Marcoria

Marcoria

sábado, 21 de febrero de 2015

Décimo Tercer Capítulo:

–No somos hermanas. –Murmuró Serena interrumpiendo y mi padre la miró sorprendido.
–Si lo son, claro que lo son. Tu padre y yo somos testigos de eso, escuchaste la historia, ya terminala con ese odio sin sentido. –Gruñó con tranquilidad y Serena me miró intensamente, corrí la vista.
–Ni muerta. –Murmuró y cargué mis ojos.
–No le hagas caso amor, ella está sorprendida, y si no te acepta por las buenas, va a tener que hacerlo por las malas. –Mire a mi madre y sonreí.
–Me duele que ella no me quiera. –Asintió.
–Lo se amor, no sé cuál es su rencor, su odio, pero vamos a averiguarlo lo prometo…
–Yo sé porque me odia. –Me miró queriendo saber y proseguí. –Es Kenttron… –Suspiró rodando los ojos.
–¿Todo este asunto solo por un chico? –Fruncí los hombros.
–Yo ni siquiera sabía que él estaba interesado por mí, y si Candy no me lo hubiese echo notar, tampoco lo sabría hoy mamá… –Me ruboricé por esto último, pero ella sonrió ampliamente acercándose a mí y abrazándome.
–No sabes lo que soñé tenerte entre mis brazos, casi me muero pensando que habías muerto… Casi me muero por no tenerte. –Suspiró hablando a mis ojos y suspiré volviendo a abrazarla.
–Yo sabía que algo me faltaba, siempre me hiciste falta. Amaba a Carolina pero... –Dije separándome de ella al mirarla –Pero siempre hubo un vacío inexplicable dentro de mí. Y no lo supe hasta que Carolina me dijo la verdad…
–Todo este tiempo… con que vinieras con tu padre, yo iba a entenderte, a creerte… ¡Mira ese parecido! Tu cabello, tus ojos, tu nariz… ¡Hasta mis dientes tenes! –Señaló y reímos.
–Lo sé, lo lamento. Es que tenía miedo, y no te conocía, quería encontrar el momento correcto para decírtelo. –Dije y ella negó suspirando y abrazándome una vez más.
–Yo te quise desde que entraste por la puerta del escritorio toda nerviosa y asustada. ¿Vos crees que alguien con su sano juicio tomaría a una adolescente menor de edad para trabajar solo fines de semana y terminando clases todavía? Había algo… Al verte, que no me dejaba dejarte ir. –Sonreímos y ella me volvió a abrazar.
–Sabes que, desde que te conocí, me traté de imaginar ¿cómo se sentiría un abrazo tuyo? –Ella me presionó con más fuerza y reímos.
–¿Y? –Me alejé para volver a mirarla a los ojos y noté la dulzura y el amor en esa mirada.
–Y se siente mejor de lo que imaginaba…
~~~~~~~~
*Serena POV*
Ella… Ella ahora no solo se roba al chico que amo, sino que ¿también se roba a mi familia? ¡EL COLMO!
–¿Cuál es tu problema con Sophia? –Me miró mi padre y yo lo observé, iba a quejarme pero cuando me encontré con su mirada obscura no pude hacerlo.
–Ella y yo no nos llevamos bien. –Marcos chasqueó la lengua.
–¿Notas lo absurdo que suena eso mi niña? –Se sonríe mirándome y niego con enojo.
–Ella y yo no somos amigas, jamás lo fuimos, nunca nos llevamos bien…
–Corrijamos eso, ¡Vos! Nunca te llevaste bien con ella. –Toma mi mentón haciendo que lo mire. –Mirame pequeña… –Observo sus enormes ojos color café y me siento una niña otra vez. –Yo te prometo que vamos a ser una familia, que voy a… –Suspira. –Que voy a reconquistar a tu…
–¿¡ENSERIO PAPI?! –Interrumpí con una felicidad enorme y este se rió asintiendo.
–Voy a intentarlo nena, voy a intentarlo. Amo a tu madre, jamás dejé de amarla, solo que… Ella desapareció y jamás volví a saber de ella… –Se sentó a mi lado y sé que va a seguir contándome.
–Hasta luego de un tiempo que tu abuelo apareció. Fue en ese entonces que… Me enteré que ella estuvo embarazada, pero tu abuelo me dijo que tu madre… Tu madre no la quería a Sophie. Al principio… –La voz se le quiebra y siento como mis ojos se aguaron. –Al principio me asusté y me dolió. Pero cuando te vi jugando en la calle unos años luego, tu hermana estaba a mi lado y las vi, ambas tan parecidas aunque tu cabello y tus ojos… –Se sonrió acariciando mi cabello y sonreí con él. Me toma una mano y la observa –Me acerqué a vos y vi tu mirada tan hermosa. Y luego miré a Sophie y lo entendí. Pensé en ira a ver a tu madre, pero jamás me animé…
–¿Y porque no? –Pregunté como si él estuviera contándome un cuento.
–Porque… Porque no podía hacer eso, mi hija ya tenía una madre y yo tenía una familia, no podía. –Asentí. Extrañamente lo entiendo perfectamente. –Entonces pasó el tiempo y hace unos… seis o siete años atrás, cuando murió tu abuelo Octavio…
–¡Ah sí! ese viejo maldito. –Papá se sonríe y me siento como en casa.
–Cuando se muere ese hombre, tu madre tuvo un problema con unos documentos que se filtraron y ahí se salió públicamente que tenías una melliza, y fue cuando lo confirmé, eras melliza de Sophie… Pero vos eras muy pequeña no creo que hayas prestado atención. Tu madre lo afirmó públicamente, pero dijo lo que no esperaba. Tu madre creía muerta a Sophie, asique me di por vencido y dejé que el tiempo pasara. Hasta que a Carolina, mi esposa y la mujer que me ayudó a criar a Sophie, le encontraron un tumor maligno en el cerebro que la fue consumiendo de a poco. Finalmente, horas antes de morir, Carolina le dijo el nombre de tu madre a Sophie, le dijo la verdad y la mando a buscarla. Yo, le conté la historia, y ella cuidó de mí, haciéndose cargo de la casa y de mi anemia. –Se quedó en silencio.
–Ella tuvo una familia hermosa y feliz. –Murmuré. Él asintió, pero luego me miró negando.
–Pero no siempre tuvo lo que quiso y lo que deseó como vos. Ella vivía con necesidades que nosotros no podíamos suplir. –Extendí los ojos ¿Pasaron hambre?
–Ustedes… –Siento como las mejillas me arden y lo miro a los ojos. –¿Pasaron hambre alguna vez? –Negó.
