Marcoria

Marcoria

martes, 31 de marzo de 2015

Décimo Quinto:

*Sophia POV*
-¿Que fue eso? -Señaló mi madre a la ahora cambiada Serena. Fruncí los hombros.
-Ella me quiere... No se que pasó. -Victoria se sonrió asintiendo y me llamó. Me recosté a su lado sonriendo y ella me tapó con la frazada.
-¿Yo te lo dije o no? -Asentí.
-Tenías razón, era cuestión de esperar... -Mamá me abrazó.
-Ella es así, es impredecible. -Me sonreí.
-Como vos... -Mamá asintió admitiéndolo.
-Así es preciosa. -Me apretó a sus brazos con fuerza.
-¡Ey! -Se quejó la morena de lejos -¿No hay lugar para mi? -Ambas reímos y ella corrió tirándose en la cama, ahora estaba vestida con ropa limpia y con el cabello húmedo como el mío. Mamá la abrazó del otro lado y se sonrió con los ojos abrillantados.
-Y pensar que casi me muero pensando que no iba a poder tenerlas así, juntas, a mi lado... Mis niñas. -La abrazamos con fuerza.
-¡Mami! Alma se quiere acostar con Matheo Kenttron, ¡pégale mami, pégale! -La miré con enojo.
-¡Sos una buchona! ¡No vuelvo a contarte nada! -Me quejé en cuanto ella se tapaba con la frazada y se escondía bajo mamá, cobarde...
-¿Eso es cierto? -Me miró soriendo y me ruboricé.
-No tenía pensado eso, es mentira. Solo admití que me gustaba y mostré interes en él. -Ella meciós su cabeza y me miró.
-Cuidate, mucho ante todo, y de todo. Y por favor, usa preservativo, ¡por favor!-Suplicó y enrojecí peor.
-¡Ay Mamá! -Me quejé y quise escapar.
-No, no te vayas. Solo te advierto. Si no quieres tener un par de estos que yo tengo. -Se rió y nos golpeó la cabeza a ambas.
-¡Ey! -Nos quejamos juntas y ella rió un poco más.
-¡Chicle! -Me pegó Serena.
-¡Chicle! -Respondí, casi al mismo tiempo.
-No, no yo lo dije primero, me debes un chicle. -Dijo ella y refunfuñé.
-¿Les dije que son lo mejor que me pasó en la vida? -Nos sonreímos y ella nos presionó en otro abrazo. -Bueno, bueno. A levantarse que es sábado, vamos a ir de compras... -Dijo con emoción y Serena rodó los ojos, yo sonreí por eso.
-No vas a obligarme a comprar la ropa que te gusta ¿No? -Mamá negó.
-Ustedes eligen esta vez... Voy a darle a tu hermana lo que realmente quiera y desee, y a vos también si no me queda otra. -Se quejó con diversión.
-¡Mamá! -Me quejé y ella rió cuando Serena la miró con los ojos entrecerrados.
-Vas a hacer que me arrepienta de querer a Alma... -Me tensé y ella saltó en mi espalda. -¡Es mentira tonta! -Se rió y caminé con ella colgada a mi.
-¡No le hagas esas bromas a tu hermana! ¡Ya las tengo que comenzar a retar como si fuesen unas niñas! -Se enojó y la abrazamos.
-Tonta -Le golpeé un brazo a Serena y ella me lo devolvió, así jugamos un rato mientras bajábamos las escaleras y mamá rió bajando con nosotras juntas mientras reímos.
-¡A pero que bonito! Salió el sol y se hizo la paz entre las hermanas... -Dijo mi ahora abuela sonriente y tomaba una taza de té, a propósito, ese té le va a encantar a papá, es riquísimo. ¡Papá! 
-¡Oh no! ¡Tengo que llamar a papá! -Serena frunció el ceño.
-Mamá lo llamó anoche, a propósito. Habló un tiempo laaargo con papá... ¿Que habrán hablado tanto, no? -Hizo una risita, le di un codazo -¡Que! -Siguió riendo, mamá se ruborizó y rodó los ojos.
