Marcoria

Marcoria

martes, 3 de febrero de 2015

Décima Parte:

*Serena POV*
Me desperté en una habitación opaca, con un aroma riquísimo, aunque todo estaba helado como frezzer.
–¡Mierda! –Murmuró y fue cuando caí en la cuenta de donde mierda estoy.
–¡Ay no!
–Buen día… –Dijo jugando al plomero mientras tocaba la estufa. ¿Este no sabe que la tecnología avanza y que hay aparatos a control remoto para dar calor a un maldito ambiente?
–Bueno para vos, se me parte la cabeza. –Me quejé y acerqué la asquerosa, bueno, huele bien, pero igual que más da, la frazada.
–Al lado tuyo hay un jugo de naranja y dos aspirinas. Tomatelas vas a ver que estas mejor. –¡Wow que caballeroso! ¿Desde cuándo es bueno conmigo? ¿Qué le picó a este?
–Gracias…
–De nada. –Respondió bastante ocupado. Levanté un poco la frazada y noté que solo llevaba una remera enorme sobre mi ropa interior.
–¡Que mierda! ¿Me sacaste mi ropa degenerado?
–¿Qué? –Espetó casi enojado ¿Y encima él es el enojado?
–¿Cómo es que llevo esta remera que no es mía sobre mi ropa interior y nada más? –Se levantó con manos sucias para mirarme.
–Solo te puse cómoda, no soy ningún degenerado, un degenerado te viola idiota. Ya no me trates como basura porque sabes que conmigo no vas… Y tomate las putas pastillas que en un rato te llevo a casa. ¡Me cansas! –Se quejó sacándose la remera e ingresando al baño. Lo perseguí con la mirada, más allá de ser un idiota, ¡Que buen lomo!
–¿Qué mierda decís estás loca? –Me reté. –¡Vos amas a Matheo Kenttron! ¿Ok? ¡Kenttron! –Que idiota soy. Rápidamente me levanté, me cambié y mientras terminaba de preparar, le decía al chofer de mamá que viniera por mí.
En cuento el idiota salió del baño, yo pasaba por delante de él con mi bolso y cerraba.
–¡Estás loca Bandi! –Se quejó. –¡La Serena de anoche era más agradable que vos!
Y fue en ese momento que recordé la secuencia. El tropiezo, el llanto, la caída a la pileta, Matheo, el beso… Oh el beso. Me miré en el espejo y me acaricié los labios. No lo creo.
La bocina de afuera me sacó de mi ensueño y terminé de peinarme para salir. Lautaro miro hacia afuera en donde Mariano, el chofer de mamá, vino por mí y luego me miró a mí. Me puse mis zapatos y salí sin dar mucha explicación.
Tengo que agradecer que no haya nadie en la casa, porque sé muy bien que en esa casa viven los padres de Lautaro y su hermano Migue.
Salí y Lautaro miró por la ventana, negó y cerró la cortina. Es lo mejor para todos y ya ¡No pasó nada!

Ahora lo único que quiero es llegar a casa, necesito un baño urgente, esa agua asquerosa, puta pileta, puta noche, puto todo.
–¿EN DÓNDE MIERDA SE SUPONE QUE ESTABAS? –Me gritó Victoria Bandi cuando llegué.
–Pero que mier… ¡YO HAGO LO QUE QUIERO, NO ME ESTES GRITANDO A ESTA HORA! –Grité y ella me tomó de un brazo.
–¡ESTAS EQUIVOCADA, Y MUY! –Gritó sobre mis oídos y me sorprendí al ver que mi madre ya no era tan dócil, carajo que tenía garganta.
–¡VICTORIA! –Grité y ella me soltó cerca de la puerta de mi habitación.
–¡ES VIERNES DÍA DE CLASES! ¡VIERNES! No quiero que vuelvas a salir un día de semana, hable al colegio. ¿CINCO VECES A DIRECCIÓN POR DÍA? ¡CINCO! –Y si, los idiotas no se joden solos, hay que joderlos. Me reí, lo mejor fue cuando el profe de física nos encontró fumando un porro cerca de la entrada.
–Ya dejalo mami, por favor… –No llegué a terminar que gritoneó otra vez.
–¡TE DROGAS! ¿Cómo, cuando… porque? –Apretaba su sien, su mirada estaba furiosa, ya tanto que daba miedo y se pasaba la mano por el cabello como peinándolo, estaba nerviosa.
–Volves a drogarte y te interno, no volves a salir, te vas a ir a Dinamarca y no vas a volver ¡A menos que ruegues! ¡ESTAS ADVERTIDA SERENA BANDI! –Y así se fue.
–Bah, todos sabemos que no lo harías… –Paró de caminar y se dio la vuelta para mirarme. Oh, creo que tendría que haber cerrado mi culito.
–¿Ah no crees que con un llamado de mi teléfono podes terminar la secundaria en el otro lado de continente Serena? ¿ACASO TAN LEJOS TENGO QUE LLEGAR PARA QUE ME RESPETES? –Se acercó y tomó una mecha de mi cabello, luego tiró y penetró sus ojos color miel, casi muero de un paro cardiorrespiratorio.
–No me pruebes, porque podes acabar con mi paciencia. Dije que con un solo llamado logro mandarte al otro lado del mundo para que te aprendas a ubicar, y si eso es necesario para que entiendas no me va a temblar el pulso al hacerlo, recorda que yo también lo perdí todo una vez y no me morí asique sé que no vas a morirte… ¿Entendido? –Asentí sin nada que decir, porque sentía que podía dañarme si solo me movía.
–¿Si que Serena? –Pidió y tragué, el abuelo Octavio hacía eso.
–Si mamá. –Murmuré, soltó mi cabello y se alejó caminando. Estaba por ingresar y ella me detuvo.
–¡Apurate, que vas a llegar tarde! –Asentí, carraspeó
–Si mamá. –Me metí rápidamente y solté el aire que estaba reteniendo sin darme cuenta.
Me apoyé en la puerta, mis ojos comenzaron a chorrear, últimamente lloraba mucho. Mi mamá no era así, jamás. Y sé que ella hablaba enserio. Corrí hacia el baño cuando el teléfono sonó mientras lo sacaba del bolso. Es Candy, deje que suene.