–Jamás. Siempre me ocupé de que ellas no necesitaran para comer. Pero cosas que a veces queremos más allá de la comida, la ropa y el calzado. –Ah claro. Pobre… –Ella me habló de la enorme colección de muñecas en tu cuarto… –Levanto las cejas sin entender. –Tu hermana no pudo tener de esas cosas de chica.
–Oh… lo lamento. –Él frunce los hombros.
–Hoy en día ellas se compra lo que desea y tiene lo que quiere trabajando. ¿Trabajaste alguna vez pequeña? –Negué.
–Una vez, la abuela me regaló cincuenta pesos porque me dejé sacar uno de mis dientes de leche con el dentista. Pero creo que eso no es trabajo. –Papá se ríe y yo me río junto a él.
–Oh mi amor… Sos tan hermosa. –Me abraza y me siento de ocho años otra vez. Lo que daría por volver a la niñez y saber que él es mi padre, venir a buscarlo y ser feliz.
–Te necesité tanto papi… –Él me apretó más y me beso en la sien.
–Yo desde que te vi me enamoré de vos hermosa, papá está orgulloso de la hermosa mujer que sos. Sos una hermosa jovencita inteligente y talentosa. –Niego. –Si así es… –Me abraza fuerte.
–Ya no vuelvas a alejarte eh… –Él me miró y negó.
–Te juro que no vamos a volver a separarnos. –Sonreí. –Pero yo necesito que me prometas que vas a tratar de llevarte bien con tu hermana… –Negué.
–Eso no creo que…
–Serena, yo no voy a alejarme de Sophia, yo la vi crecer, y la amo también, ambas son mis hijas. No puedo elegir entre las dos. O se aprenden a llevar bien o esto no le va a hacer bien ni a mí, ni a tu madre ni a ninguna de las dos. Tu hermana Sophia es una chica muy sensible, date la oportunidad de conocerla por favor… –Lo miré bufando y miré haca un costado alejándome de su hipnotizadora mirada. –Por favor hija… –Suplicó y lo observé.
–Está bien, voy a tratar de llevarme bien con la sir... er, con mi hermana. –Dije y sé muy bien que ni me voy a molestar.
–Tu madre hacía esa misma expresión cuando no era sincera… –Levanté una ceja ¡Excelente observación! –Está bien pequeña, no voy a obligarte… Hacé lo que quieras. Pero recordá que Sophia es tan hija de tu madre y mía como lo sos vos, y quieras o no, ambas nacieron el mismo día, de la misma mujer y de nuestro amor. ¿Sí? –Fruncí la frente, lo se ¡Demonios…! Ella es tan exasperante, me va a perseguir de por vida… Ahora voy a tener que adaptarme a convivir con ella ¡Maldita vida injusta!
~***~
*Narrador*
En cuanto pasaron unos días, llegó el próximo fin de semana, Sophia apareció nuevamente el viernes por la tarde al horario de ingreso, pero esta vez… No lo hacía como empleada, esta vez ingresaba para ser recibida por su madre, la dueña de aquello.
La brillante mirada iluminada que llevaba la joven al observar la noche caer en el enorme lugar, en donde ella no se decidía en ingresar o no. Cuando estaba por presentar su carnet, el hombre de seguridad la saludo tomando el frente de su gorra y abrió la puerta para ella educadamente sin preguntar.
Sophia levantó sus cejas con sorpresa e ingresó conmocionada hacia la entrada de la casa y estaba por presionar el timbre, pero la puerta se abrió de par en par para ella y un sonriente Emilio le abrió como si ella fuera su alteza real. Ella se sonrió a él y lo saludó con un beso en la mejilla, su madre, su -lo que sería- abuela, sus -ahora- tías y su hermana estaban paradas frente a la entrada esperando por ella ¿Sera?
–Hola… –Murmuró Sophia ingresando a la casa y Elena se sonrió, junto a las dos chicas quienes conocía como Natacha y Brenda. Y su madre se acercó para abrazarla. Serena no movió un músculo, solo miraba fijamente.
–¡Bienvenida a casa amor! –Le festejó su madre y luego de separarse de ella, tomó la mochila y se la dio a Emilio.
Elena se acercó a la joven y Victoria se tensó, pero habló al fin.
–Bueno mamá, Natu, Bren… ella es Sophia Guerrero, mi pequeña niña perdida. –Sophia se sonrió algo incómoda y se tomó las manos nerviosamente.
–Bueno yo… Soy Natacha.
–Y yo Brenda, podemos conocernos…
–Ser una familia…
–Vamos a estar para vos linda, siempre que nos necesites.
–Sí, si siempre. –Se sonrió una junto a la otra y Sophia asintió sonriente.
Elena se acercó más a ella quedando parada frente a ella, la sonrisa tensa y el bastón sobre la mano. Extendió el bastón alejándose y extendiendo el mentón de Sophia con él, la chica se sonrió y estiró el cuello.
–Sos tan parecida a tu madre, con ese cuello tan recto y largo. Delicadísimo… ¿Cómo fue que no nos dimos cuenta? –Levantó una ceja no dejando de observarla. Victoria rodó los ojos, sonriente y luego le dedicó un guiño haciendo que la chica se tranquilizara.
–Son cosas de la vida madre… ¿Ahora vez porque jamás confié en papá? –Dijo con voz severa a su madre y esta se alejó de la chica para mirar a su hija mayor.
–Si Victoria, te comprendo… Y lo siento tanto querida, yo confiaba en tu padre. Lo dejé todo en sus manos y admito que fue el peor error de mi vida, lo lamento querida… –Dijo mirando a Sophia. La chica meció su cabeza frente a la mujer y miró a su madre.
–Yo lo único que quería era conocer a la mujer que me dio la vida.
–Pero ¿de mucama nena? ¿No podrías solo haber venido con tu verdad? Una sola ojeada a su parecido y todo estaba solucionado… –Sophia sonrió frunciendo los hombros y Victoria volvió a rodar los ojos.
–¡Pero ya está mamá! ¡La encontré! encontré a mi pequeña Alma y está viva y ahora sé que no quiero que vuelva a alejarse de mi vida nunca más… –Victoria la abrazó y Elena se sonrió.
–Me imagino hija, me imagino. –Aseguró Elena, y Brenda prosiguió.
–Bueno, nosotras también estamos muy contentas de que hayas venido a casa…
–Victoria decía que sin vos, su Alma no existía, ya que estaba Serena, pero sin Alma era un ser que solo vivía por y para la niña… ¡Aquella! –Señalo a la otra chica que observaba todo petrificada sin decir una sola palabra, solo miraba con esa mirada asquerosa de odio.
–Es que yo… Vos naciste primero, y pensé en que las llamaría conectadas, fue entonces en el que pensé en ‘Alma Serena’… Pero en cuanto me dijeron que la primera niña… Había fallecido, pensé en que estaba Serena, pero que no tenía Alma… ¿Se entiende verdad? –Se sonrió viendo como los ojos de Sophia se cargaban emocionada por lo que su madre creía.