-Su padre y yo tenemos unos trámites que hacer... 
-Se, se claro que si... -Seguía ¡Que tonta es!
-¡Basta! ¿Que hablamos? -La reté y ella rió un poco más tranquilizándose.
-Bueno, bueno... -Siguió riendo.
-¡Espero que no conspiren entre su padre y yo! -Dicho eso se acercó peligrosamente a nosotras.
-No, no. Eso mismo le dije a Serena que no íbamos a hacer. -Mamá levantó una ceja.
-¡Ah, pero que amables! No se los pedí, se los ordeno Alma, ¡No conspiren entre su padre y yo! -Serena rodó los ojos y yo asentí. -Si ¡Que! -Se quejó esperando respuesta.
-Si mamá... -Terminamos ambas en coro y Rosa, la cocinera nos servía sonriente.
-Buen día -Y sonreí.
-Buen día. -Respondimos las tres al unísono. 
-Bueno, después del desayuno, salimos hacia donde quieran. Quiero que comas. ¿Ok? -Señaló a Serena y ella asintió.
-¿Porque insiste? -Le murmuré y ella suspiró enojadiza.
-Solía tener crisis bulímicas. Ya pasó, pero no me cree... -Terminó y asentí. No todo era color de rosas para mi hermana.
-¡Vamos, vamos que se va la hora! -Se sonrió y comimos entre charlas voy conociendo a mi hermana y al resto de mi nueva familia.
~~~
Por la tarde volvíamos con toda una colección de ropa para cada una, la mía es mas Sweete, la de Serena es mas Rocker. Como verán hasta en los gustos somos muy distintas. Al principio me costó mucho dejar que Victoria gastara tanta plata en mí, pero luego recordé que es mi madre y vi que ella era feliz haciéndolo y la deje. Serena era distinta, para ella todo eso era normal. Bajamos en la plaza a que estaba cerca de la fábrica, que es a donde nos dirigíamos. Mamá tenía que hacer unos llamados, si hoy ¡Sábado!
-Para el año próximo, vamos a ir a la semana de la moda -Mi madre levantó una mano -Lo prometo. -Terminó y jadeé. 
-Eso es en Francia. -Serena se rió entre dientes y me miró.
-¡Claro, Francia! -Se rió mi madre.
-Entonces va a gustarte el lugar en donde pensábamos ir de vacaciones este año con mamá. -Miré hacia ella.
-Mejor, que sea sorpresa. -Dijo mamá. ¡No! Negué.
-¡Oigan, NO! No me gustan las sorpresas y menos que me hagan esperar. -Ellas rieron y mamá asintió a Serena me miró.
-Londres. -Abrí los ojos.
-¿Es enserio? -Mi madre se sonrió con ternura mientras asentía.
-Si chocolatito, es enserio... -Me sonreí.
-¿Vamos a ir a Europa? -Ambas asintieron, Serena rodó los ojos. -No puedo creerlo. -Murmuré y mi madre acarició mi mejilla alzando mi mirada.
-Adoro ver la ilusión y entusiasmo en tu mirada. -Dijo y acarició mi cuello cuando yo acaricié el largo del suyo. -Sos tan parecida a mí... -Suspiró y Serena llamó.
-¿Alguien quiere un helado? ¡Porque yo si! -Nos reímos.
-Esta celosa... -Dije y mamá asintió caminando a mi lado tras mi celosa hermana... Si, mi hermana.
~~~
Cuando llegamos a la fábrica, mamá estaba junto a nosotras y nos llevaba abrazadas. Un hombre con bata y una sonrisa brillante se acercó a mamá.
-¡Hola nena! -Sonrió ella lo abrazó.
-Papá. ¿Como vas? -Él asintió sonriendo. ¿Papá?
-Todo va bien, hola Sere... -Saludó a la chica.
-Hola abuelo. -¿Abuelo? No estoy entendiendo...
-¿Don Pepe? -Pregunté sin entender.
-¿Sophie? ¡Hola nena! ¿Como esta tu abuela? -Me sonreí.