*Sophia POV*
Cando me desperté reconocí que estaba en mi casa, y la frazada me atravesaba el cuerpo, me levanté sobresaltada y Kala estaba durmiendo a mi lado, sobre el colchón en donde acostumbra cuando se queda.
–¿Kala? –Sentí que lágrimas me recorrían el rostro ¿Por qué?
–¿So? –Se sobresaltó al verme llorar. –¿Qué pasa linda, porque lloras así? –Se levantó rápidamente y se recostó junto a mí a abrazarme.
–¿Qué pasó anoche? –Frunció la frente.
–¿No recordas lo que paso anoche So? –Negué. –Fuimos a la fiesta, bailamos un rato, me fui dejándote con un chico y luego de un rato vuelvo y te encuentro desvanecida sobre un sillón. Me asuste y te traje a casa, tu padre dijo que te había bajado la presión y que el alcohol ayudó a tu desmayo. Y aseguró que no te dejara volver a tomar. Eso. –Lloré.
–¿Lo viste a Matheo conmigo? –Levantó ambas cejas y negó. –Oh no… Fue un sueño. –Lloré. No puedo creerlo, lo soñé todo. No puede ser posible.
–¿Qué sueño Sophie? ¿Estás bien? –Negué y me alejé de ella que me miraba sin entender.
–No, no. Dejame, necesito estar sola. –Me levanté y caminé hacia el baño, cada día estoy peor, ahora está confirmado, no solo es Serena mi peor problema, sino que ahora también tengo que cuidarme de Matheo Kenttron, puede destrozarme solo en sueños.
Miré mi reflejo en el espejo y me dije que hoy iba a ser distinto. Mi “Hermanita” se apareció en mi vida para hacerse la “Chica mala” y hacerme enfurecer demasiado cuando ayudó a que quede como la “Sirvienta” en el colegio.
No olvido como todos se reían de mí. Las personas y su ombligo… Ya verán todos lo que es capaz de hacer la “Sirvienta”… Mi hermana quería probarme… Y con el trasero y el hermoso rostro que heredé de la madre de ambas, verá lo que voy a hacer.
Tomé mi remera corta crema que dice ‘Bitch’ en dorado y luego me puse una atractiva calza negra brillosa. Delineé mis ojos con delineador negro, arqueé mis pestañas con el rimel y resalté mis labios con un rojo opaco.
Mi piel blanca igual a la de mi madre, esa a la que yo le sirvo el desayuno por las mañanas de fin de semana; a esa a la que le sirvo la cena y le aseo la casa, a esa madre me parezco; a ella y sus ojos, su boca, su nariz y sus favorables atributos.
Todo hasta el cabello que es lacio, el mes pasado compré un shampoo y ahora parece rubio, se parece al de ella. No quiero recordar que ella es mi madre, ella es mi jefa, volvamos con mi ingrata hermana mejor.
Salí del baño y pasé por al lado de Kala quien esperaba por el baño, cosa a la que no le dio mucha importancia al verme salir.
–¿Qué mierda le hiciste a mi amiga? –Fruncí los hombros.
–Usé tu maquillaje, ¿no te importa no? –Negó sonriente.
–¡Vamos a patear algunos culos hoy amiguita! –Rió. –Es más creo que te ves más hermosa y más perra que Kala Kenttron y Serena Bandi juntas. –Reí y la abracé.
–Te necesito, asique anda a cambiarte, porque esa es mi intención hoy, patear culos. –Reímos y ella asintió mientras me ponía mis borcegos negros con tachas doradas.
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Salí y el viento de primavera me dio en el rostro, pasaba por al lado de un hombre que me miro sin disimular de arriba abajo. Hombre que me miraba y halagaba mi belleza junto con la de Kala quien no se quedaba atrás.

~~~~~~~~~

Llegamos al colegio y uno de los amigos de Kala y de Serena por supuesto, estaba charlando con una chica muy bonita, pero llegamos nosotras y ahí fue con sus ojos se abrieron bajo sus gafas… ¿Qué cómo lo vi? Le daba el sol y sus ojos obscuros brillaron tras él.
–¿Sophia? –Se acercó no creyendo… ¿Tan fea soy? –Ey am, sabes que lo sos todo Kalu pero... ¡Estás que te partís Guerrero! –Aseguró y sonreí, no soy falsa asique no dije más y seguí caminando.