–Entonces hagámoslo, puedo cambiarlo todo, puedo cambiar mi nombre y mi vida por vos… Tanto que te necesité parece, tuve siempre un vacío hasta conocerte… Ella tiene que ser Guerrero pues… Yo puedo ser Alma Guerrero. –Aseguró la chica sonriente.
–¿Lo harías pequeña? ¡Oh Sophie! –La abrazó y presionó contra ella con amor. –Oh… Ahora si mi Alma esta Serena… –Rió Victoria y ambas se abrazaban emocionadas. Las Bandi se alegraron por madre e hija, pero Serena…
–¡BRAVOO! ¡BRAVÍSIMO! ¿Ya acabó la falsedad? Porque tengo que dormir, mañana realmente tengo un evento importante y no puedo fallarle a MI novio… –Decía la morena con los ojos celestes muy abiertos y la respiración forzada de la bronca.
–¡Serena! –La retó Brenda.
–No tenes que seguirle a esto Sere… Ya cortala amor… –Dijo su tía Natacha, pero ella meció su cabeza crédulamente.
–Nah, nah, nah… No me vengan con la cosa esa que aceptan a la sirvienta como parte de la familia ¿Ok? Les doy el fin de semana, luego la quiero fuera de mi vida.
–Ay niña… No sé qué es lo que se me escapó a la hora de educarte, porque cada modal que te enseñé es como si se lo hubiese llevado una ráfaga de viento ¡Comportate!  –Se quejó Victoria.
–Ya Serena… –Se acercó Sophia frente a su hermana y la miró hacia los ojos. –¿Qué es lo que queres de mí? ¿Qué es lo que yo puedo darte para que todos podamos ser felices en paz? –Serena rodó los ojos y rió con gracia venenosa.
–¿Encima te haces la víctima? ¡Lejos te quiero! –Sophia negó.
–Bueno, pero vas a tener que desear otra cosa porque eso no lo vas a tener chiquita caprichosa, mami no puede comprarte a la lámpara de Aladino asique Pedime lo que desees… ¿Qué es? ¿A papi? ¡Olvídalo! No me voy a alejar de papi, porque fue mi padre primero, y doblemente fue mi madre primero antes que la tuya asique tampoco me resigno a perderla… ¿Por vos? ¡NO! –Aseguró frente a ella y Serena hizo dos puños a sus costados poniendo los nudillos en blanco.
Bajó la cabeza fijando su vista en Sophia, midiendo la distancia y sin darle tiempo a reaccionar extendió una mano y le golpeó la mejilla. Luego amarró una mano a su cabello a lo largo y tiró, todo aquello en fracción de segundos.
–¡NO SERENA! –Corrió Victoria hacia sus hijas. Sophia pidió una sola vez que la soltara y golpeó la parte trasera de su rodilla haciéndola caer.
–¡NO VUELVAS ATOCARME ZORRA! –Se levantó subiéndose alrededor de su hermana que había quedado tirada y le golpeó la mejilla con varios cachetazos luego de acercarse a ella frente a frente. Tomó sus brazos a ambos lados y la otra se retorcía bajo Sophia.
–¡SOLTAME! ¡SOLTAME IMBÉCIL! ¡ME LAS PAGAS SOPHIA! ¡ME LAS VAS A PAGAR LO JURO! –Se quejó Serena bajo Sophia y esta reía. Finalmente, el chofer de la casa levantó a Sophia de arriba de su hermana y las separó. –¡MALDITA INEPTA ADOPTADA! ¡NO SOS MI HERMANA SOS UNA MALDITA BASTARDA DE LA CALLE Y SIEMPRE VAS A SERLO! –Le gritó.
–¡ESO NO ES CIERTO! ¡LA ADOPTADA SOS VOS MALDITA LOCA! ¡ALEJATEEE! –Se desafiaban, Sophia era sostenida por su madre y Serena por el chofer.
–¡SOLTAME! ¡SOLTAME IDIOTA QUE LA MATO! ¡LA MATO A ESA BASURA! ¡SIRVIENTAAAA! –Ambas se rebajaban pero Victoria no aguantó mucho tiempo más.
–¡SILENCIO! ¡SE CALMAN O LAS CALMO DE UN GOLPE SI ESO ES NECESARIO! ¡PAR DE LOCAS! –Se quejó.
–¡Ella es la loca! –se quejó Sophia.
–¡VOS SOS LA IDIOTA! –Gritoneó Serena y Victoria tomó el cabello de Serena y tiró caminando hacia Sophia tomando el cabello de aquella otra.
–¡SILENCIO! O se aprenden a llevar bien por lo menos mientras yo las esté viendo o juro que las DEJO SIN PELO ADEMÁS DE QUE LAS CASTIGO POR UN MES. Y créeme, puedo hacerlo… –Dijo hablándole a Sophia en esto último. Las chicas se desafiaron con la mirada al momento en el que refunfuñaban por el tirón que les daba Victoria. –Ahora… ¡Pídanse disculpas!
–¡OLVIDALO! –Se quejó Sophia.
–¡NI MUERTA! –Protestó Serena.
–¡AHHH! –Gritaron ambas a la par cuando Victoria volvió a tirar.
–¡HACEN LO QUE DIGO! ‘PERDÓN HERMANITA’ ¡AHORA! –Ambas negaron hacerlo y una vez más gritaron.
–Ay Victoria… –Acotó Elena.
–¡VOS NO DIGAS NADA MAMÁ! ¡HAGAN LO QUE DIGO! –Interrumpió a su madre y esta abrió mucho los ojos apartándose. Natacha y Brenda solo se reían ante la situación tan íntima y familiar.
–Perdón hermanita… –Murmuró Sophia.
–¡MAS ALTO SOPHIA GUERRERO QUIERO ESCUCHARLAS! –Se quejó tirando un poco más haciéndolas gemir.
–¡Perdón hermanita! –Dijo Sophia al fin y fue soltada por su madre.
–¿Serena…? –La chica bufó cruzándose de brazos así toda inclinada como estaba y negó. –¡Puedo estar así toda la vida Serena Bandi! ¡Toda la vida Y LO SABES! –Serena murmuró una incoherencia y Victoria la miró. –¿Qué? ¡No escuché nada! –Serena frunció los hombros.
–Ese no es problema mío, ya lo dije una vez no me obligues a hacerlo de vuelta… ¡Que humillante MALDICION! –Se quejó.
–¡Hey a mí me hiciste decirlo alto! –Se quejó Sophia y Victoria asintió.
–Es cierto, las reglas son justas para las dos. ¡AUDIBLE! –Gritoneó.