-Muy bien. ¿Ustedes padre de Victoria? -El hombre asintió.
-Papá, ¿recuerdas que te conté, que Serena tenía una melliza? -El hombre asintió y luego observó como Victoria me miraba con adoración. -La encontré papá... -Don Pepe me miró con sorpresa.
-Pero Victoria, eso quiere decir que... -Mi madre asintió.
-Ella es mi pequeña Alma, si papá, tuve dos hijas con Marcos Guerrero. -Pepe se sonrió y estiró mis brazos para mirarme.
-Oh Victoria, ¡Tiene un gran parecido! -Dijo acercándose y dándome un abrazo. 
-¿Lo notaste? -Dijo ella orgullosa y muy sonriente.
-Oh Sophie, ¿Como lo notaron? ¿Porque no me lo dijiste antes? -Al fin, le contamos la historia a mi -ahora- abuelo y este se sonrió muy feliz ofreciéndose a ser mi abuelo. Lo abracé y Serena seguía celosa.
-Bueno, bueno. Él es mi abuelito Alma, ni te acostumbres... -Dijo abrazándolo.
-¡Ey! Tambien es mío ahora. -Ella negó.
-No, no. Fue mío primero... -Seguimos peleando mientras ellos reían. Mamá se fue a hacer sus llamados y nos dejó con el abuelo que me llevó a recorrer la planta que hoy estaba desértica ya que nadie trabajaba siendo sábado. Pero luego de unas vueltas y de comer algunos bomboncitos, me alejé caminando hacia la oficina de, según Serena, era la de nuestra madre.
Cuando llegué allí, la escuchaba hablando muy seriamente con alguien en otro idioma, me sonrió al verme llegar y me pidió un minuto, asentí despreocupandola y observé el lugar de trabajo diario de mi madre.
Su oficina estaba empapelada de un chillón verde manzana algo amarillado con preciosa flores blancas, en el centro estaba el escritorio de vidrio y la notebook que descansaba sobre ella entre otros lapiceros y paletas de chocolate en formas de corazones, treboles y caritas felices. Miré a mi alrededor y notaba el cálido aroma a mujer por todas partes, además de una pequeña y breve historia de amor en libro sobre un cajonero que estaba en una punta. Me acerqué a uno de los tres enormes sillones blancos y me senté sobre el que se supone es el de mamá, ella caminaba y caminaba hablando en el idioma por su teléfono. Observé su escritorio y allí la vi, una preciosa foto de ella con el cabello castaño claro y una niña muy pequeña que se sonreía con sus enormes ojos azules. Era ella, sin teñir su cabello y mi hermana, estaba muy chiquita. Me sonreí tomando el marco que sobresalía en flores de porcelana, o eso creo.
-Pronto voy a poner una foto nuestra también sobre mi escritorio. -Me dijo y se acercó a mi para abrazarme. Dejé el marco asentí.
-Gracias... -Murmuré, y ella se sorprendió.
-¿Por qué? No tenes que agradecerme por nada... -Yo asentí.
-Si por todo lo de hoy... -Me interrumpió en un quejido.
-¡Es solo plata! -Negué.
-Gracias por aparecer, por ser como sos y... Por ser mi mamá. -Ella negó sonriendo.
-Mi amor... Es un placer. Gracias a vos por haber vuelto. Princesa. -Me abrazó y llorisqueamos.
-¿Vamos ya? -Mami asintió.
-¡Vamos a almorzar! -Festejó y llegaba Serena.
-¿Mc? -Preguntó mirando a su madre y yo di saltitos.
-Ya estan grandes para el Mc... vamos a un restaurante. -Negamos.
-¡Maaaac! -Pedimos y ella se sonrió.
-Que remedio... -Suspiró. -Vamos a donde ustedes quieran. -Dijo al fin y festejamos.