–¡Sos un idiota Gabriel! –Se quejó Kala y me siguió.
–¡No Kal! Perdoname, ¡Sophie ayudame! –Levanté una ceja ¿Ni me conoce y ya me dice sobrenombres?
–¿Con ese idiota pensabas salir Kal? –Asintió Kala cuando me miraba con la mirada triste. –Estas para algo mejor amiga, enserio… –Asintió desconcertada y seguimos caminando hacia la clase ¿no olvido nada no?
Comencé a caminar moviendo mi cadera con ‘Competition’ de Litlle Mix sonando en mi teléfono porque Victoria estaba llamándome, pero no atendía. Puse Competitión cuando ella llamaba, no sé qué quiere, pero en este mismo momento estoy muy ocupada para atenderte mamita querida. Justamente pegaba, mi hermana quería eso, Competencia y juro dársela.
El chico sacó sus gafas negras y desvió su cabeza a mí y a Kala. La chica hablaba y hablaba, pero él me miró a mí. Esto sería genial. Le guiñé un ojo y vi su reacción.
–¿De que estábamos hablando? –Murmuró y mordió su labio asintiendo, mientras seguía mi camino dándole la espalda y dejando un mar de baba a mí por mi paso. Kala rió cuando el chico la llamó y a mí me dejó seguir caminando sola. Reí, ¿Ves Kala? ¡Hay más chicos en la escuela que el tal Gabriel!
Llegué a mi casillero y allí estaba ella, ella y su estúpido novio el idiota de Matheo Kenttron. Pero que tonta es, él no la ama, ¿jamás se va a dar cuenta? Se le nota en la mirada, en cómo le habla… Parecían discutiendo.
Puedo ver como Matheo abre su boca y la cierra reiteradas veces mientras que aquella perra que tengo de hermana me mira con odio y desprecio.
–La sirvienta mostró la hilacha… Que bien… –Dijo mirándome. Matheo levantó la mano y señalando disimuladamente escuché que dijo.
–¿Es… esa es Sophia? –Dijo tragando saliva y pasándose la mano por la nuca. Como amo su mirada verdosa. Sonreí y pasé por al lado de ellos.
–¡Matheo! ¡Hey Matheo! –Lo llamó, sonreí, debe estar mirándome, no me lo creo.
–¡Sophie! –Llego Kala detrás de mí. –¡Mi primo babea por vos detrás de mí amiga! –Me murmuró y reímos.
–¡Matheo! –Llamaron a lo lejos y sé que es Serena.
–¡No dejame! –Se quejó y lo vi salir enojado por el patio. Quise caminar, pero Kala me negó.
–Voy yo Sophie. –Me dijo y Lautaro venía a lo lejos llamándome. Asentí. Serena y él se dieron una mirada cómplice y estuvieron tensos, ella en su lugar, él llegando ¿Qué mierdas pasa acá?
–Hola So… Lindo cambio. –Dijo mirándome rápidamente para volver su mirada hacia atrás. Serena vio que mirábamos y mostró su dedo medio para seguir caminando hacia la salida encendiendo un cigarrillo.
–¿Qué mierda fue eso? ¿Qué pasó ahí?  –Lautaro me miró en cuanto Serena desapareció de la entrada ¿Tanto así?
–¿Qué cosa? –Preguntó y extendió sus ojos enormes como si lo hubiese agarrado con las manos en la masa, si es que no es así…
–¡Eso, eso! Serena y vos… Se miraron mucho tiempo, ella no vino a molestar, es raro Lau… ¿Qué pasó? –Negó haciéndose el desentendido. –Jamás me ocultas nada. –Suspiró largo.
–La besé, anoche. Le salvé la vida también, fue una larga noche… –Santo remedio para dejarme muda. ¿Cómo mierda…? No sé si golpearlo o… Sonreír.
–No quiero que te lastime Lautaro… –Opté por arrugar la frente.
–Ni verme quiere, dejala, es historia para mí. –Negué y cerré los ojos, el timbre sonó. –¿Vamos a Contabilidad? –Negué sonriendo y asentí. –Enserio te queda bien este estilo… –Sonreí.
–Gracias Lautaro, también te quedan bien los jeans apretados y la campera. Era hora que superaras a los raperos. –Se rió.
–Lo se… Serena dijo que así me veía más lindo. –Le golpeé el brazo, sabe que me pone de los pelos los celos. –¡Ach! Bueno, entendí. –Reía, mi mejor amigo.
–Te quiero mucho. –El me abrazó.
–También te quiero mucho. –Dijo y caminamos hacia la clase.

CONTINUARÁ...

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