–¡PERDÓN HERMANITA! ¿YA? –Gritó furiosa y su madre la soltó y luego la aplaudió, Sophia no puedo evitar reírse, todas lo hicieron excepto Serena claro. –Esto es una maldita mierda. –Dijo al fin y se echó a caminar hacia las escaleras. Sophia se desanimó viéndola ir y bajó la mirada algo entristecida…
–Ah ¡AMARGADA! –Le gritó Victoria a Serena quien ya desaparecía de la vista y abrazó a Sophia. –Lo siento por el tirón nena, me tomó la maternidad y tuve que hacerlo, se estaban matando… eu… –Dijo viendo su cara. –Tranquila mi amor, ya va a entender, ya se van a llevar bien lo prometo ¿Si? –Sophia asintió.

–¿Podemos cenar ya? –Preguntó Brenda y Emilio asintió bastante alegre. Todas se dirigieron al comedor.


CONTINUARÁ...

miércoles, 4 de febrero de 2015

Décimo Segundo Capítulo:

*Serena POV*

La tarada se fue, pero por más que luego me arrepienta tenía que darle la razón a lo que dijo. Yo jamás le prestó atención a mi mamá, pero ahora, verla así me hizo parar el corazón, me di cuenta de cuanto la adoro, y de cuanto la desatendí…
Ingresé en la habitación y ella estaba con su cabeza apoyada sobre sus brazos, lloraba sin consuelo y ni siquiera sé porque. Rápidamente me agaché y la abrasé, jamás pensé que la abrazaría con tanta necesidad…
–Ay mi Caramelito… –Suspiró. La miré y ella me miró, sus ojos estaban hinchados, ella hacía un ratito que lloraba. Mis lágrimas se hicieron notar, Oh por dios ¿Estoy llorando otra vez? –No, no llores mi amor…
–¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras así? Vos no lloras… –Le dije. Me está haciendo mierda el corazón. Mientras que también me sorprendía por cuan mal me hacía verla mal a ella.
No sabía que yo me pondría así por ella, la verdad que esto me hace dar cuenta de cuanto la adoro y cuanto quiero que jamás vuelva a estar así.
–Por cosas, recuerdos que se me vienen a la mente, que me hacen mal y… –Se quedó callada y yo la miraba. –Recordé a tu padre Serena… –Suspiró. ¿A él? ¿Él tiene la culpa de su llanto?
–¿Mi papá? –Dije mirándola a los ojos. Ella esconde algo y supongo que es hora de que lo diga ¿No?
–Si… Vos, vos sabías que yo amaba a tu padre. –Asentí, ella me contó la historia de amor más dulce que había escuchado desde pequeña, cuando el viejo maldito de mi abuelo murió fue cuando ella se animó a contarme la falta de mi papá.
Ese viejo lo único que le dejó a mi madre y a mí fue el carácter y la empresa, porque si no ya hubiese ido a escupirle la tumba por maldito. –Bueno, ahora me queda decirte que tu padre no murió. O, eso creo… –¡QUE!
–¿Hablas enserio? –Dije extendiendo mis ojos. Mierda, quizá pueda conocer a mi padre, y quizá… Los pueda juntar, quizá podamos volver a ser una familia, los tres…
–Si… Perdóname, es que yo me enteré hace apenas dos meses. Lo investigué. Él vive en el barrio de la fábrica, es un muy reconocido corredor de carreras. Pero se retiró cuando se casó. –Cerró los ojos. Oh, ya pisoteaste mis sueños ma… –Desde ese momento volví a investigar sobre él. Su esposa murió hace dos años, pero él quedó con una pequeña, él tiene una hija… –Dijo y eso si me asombró. Tiene una hija, ¿Tengo una hermana?
–Una hermana… –Dije asombrada, no soy única, tengo una hermana…
–¿Qué decís? –Dijo ella mirándome. Acaricié su mejilla y le supliqué.
–Sabes en donde vive ¿no? –Dije viéndola y ella asintió. –¿Me dejas buscarlo, me dejas mami? –Pregunté y esta miró al techo tratando de contener sus lágrimas. Luego de que sus ojos dejaron de lagrimear, me miró y finalizó por asentir.
–Si eso es lo que queres… –Dijo y no pude evitar volver a abrazarla. Mis lágrimas salieron sin parar.
Tantos años esperé poder conocerlo.
Lo único que tengo de él es una foto de cuando tenía mi edad junto a mi mamá. Es lo único que conozco de él. Y ella siempre me dijo que soy muy parecida a él. La verdad que saber que esta con vida, cuando yo y mi mamá nos rendimos al saber que él había muerto, porque el maldito Octavio nos volvió a mentir parece…
–Maldito viejo, ese Octavio era una basura mamá…
–Me enojé… pero ella no dijo nada al respecto, sabe que es verdad. Es algo que me pone muy feliz, sueño con una familia desde chica.
Pero ahora que me cuenta que todo fue una farsa y que él esta con vida, puedo volver a soñar. Puedo volver a soñar con un padre, con una madre, como todos los otros niños normales, con la casa, la reja, el pasto, el árbol y el perro… Me sonreí y mi madre me miró sonriente.
–¿Te pone contenta saber que vas a conocerlo verdad? –Dijo y asentí sin más preámbulos.
Soñé toda mi vida con él, hasta era el regalo que siempre estaba en mi lista para mi navidad perfecta. Siempre quise un padre celoso, cariñoso y tierno que me defendiera de las peleas con mamá, que me aparte de todo lo malo que es el mundo, que me arrope por las noche, una papá que me contara cuentos de terror y que luego no pueda dormir como eran los otros padres, que me llevara de campamentos al aire libre, siempre quise eso… Un papá.
–Es con lo que sueño desde chica, y lo sabes… –Dije y ella asintió.
Siempre que le decía que coqueteara con el menso de Lorenzo Amador era por eso, quizá podríamos haber formado una familia, pero mamá insistía que siempre amó y que seguiría amando a mi papá de verdad. Luego dejé de insistir, porque Amador se casó con la secretaria de mamá y bueno, ya nada pude hacer…
–¿Cuando me vas a decir en donde vive? –Dije mientras se sonreía. Mi mamá se puso rígida y luego de acariciar mi rostro se dirigió al cajón del escritorio, ese que lleva llave siempre.
–Acá. –Sacaba una especie de planilla –Están todos los datos de tu padre, nuestro personal de seguridad lo investigó y… –Se sonrió muy emocionada. –Sigue siendo el mismo hombre increíble con el que concebí dos niñas hermosas. –Sonreí y le di un beso en la mejilla y un fuerte abrazo.
–Gracias mami, no sabes lo feliz que me estás haciendo… –Le dije y ella asintió, lagrimeamos un poco más y luego me miró para terminar de decir:
–Anda a acostarte querida, mañana vas a levantarte y va a ser otro día hermoso… ¿Si? –Asentí.
