teléfono.
–Am, sí. Emilio se sentía mal y su madre le ordenó ir a descansar.
–Dije viendo como presionaba con sus dientes su labio inferior y tomaba una de
sus mejillas. Ella se veía bastante hermosa con el vestido negro de noche largo
y el tapado de igual color, los zapatos altos ayudaban bastante a su estética,
ella se veía más alta, más joven, mucho más joven y muy hermosa. Su piel y rostro
eran tan bonitos que hasta ahora entendí de donde mi piel salió tan blanca.
–Ah… Está bien gracias pequeña. Ya es tarde, anda a acostarte. –Dijo
mirándome.
–Bueno. Gracias. –Vi como estaba por pasar el marco y dije. –Buenas
noches señorita Victoria.
–Que descanses Sophia. –Respondió junto a una sonrisa y caminó hacia
su oficina.
Caminé hacia mi habitación y luego de ponerme el piyama me recosté y
miré hacia el techo… Su sonrisa preciosa, mis dientes se parecen a los de ella.
Mis ojos se sombrearon y pronto mis sienes se humedecían de lágrimas, ella
tiene que saberlo, ya no lo aguanto, lo poco que la conocí sé que es una
persona hermosa, y ya estoy totalmente segura d que m cree muerta, una vez le
pregunté si quería más hijos y ella respondió que ya tenía una, dentro de su
corazón. Lloré más extenso, la quiero, la necesito. Mientras me debatía en
decirle o no decirle me acomodé y caí en un profundo sueño.
De pronto, me desperté. Miré el horario y mi reloj decía que eran las
dos de la madrugada. Me levanté con la necesidad imperiosa de tomar agua cuando
al llegar a la sala, un sonido llegaba desde la oficina de Victoria. ¿Todavía
estaba ahí?
Me acerqué y vi como bostezaba mientras tenía los ojos posados en la
computadora haciendo click, tras click y con una mano apoyada en su mejilla,
poniendo el peso de su cabeza en todo su brazo.
Esa imagen me dio tanta ternura, que caminé hacia la cocina e hice el
té más fugaz que haya hecho jamás. Luego con este ya hecho, caminé hacia la
oficina y se lo llevé junto un pequeño bombón y por supuesto, mi vaso de agua.
Ingresé a la oficina con todo en una bandeja y la encontré en una de
las escenas más tiernas y ridículas que pude habérmela imaginado jamás.
Ella ya estaba dormida sobre su regazo por encima del teclado de su
notebook. Me acerqué a ella, tomé un mechón que sobraba sobre su rostro y,
supongo yo, que el frío de mi mano la hizo despertar.
–Sophia… ¿Qué haces despierta tan tarde? –Dijo mirando su reloj en la
muñeca derecha. –¡Oh por dios que tarde es! Y yo me quedé dormida. –Dijo
estirando su cuello para un lado y luego hacia el otro.
–Lo siento, no quise molestarla. Pero la vi tan cansada que me tomé el
atrevimiento de hacerle un té. –Dije algo ruborizada, le hablo como se supone
que tengo que hablarle a un jefe. Ella alzó la mirada y se sonrió.
–¡Ey! No tengas vergüenza, yo tengo que agradecerte el gesto. –Dijo
tomando la bandeja junto a su enorme y hermosa sonrisa. –Pero todavía no
entiendo que haces despierta tan tarde. –Dijo ella frunciendo el ceño.
–Am, no, no la estaba espiando eh… Yo me levanté a tomar agua, cuando
escuché que venían ruidos desde acá, entonces me acerqué y la vi mirando su
computadora, y ahora vuelvo con el té y la veo durmiendo. –Dije aún más
ruborizada. Me dio ternura es todo. Recordarla me hizo sonreírme.
–¡Ey! ¡No me cargues niña! –Dijo sonriendo también al verme a mí.
–Perdón. –Dije viéndola devorarse el pequeño bombón. Me sonreí y ella
enrojeció.
–Supongo que te habrás dado cuenta de mis antojos constantes con los
bombones… –Dijo con una sonrisa grande. Le asentí con la cabeza.