–Chau mamá. Hasta mañana. –Me acerqué a la puerta.
–Que descanses linda. –Asentí y salí de la habitación. Soy tan feliz, mi papá está vivo ¡Esta vivo! Mañana va a ser un hermoso día, mañana y pasado y al día siguiente, todos van a ser un gran día, un gran, gran día… “Marcos Guerrero” Leí en la planilla y sonreí, ‘Serena Guerrero’ suena muy bien…
~~~~~~~~
Mamá dijo que lo mejor era ir el lunes, asique le hice caso y caminamos juntas por las escaleras, Emilio extendía dos vasos de jugo especial para las dos, él sabía, lo sé.
–¡Que hermosa sonrisa chicas! –Asentí y me apegué a mi mamá.
–Vamos a ir a buscarlo. –Miré a mi mamá quien tenía los ojos brillantes, no estaba muy convencida, pero lo hace porque sabe que voy a ir a hacerlo con o sin ella.
–Lo van a encontrar mi amor. –Me acarició un brazo y dejé el vaso sobre la bandeja sobre el mueble.
–Bueno, ¿Ya estas Victoria? –La miré y alzó una ceja, rodé mis ojos y me resigné. –¿Mamá? –Pregunté y ella asintió.
–Mucho mejor y si ya vamos, esperame que…
–¡Ooooow! –Me quejé y ella rió caminando a su escritorio. Luego volvió corriendo con sus altos tacos, reímos cuando casi se cae agarrándose del hombro de Emilio.
–¡Cuidado corazón! –Reímos un poco más.
–Vamos ya. –Asentí y saludamos a Emilio para salir hacia el auto, el chofer miró a mamá y esta negó. –Hoy manejo yo Martín, gracias. –Extendí los ojos y la miré sin entender ¿Mi mamá maneja? Me miró. –Se manejar, tu padre me enseñó, es lo que estábamos haciendo cuando tu abuelo me encontró, teníamos tu edad. –Sonrió y subí adelante junto a ella. –¡Cinturones! –Dijo y asentí poniéndome el cinturón de seguridad al igual que ella lo hacía.
–¿Estas segura no? –Asentí. –Mira que si arranco ya no podemos volver hacia atrás.
–¡Arranca ya! –Gritonee y ella sonrió prendiendo el motor y saliendo por la puerta de la entrada de casa. Estamos yendo a buscarlo, a verlo. No puedo ni imaginarme verlo.
~~~~~~~~
Estábamos a unas tres o cuatro cuadras de la fábrica, cuando mamá paró en una casa con los números en una placa de madera y hermosas flores pintadas sobre ella. Miré a mamá quien miraba afuera sonriente.
–¿Conoces estas calles no mamá? –Asintió rápidamente.
–Hace muchos años no las recorro, eran de tierra antes, después las asfaltaron, la madre de tu padre vive acá a la vuelta.
–¿Tengo otra abuela? –Pregunté y ella asintió.
–Una muy buena persona. –Sonrió y la imité. –Bueno, bajamos ¿Ya? –Asentí algo nerviosa y bajamos del auto de mamá.
–Bueno Seri, no sé qué es lo que vaya a decirnos, o como vaya a reaccionar. Asique tómatelo con calma ¿Si caramelito? –Asentí y caminamos hacia la puerta, sonreí y nos paramos frente la puerta. Ella me impulsó con la mirada a que presione el timbre y así hice.
Luego de un rato, un hombre con gran figura, y cabello, ojos y piel obscuros me observaron. Su cabello negro y oscuro, rebelde, sus ojos grandes y su sonrisa blanca. Suspiré y este miro, primero a una y luego a la otra para sonreír.
–Victoria… –Murmuró con una sonrisa. Se lo veía pálido y algo debilitado. Fruncí el entrecejo cuando mamá presionó mi hombro.
–Marcos Guerrero. –Murmuró en respuesta. Me di la vuelta y la vi sonreír. Luego de pequeño largo tiempo, él habló.
–Pasen, pasen. –Dijo y se hizo a un lado de la puerta. Ingresamos y caminé buscando un bebé, una niña o una adolescente, pero nada encontré.
–Marcos, vine a… –Él la cayó mientras me observaba y luego la miraba a ella.
–Es mía ¿no? Tiene tu nariz, y mis ojos, y mi pelo. –Rió cuando tocó mi cabello y sonreí, mamá también sonrió emocionada cuando él me abrazaba por los hombros. –Estaba esperando que vinieras, hace dieciocho años espero que vengas. –Dijo y mi mamá se congeló. Sé que es un tema delicado para ella. Hay un aroma acá que yo reconozco… No sé de dónde.
–Marcos, yo puedo explicarte, pero necesito que sepas que hubo otra niña, necesito que sepas todo lo que sucedió cuando… –Se acercó a ella y presionó sus labios con los dedos.
–Estas igual Princesa… –Murmuró y me alejé caminado hacia unos metros detrás de ellos, mamá y MI PAPÁ, sonreí, es oficial, puedo decirlo, estaban colmando el aire de tensión y calidez.
Mamá los miró a los ojos, Marcos le tomó los hombros y quedó frente a ella, sus cabezas muy juntas, sus miradas unidas. Las respiraciones se agitaron sin motivos, o por lo menos eso siento yo, y noté que olvidaron mi presencia, me senté despacio sobre el sillón mientras se debatían con la mirada cerca de la puerta. Detesto las películas de amor, pero esta, esta es la mejor película que vi en toda mi vida.
Y cuando se estaban por besar, lo sentí, ella y él querían besarse, la puerta sonó y Marcos se alejó de Victoria tensándose. El que fuera me va a tener que dar explicaciones de porque mierda interrumpió a mis padres en su reencuentro.
–¡Hola papi, ya llegué!  –Ella pasó por la puerta y casi que me atraganto con mi propia saliva. ¡MIERDA!

–¿¡Y VOS QUE MIERDA HACES ACÁ!? –Me quejé y todos nos quedamos atónitos. ¿PAPI?

*Sophia POV*
Me levanté de la cama hoy en la mañana con una horrible migraña, hacía mucho tiempo que no tenía de estos dolores de cabeza. Caminé sobre la casa Bandi caminando hacia la puerta cuando Ariana me miraba, ella comenzaba la rutina en la casa.
–Suerte Ari. –La saludé yendo a la puerta de servicio para ir a casa.
–¡Hasta el viernes Sophie! –Gritó detrás de mí.
Caminé hacia la parada del colectivo con lentitud, seis y media de la mañana, tengo media hora de viaje, el sol aún brillaba el horizonte sin salir, pero el cielo estaba claro, estaba a punto de salir. Caminé entre la gente escuchando mi lista de reproducción en el celu. El que me pude comprar con el sueldo, todo iba perfecto, papá estaba mejorando, aunque aún estaba pálido y con sus ojeras. Su anemia iba mejorando.
Los médicos me dijeron que papá jamás moriría por aquello, cosa que me tranquilizó, él no tenía nada fuerte. Pero su presión subía y bajaba como termómetro.
No era una enfermedad, sino un signo que puede estar originado por varias causas, una de las más frecuentes es la deficiencia de hierro. Eso es lo que le pasaba a él y por eso debía tener un frasco de hierro cerca siempre, cosa que debía comprar a diario. Pasó cuando había dejado de comer por mi madre, dos años después tengo que estar atento a él para que almuerce, cene entre las comidas.
Leí que cuando existe anemia severa, los tejidos y órganos del organismo no reciben suficiente oxígeno, la persona se siente cansada, su pulso esta acelerado, tolera mal el esfuerzo y tiene sensación de falta de aire, y eso mismo es lo que él tenía. Por eso no lo dejo trabajar, él está mejorando de a poco. El proceso fue largo y ahora puedo decir que está bastante bien, su médico me dijo que el dentro de poco va a poder abandonar las sesiones.
Sonreí para mis adentros y presioné el timbre llegando a la parada de a dos calles de la mía.
Cuando llegué a casa, tomé las llaves y abrí la puerta.
–¡Hola papi, ya llegué! –Sonreí, pero pronto dejaba mis sonrisas cuando sentía que me daba una patada al estómago. Ellas estaban acá, ¡Oh no! Ellas ya lo saben. Mi papá estaba muy cerca de Victoria y pronto la alejó al verme y extendió los ojos.
–¿¡QUE MIERDA HACES ACÁ!? –Se quejó y levanté una ceja.
–¡Serena! –La retó Victoria y caminó hacia mí sin respirar. Miró a mi padre y este le asintió. Tocando mi rostro, sus ojos se aguaron, oh ella se está despertando…
–Marcos… –Murmuró y me acarició el rostro. Su mano me recorrió la mejilla dejándola descansar en ella y yo la acaricié.
–Tu padre la dejó en mis brazos a unos días de nacida, me dijo que vos la creías muertas, yo ya estaba casado y Carolina no podía tener hijos. Me morí de angustia al saber que la rechazaste. Carolina echó a tu padre de nuestra casa y luego de ver la mirada de ella noté que era mi hija. Carolina se enamoró de ella y la crió junto a mí como si fuese nuestra… –Victoria se tapó la boca mirándome y sus ojos no tenían un párate para las lágrimas, noté que yo tampoco.
–Oh por favor… Mi bebé… Estas viva. –Sonrió y me aferró a ella, reí y ella me imitó. –Mi amor, mi chiquita… –Susurró cerca de mi oído y pronto me sentía completa, ella era lo que me faltaba, este era mi vacío.
–Mamá… –Ella gimió y me presionó.
–No puede ser… –Murmuró Serena y pronto se ponía pálida. Mi papá la observó y se acercó a ella.
–¿Acaso jamás sentiste nada al verla pequeña? ¿No? –Preguntó y los ojos de Serena parecían un lago color celeste mientras asentía.
–Odio, ella, ella… –Se tomó un costado de la cabeza.
–¿Estas bien? –Preguntó mi padre mirándola y ella negó.
–Mami no me siento bien... –Murmuró. Victoria se acercó a ella arrodillándose a su lado y miró hacia nosotros, papá me había abrazado.
–¿Un poquito de sal? –Pidió y asentí caminando hacia la cocina, después de tanto odio, rencor, y lágrimas, estaba ayudando con su salud.
Volví a la cocina y le entregué el tarrito de sal.
–Gracias cielo. –Dijo inconsciente y sonreí. Serena parecía absorta a todo.
–No me siento bien, nada bien… –Murmuraba Serena y mi madre puso un dedo de sal en su lengua.
–Tranquila nena, está todo bien, tranquila. –Serena saboreó la sal con asco y luego mamá la recostó sobre el sillón. –Tranquila amor, tranquila. –Murmuró y Serena cerró los ojos.
–¿Ella va a estar bien? –Preguntó papá y mamá asintió.
–Es solo un bajón de presión, todo está controlado.
–Podríamos quizá, recostarla en la cama. –Asentí y Papá pasó su brazo sobre su hombro. Negué.
–No podes hacer esfuerzos. –Espeté algo seria y papá me miró con una ceja alzada tomando a Serena en brazos.
–No es necesario Marcos, ella puede caminar. –Papá negó.
–Yo estoy perfecto Sophia y lo sabes, tu hermana…
–No somos hermanas. –Murmuró Serena interrumpiendo y mi padre la miró sorprendido.
–Si lo son, claro que lo son. Tu padre y yo somos testigos de eso, escuchaste la historia, ya terminala con ese odio sin sentido. –Gruñó con tranquilidad y Serena me miró intensamente, corrí la vista.
–Ni muerta. –Murmuró y cargué mis ojos...

CONTINUARÁ...

Décimo Primer Capítulo:

Pasó un largo mes, por lo tanto hace un tiempo que trabajo en “La Mansión Bandi” y la verdad es que no puedo quejarme, excepto que tengo que aguantar las tonterías de Serena con ‘¡Quiero más agua idiota!’ o ‘Llevate este café y hacé otro como la gente o te lo voy a hacer tragar’ entre otros maltratos que he tenido que soportar de ella. La verdad es que ‘Mi madre’ jamás se da cuenta de que me trata mal.
Cuando ella está, tengo tiempo para respirar, ahora en los sábados por la noche cuando mi madre tiene cenas o fiestas importantes. No sé qué le pica que no se va temprano y hace mi vida miserable, lo que me consuela es que Victoria llegaría pronto a la casa. Jamás llega después de las doce.
Hoy sábado, primer sábado de Octubre, tengo que soportarla ya que Victoria hoy tenía la fiesta en la que estarían los Empresarios más importantes del país, o al menos eso escuché.
–¡Idiota! –Gritó Serena mientras se acercaba a mí. –¿Por qué te pusiste la falda tan corta? –Dijo con el ceño fruncido. –Para que sepas que acá no venís a modelar, venís a ¡Tra-ba-jar! –Dijo bajando mi falda.
–¡BUENO BASTA! –Dije empujándola de mí, en un grito mientras esta borraba la sonrisa de maldad que llevaba anteriormente y me miraba como un asesino a su víctima.
–¿Me hablaste a mí, sirvienta? –Dijo apoyando su dedo índice en su pecho señalándose.