–¿Quiere que vaya a buscarle más? –Su cabeza se dobló a un lado
mirándome. Se quedó mirándome mientras su sonrisa se iba desapareciendo,
quedando zambullida en sus pensamientos mientras me miraba. –¿Le pasa algo
señorita Victoria? –Pregunté sin entender porque me observaba así, pero yo lo
entendí. Ella asiente algo al verme, lo sé… Yo también lo siento.
–No, no. –Dijo retomando su sonrisa, agarrando el vaso de agua y
tomando un trago.
–Am, el vaso de agua era para mí. –Dije ruborizada, ella me miró con
medio vaso ya ingerido.
–Oh, perdón. Me lo hubieras dicho pequeña. –Dijo con su enorme
sonrisa. –Vení, sentate. Jamás, desde que trabajas acá, mantuvimos una charla.
–Dijo parándose y acercándome el asiento frente su escritorio.
–Usted… ¿Esta segura que quiere charlar conmigo? –Dije, ella me
preguntará sobre mi vida y demás, realmente no tengo ganas de hablar sobre esto
a las casi tres de la madrugada.
–Oh, claro que sí. Hubieses traído un té para vos también. –Dijo
sonriente. Yo asentí y fui en busca de la tetera. Traje una taza más y una
bandeja con bombones. Volví a la habitación y ella se encontraba apagando su
computadora y limpiando sus lentes para luego guardarlos.
Me senté y le serví otra taza mientras sonriéndose tomaba otro bombón,
y obviamente, muy amable me ofrecía uno, mientras lo tomaba…
–Bueno… –Suspiré. –¿Qué quiere saber sobre mí? –Pregunté.
–En principio quiero que sepas que no quiero meterme en tu intimidad,
solo quiero conocerte. –Me miró con su sonrisa. Tiene razón, tampoco es que
está investigándote Sophia, ¿O sí?
–Sí, seguro. Lo siento, sonó mal mi pregunta. –Ella asintió en
respuesta de que aceptaba esa disculpa y prosiguió.
–Quiero saber sobre vos, de lo que vos quieras contarme, ¿acaso tenes
un talento, un hobbie? ¿O algo así? –Dijo tomando aquel rebelde mechón y
posándolo tras su oreja. Sonreí y negué. No… No tenía talentos.
–No… –Murmuré. Pero luego recordé. –¡Oh sí! ¿Cómo olvidar la pasión de
mi vida? –Dije sonriendo, ella se sonrió junto a mí. –Am, si hay algo y
realmente soy muy tonta al haberlo olvidado.
–No es así, solo lo olvidaste, tenes porque. –Dijo luego de mover su
cara hacia un lado y entrecerrar los ojos para desmentirme. –¿Qué es eso?
–Preguntó ansiosa y yo respondí.
–Mi pasión es el piano… –De pronto sus ojos se iluminaron.
–¿Tocas piano? –Dijo ella mirándome. Estaba como ¿Sorprendida?
–Si… ¿Le molesta? –Pregunté algo confusa por su reacción. ¡O vamos!
¡No puede echarme por eso!
–¿Molestarme? Amo el piano, no… –Suspiré, Me asuntaste mamita querida… Entonces, ¿Lo llevo en
la sangre? –Me sorprendiste –Dijo con una amplia sonrisa. Luego miró hacia
abajo, como recordando. –Cuando era chiquita, mi papá me notó viendo el
instrumento en una imagen, entonces me preguntó si quería aprender a tocarlo y
desde ese momento, jamás paré hasta aprender a tocar. Finalmente, mi papá un
día apareció con un Gran piano blanco, ese que está en el living ¿Viste?
–Asentí. Muy buen piano, ya me las pasé tocándolo varias veces cuando solo
estaba Emilio en la casa. Él es tan amable, tan buena persona. Ella volvió a hablar.