–¡SI A VOS IDIOTA! –Dije ya muy enojada por lo malditamente desesperante que era la chica. Solté el trapo acercándome a ella –Concuerdo con que soy tu estúpida sirvienta, pero tené un poco más de respeto y ni te pienses en volver tocarme ¿Ok? Porque me dejo maltratar por vos, pero no voy a dejar que me toques… ¿Escuchaste? –Dije enojada, esta levantó una ceja. Apretó los dientes y cuando iba a responder la puerta de la entrada se oyó.
–Decí algo sobre esto y voy a hacer tu vida miserable. –Me murmuró.
–¿Más de lo que ya la haces? –Respondí. ¿De dónde había sacado tanta valentía?
–¡Me las vas a pagar! –Murmuró.
–¿Sophia? ¿Emilio? –Llamó Victoria al caminar hacia la cocina. Hasta que llegó. –Acá estas Sophia. Hola Seri, ¿cómo estas caramelito? –Me sonreí. Esta me fulminó con su mirada mientras respondía.
–Bien mamá, pero ya te dije mil malditas veces que no me digas así. –Respondió la maldita gruñona. Me mostró su dedo medio y caminó fuera de la cocina con propósito a irse, pero su madre la frenó.
–¿Salís esta noche caramelito? –Dijo sin importarle lo que ella le acabó de decir hacía menos de tres minutos.
–¡Dios! ¡SI! –Gruñó esta y se escucharon sus pasos por la escalera.
–¡Ash! –Meció su cabeza tratando d comprender a su hija. –Hola preciosa. –Dijo apoyando su mano en mi hombro. –¿Viste a Emilio? –Dijo levantando la mirada de su teléfono. Frunciendo el ceño, miró a todos lados en su búsqueda hasta no verlo, para luego devolver su mirada al teléfono.
–Am, sí. Emilio se sentía mal y su madre le ordenó ir a descansar. –Dije viendo como presionaba con sus dientes su labio inferior y tomaba una de sus mejillas. Ella se veía bastante hermosa con el vestido negro de noche largo y el tapado de igual color, los zapatos altos ayudaban bastante a su estética, ella se veía más alta, más joven, mucho más joven y muy hermosa. Su piel y rostro eran tan bonitos que hasta ahora entendí de donde mi piel salió tan blanca.
–Ah… Está bien gracias pequeña. Ya es tarde, anda a acostarte. –Dijo mirándome.
–Bueno. Gracias. –Vi como estaba por pasar el marco y dije. –Buenas noches señorita Victoria.
–Que descanses Sophia. –Respondió junto a una sonrisa y caminó hacia su oficina.
Caminé hacia mi habitación y luego de ponerme el piyama me recosté y miré hacia el techo… Su sonrisa preciosa, mis dientes se parecen a los de ella. Mis ojos se sombrearon y pronto mis sienes se humedecían de lágrimas, ella tiene que saberlo, ya no lo aguanto, lo poco que la conocí sé que es una persona hermosa, y ya estoy totalmente segura d que m cree muerta, una vez le pregunté si quería más hijos y ella respondió que ya tenía una, dentro de su corazón. Lloré más extenso, la quiero, la necesito. Mientras me debatía en decirle o no decirle me acomodé y caí en un profundo sueño.

~~~~~~~~~



De pronto, me desperté. Miré el horario y mi reloj decía que eran las dos de la madrugada. Me levanté con la necesidad imperiosa de tomar agua cuando al llegar a la sala, un sonido llegaba desde la oficina de Victoria. ¿Todavía estaba ahí?
Me acerqué y vi como bostezaba mientras tenía los ojos posados en la computadora haciendo click, tras click y con una mano apoyada en su mejilla, poniendo el peso de su cabeza en todo su brazo.
Esa imagen me dio tanta ternura, que caminé hacia la cocina e hice el té más fugaz que haya hecho jamás. Luego con este ya hecho, caminé hacia la oficina y se lo llevé junto un pequeño bombón y por supuesto, mi vaso de agua.
Ingresé a la oficina con todo en una bandeja y la encontré en una de las escenas más tiernas y ridículas que pude habérmela imaginado jamás.
Ella ya estaba dormida sobre su regazo por encima del teclado de su notebook. Me acerqué a ella, tomé un mechón que sobraba sobre su rostro y, supongo yo, que el frío de mi mano la hizo despertar.
–Sophia… ¿Qué haces despierta tan tarde? –Dijo mirando su reloj en la muñeca derecha. –¡Oh por dios que tarde es! Y yo me quedé dormida. –Dijo estirando su cuello para un lado y luego hacia el otro.
–Lo siento, no quise molestarla. Pero la vi tan cansada que me tomé el atrevimiento de hacerle un té. –Dije algo ruborizada, le hablo como se supone que tengo que hablarle a un jefe. Ella alzó la mirada y se sonrió.
–¡Ey! No tengas vergüenza, yo tengo que agradecerte el gesto. –Dijo tomando la bandeja junto a su enorme y hermosa sonrisa. –Pero todavía no entiendo que haces despierta tan tarde. –Dijo ella frunciendo el ceño.
–Am, no, no la estaba espiando eh… Yo me levanté a tomar agua, cuando escuché que venían ruidos desde acá, entonces me acerqué y la vi mirando su computadora, y ahora vuelvo con el té y la veo durmiendo. –Dije aún más ruborizada. Me dio ternura es todo. Recordarla me hizo sonreírme.
–¡Ey! ¡No me cargues niña! –Dijo sonriendo también al verme a mí.
–Perdón. –Dije viéndola devorarse el pequeño bombón. Me sonreí y ella enrojeció.
–Supongo que te habrás dado cuenta de mis antojos constantes con los bombones… –Dijo con una sonrisa grande. Le asentí con la cabeza.
–¿Quiere que vaya a buscarle más? –Su cabeza se dobló a un lado mirándome. Se quedó mirándome mientras su sonrisa se iba desapareciendo, quedando zambullida en sus pensamientos mientras me miraba. –¿Le pasa algo señorita Victoria? –Pregunté sin entender porque me observaba así, pero yo lo entendí. Ella asiente algo al verme, lo sé… Yo también lo siento.
–No, no. –Dijo retomando su sonrisa, agarrando el vaso de agua y tomando un trago.
–Am, el vaso de agua era para mí. –Dije ruborizada, ella me miró con medio vaso ya ingerido.
–Oh, perdón. Me lo hubieras dicho pequeña. –Dijo con su enorme sonrisa. –Vení, sentate. Jamás, desde que trabajas acá, mantuvimos una charla. –Dijo parándose y acercándome el asiento frente su escritorio.
–Usted… ¿Esta segura que quiere charlar conmigo? –Dije, ella me preguntará sobre mi vida y demás, realmente no tengo ganas de hablar sobre esto a las casi tres de la madrugada.
–Oh, claro que sí. Hubieses traído un té para vos también. –Dijo sonriente. Yo asentí y fui en busca de la tetera. Traje una taza más y una bandeja con bombones. Volví a la habitación y ella se encontraba apagando su computadora y limpiando sus lentes para luego guardarlos.
Me senté y le serví otra taza mientras sonriéndose tomaba otro bombón, y obviamente, muy amable me ofrecía uno, mientras lo tomaba…
–Bueno… –Suspiré. –¿Qué quiere saber sobre mí? –Pregunté.
–En principio quiero que sepas que no quiero meterme en tu intimidad, solo quiero conocerte. –Me miró con su sonrisa. Tiene razón, tampoco es que está investigándote Sophia, ¿O sí?
–Sí, seguro. Lo siento, sonó mal mi pregunta. –Ella asintió en respuesta de que aceptaba esa disculpa y prosiguió.
–Quiero saber sobre vos, de lo que vos quieras contarme, ¿acaso tenes un talento, un hobbie? ¿O algo así? –Dijo tomando aquel rebelde mechón y posándolo tras su oreja. Sonreí y negué. No… No tenía talentos.
–No… –Murmuré. Pero luego recordé. –¡Oh sí! ¿Cómo olvidar la pasión de mi vida? –Dije sonriendo, ella se sonrió junto a mí. –Am, si hay algo y realmente soy muy tonta al haberlo olvidado.
–No es así, solo lo olvidaste, tenes porque. –Dijo luego de mover su cara hacia un lado y entrecerrar los ojos para desmentirme. –¿Qué es eso? –Preguntó ansiosa y yo respondí.
–Mi pasión es el piano… –De pronto sus ojos se iluminaron.
–¿Tocas piano? –Dijo ella mirándome. Estaba como ¿Sorprendida?
–Si… ¿Le molesta? –Pregunté algo confusa por su reacción. ¡O vamos! ¡No puede echarme por eso!
–¿Molestarme? Amo el piano, no… –Suspiré, Me asuntaste mamita querida… Entonces, ¿Lo llevo en la sangre? –Me sorprendiste –Dijo con una amplia sonrisa. Luego miró hacia abajo, como recordando. –Cuando era chiquita, mi papá me notó viendo el instrumento en una imagen, entonces me preguntó si quería aprender a tocarlo y desde ese momento, jamás paré hasta aprender a tocar. Finalmente, mi papá un día apareció con un Gran piano blanco, ese que está en el living ¿Viste? –Asentí. Muy buen piano, ya me las pasé tocándolo varias veces cuando solo estaba Emilio en la casa. Él es tan amable, tan buena persona. Ella volvió a hablar. –Y luego, bueno, me terminó mandando al extranjero, a estudiar. Luego de ese viaje… –Suspiró, ¡Oh ahora lo recuerdo! Mi abuelo la había mandado al extranjero para tenernos a mi hermana y a mí. –Jamás volví a tocar… –Dijo con dolor en la voz… Me dio tanta pena, ella parecía tan vulnerable. Necesito ver si me cuenta sobre papá…
–¿Y porque su papá la mando al extranjero? –Ella palideció y luego de eso tartamudeó…
–Eh, eso, bueno, fue una situación, complicada… Cosas tristes que no son bonitas para contarte a estas horas. –Dijo con una sonrisa. Si, fue por papá. Pobrecita. Igual, eso explica porque nací en Washington DC ¿no?
–Está bien, no puedo obligarla, si no quiere… –Dije dando un largo suspiro.
De pronto, me doy cuenta que ella ni siquiera me escuchó, estaba hundida dentro de su cabeza, mirando hacia el escritorio, una mirada de tristeza y angustia rondaba por su rostro, y de pronto, noté que sus ojos comenzaron a aguarse ¿Esta por llorar?
–Señorita Victoria ¿Se siente bien? –Ella me miró y rápidamente volvió.
–¿Qué..? –Logró murmurar y noté que una lágrima resbalaba por su mejilla.
–¿Le pasa algo? Está llorando… –De pronto ella calló en la cuenta que era así, asomó un dedo a su mejilla y secó la lágrima mientras me miraba.
–Oh, Sí. Recuerdos… –Dijo volviendo a sonreír. La miré y le di una sonrisa, pero ella bajó nuevamente la mirada luego se golpeó levemente las piernas y se paró. –Bueno… Va a ser mejor que vayas a descansar sino mañana se te va a hacer muy difícil despertarte ¿Si? –Dijo mirándome.
Le asentí y recogí todas las cosas para llevarlas hacia la cocina, llegué a la puerta y la miré para finalizar.
–Que descanse señorita Victoria… –Ella me miró.
–Igual vos linda, igual vos… –Dijo aún algo perdida. Pobrecita, parece que le hace muy mal recordar cuando nos tuvo a mi hermana y a mí. ¿Oh será que le hace mal recordar a mi papá realmente? Oh, eso puede ser…
Dejé todo sobre la mesada, enjuagué las pequeñas tazas, guardé los bombones y caminé hacia la sala cuando se escuchó un sonido desde la oficina. Estaba Victoria obviamente, pero era un sonido raro, llegué hacia ahí y la espié, ella estaba recostada sobre sus brazos, lloriqueando mientras suspiraba. Ow, pobrecita, me estaba rompiendo el corazón en millones de pedacitos. No pude evitarlo, estaba por ingresar, cuando alguien me agarró del brazo.
–¿Qué haces acá tarada? –Miré hacia atrás, ¿Otra vez? Estaba montada en altos zapatos negros con una calza azul eléctrico y un top negro que dejaba su ombligo al aire, ¡en plenas heladas! Son las heladas finales antes del verano en Buenos Aires.
–Shhh… –La reté y le señalé el interior de la habitación.
–¡Qué! –Dijo malhumorada como siempre.
La tomé del brazo y la puse delante de mí mostrándole a su madre llorando. Si eso no le hacía bajar veinte cambios, es porque realmente le importa un carajo todo.
–Tu mamá, llora… ¿Y vos? De fiesta por ahí. Una sola cosita, cuida lo poco que tenés, porque si no la valoras ahora que la tenés, dios te la va a quitar por no valorar. Uno no se da cuenta de lo que tiene, hasta que lo pierde… –No quería irme, pero debía.
Me di media vuelta y caminé. Hasta mi habitación no paré. Y allí me acosté yo con lágrimas en los ojos, recordar a mi madre perdida me hacía tan mal. Ella era el centro de mi universo, ella le daba luz a mi vida, lo era todo para mí, junto con mi papá, y justamente ver a Victoria llorando desconsolada, me hizo recordarla. Creo que llegué a apreciar a Victoria más de lo que yo pensaba. Y ella me necesita, a mí y a mi papá.


*Serena POV*