–Y luego, bueno, me terminó mandando al extranjero, a estudiar. Luego de ese
viaje… –Suspiró, ¡Oh ahora lo recuerdo! Mi abuelo la había mandado al
extranjero para tenernos a mi hermana y a mí. –Jamás volví a tocar… –Dijo con
dolor en la voz… Me dio tanta pena, ella parecía tan vulnerable. Necesito ver
si me cuenta sobre papá…
–¿Y porque su papá la mando al extranjero? –Ella palideció y luego de
eso tartamudeó…
–Eh, eso, bueno, fue una situación, complicada… Cosas tristes que no
son bonitas para contarte a estas horas. –Dijo con una sonrisa. Si, fue por
papá. Pobrecita. Igual, eso explica porque nací en Washington DC ¿no?
–Está bien, no puedo obligarla, si no quiere… –Dije dando un largo
suspiro.
De pronto, me doy cuenta que ella ni siquiera me escuchó, estaba
hundida dentro de su cabeza, mirando hacia el escritorio, una mirada de
tristeza y angustia rondaba por su rostro, y de pronto, noté que sus ojos
comenzaron a aguarse ¿Esta por llorar?
–Señorita Victoria ¿Se siente bien? –Ella me miró y rápidamente
volvió.
–¿Qué..? –Logró murmurar y noté que una lágrima resbalaba por su
mejilla.
–¿Le pasa algo? Está llorando… –De pronto ella calló en la cuenta que
era así, asomó un dedo a su mejilla y secó la lágrima mientras me miraba.
–Oh, Sí. Recuerdos… –Dijo volviendo a sonreír. La miré y le di una
sonrisa, pero ella bajó nuevamente la mirada luego se golpeó levemente las
piernas y se paró. –Bueno… Va a ser mejor que vayas a descansar sino mañana se
te va a hacer muy difícil despertarte ¿Si? –Dijo mirándome.
Le asentí y recogí todas las cosas para llevarlas hacia la cocina,
llegué a la puerta y la miré para finalizar.
–Que descanse señorita Victoria… –Ella me miró.
–Igual vos linda, igual vos… –Dijo aún algo perdida. Pobrecita, parece
que le hace muy mal recordar cuando nos tuvo a mi hermana y a mí. ¿Oh será que
le hace mal recordar a mi papá realmente? Oh, eso puede ser…
Dejé todo sobre la mesada, enjuagué las pequeñas tazas, guardé los
bombones y caminé hacia la sala cuando se escuchó un sonido desde la oficina.
Estaba Victoria obviamente, pero era un sonido raro, llegué hacia ahí y la
espié, ella estaba recostada sobre sus brazos, lloriqueando mientras suspiraba.
Ow, pobrecita, me estaba rompiendo el corazón en millones de pedacitos. No pude
evitarlo, estaba por ingresar, cuando alguien me agarró del brazo.
–¿Qué haces acá tarada? –Miré hacia atrás, ¿Otra vez? Estaba montada
en altos zapatos negros con una calza azul eléctrico y un top negro que dejaba
su ombligo al aire, ¡en plenas heladas! Son las heladas finales antes del
verano en Buenos Aires.
–Shhh… –La reté y le señalé el interior de la habitación.
–¡Qué! –Dijo malhumorada como siempre.
La tomé del brazo y la puse delante de mí mostrándole a su madre
llorando. Si eso no le hacía bajar veinte cambios, es porque realmente le
importa un carajo todo.
–Tu mamá, llora… ¿Y vos? De fiesta por ahí. Una sola cosita, cuida lo
poco que tenés, porque si no la valoras ahora que la tenés, dios te la va a
quitar por no valorar. Uno no se da cuenta de lo que tiene, hasta que lo
pierde… –No quería irme, pero debía.
Me di media vuelta y caminé. Hasta mi habitación no paré. Y allí me
acosté yo con lágrimas en los ojos, recordar a mi madre perdida me hacía tan
mal. Ella era el centro de mi universo, ella le daba luz a mi vida, lo era todo
para mí, junto con mi papá, y justamente ver a Victoria llorando desconsolada,
me hizo recordarla. Creo que llegué a apreciar a Victoria más de lo que yo
pensaba. Y ella me necesita, a mí y a mi papá.
*Serena POV*

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