*Serena POV*

CONTINUARÁ...

martes, 3 de marzo de 2015

Décimo cuarto Capítulo:

*Serena POV*
¡Tengo que hacer algo! ¡Esto no da para más! Ella se está robando todo lo que tengo en mi vida, mi familia, mis amigas -Candy me preguntó porque no podíamos llevarnos bien con Sophia si ella era copada ¿EH? ¡NO!-
Me recosté en mi cama, no es cierto, no voy a ir al partido de futbol, ya no sé si quiero volver a ver a Matheo, me humilla demasiado, yo no estoy para sufrir por un idiota por más que sea el más sexy de la Secu. Ya hace una hora y media que la casa está en silencio, es madrugada y  en el cielo hay amenaza de lluvia torrencial, tremenda tormenta se viene.
Amo los días de lluvia, son los días en los que me siento a dibujar o a escribir, soy buena para la ficción dramática o la ciencia ficción.
Me sonrío cuando recuerdo la vez en la que mamá leyó uno de mis cuentos, se rió durante un mes sobre el cuento que escribí con solo ocho años, era sobre un monito que se peleaba con su madre porque no quería comer la banana, la madre terminó castigando al monito y este tuvo que retractarse e ir a comer porque luego comenzó a morir de hambre. A ella le gustó, porque lo escribí en base a nuestra discusión por no querer comer las verduras. Yo a todo lo que veo le saco una historia, y la ilustro ¿Diverso no?
Pero luego de lo absurdo que se ve la pelea con Sophia por el inútil de Matheo, me llega el día de la fiesta, el día en el que más humillada me sentí. Pero el día en el que sentí cosas mágicas… Lautaro se viene a mi memoria para torturarme… No puede ser cierto que yo sienta cosas por esa… cosa. ¡Él realmente es un tarado! Aunque sus jeans le quedaban geniales el otro día, y… Su mirada verde es muy bonita. ¡Qué demonios! Me encanta el chico ¿Si? Está más que bueno y no puedo evitarme sentirme nerviosa al verlo, quizá… llego la hora de dejar toda mi estupidez de lado y quedarme con Lautaro, total a Matheo no puedo tenerlo y ya ni se si lo quiero, me parece que se lo voy a regalar a mi hermanita y ambos se pueden matar. ¿Dije hermanita? Ni irónicamente lo soporto…
Los relámpagos y truenos se hicieron fuertes y la lluvia comenzó a caer, mierda que se largó una tormenta fuerte. Dijeron que este verano iba a ser el más precipitado, falta dos semanas para nuestro cumpleaños, digo nuestro porque la tarada también nació el mismo día que yo. Y cumpliremos dieciocho.
¡AHHHHHHH! –¡Eso fue un grito! Me sobresalté levantándome de la cama y corriendo hacia la habitación de mi mamá, ella es la que detesta las tormentas, varias veces tuve que levantarme a consolarla. Tiene pesadillas y llora como si la estuviesen matando a golpes, es horrible. Siempre fui tan diferente a mi madre… Siempre fui tan valiente y fría. Mi madre es muy sensible y cálida, siempre fuimos como agua y aceite. Y ahora entiendo porque, mi padre es el que me entiende.
La habitación se encuentra vacía y corro por el pasillo desesperada por encontrarla antes de que cometa cualquier estupidez o locura. Pero lo contario a eso, la encuentro en la habitación en la que se encuentra Sophia, está abrazándola mientras tiembla y llora como si alguien la hubiese matado de un susto… Ya lo entiendo, ella también odia las tormentas, genial ella son la una para la otra, perdí a mi madre…
Suspiro y las observo, mi madre la tiene abrazada y la está meciendo como si fuese un bebe, mientras ella llora desconsolada. Jamás vi a mi madre tan preocupada, ella la observaba con susto, esta es la primera vez que no es ella la que necesita ayuda en una noche tormentosa.
Suena un fuerte trueno y mi madre tiembla mientras Sophia grita y se esconde más bajo mi madre. Mis ojos se cargan de tristeza, de pronto siento ganas de llorar, ellas detestan tanto la lluvia... tanto como yo la amo. Me acerqué a ellas y me subí en la cama sentándome cerca de sus cabezas y abrazando a mi mamá que temblaba, planté un beso en su mejilla tratando de calmarla y le acaricié el cabello a mi hermana.
Tengo que admitir que verlas así, no me gusta para nada… Es horrible y miserable. No entiendo que es lo que las asusta, que es lo que detestan de la lluvia, pero tengo que hablarlo con papá, ellas no pueden seguir así…
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*Sophia POV*
–¡Mierda! –Me sobresalté cuando se escuchó otro trueno… ¡LAS ODIO! ¿Por qué hoy? ¿Justo hoy? Encima habrá miles de estas, las odio. Será así todo el verano, malditas tormentas eléctricas.
Traté de olvidarme un segundo de la tormenta, cuando comenzó a llover, solo era el agua golpeando el piso, y las ventanas. Suspiré y me tranquilicé, mis ojos se cerraban solos, estaba cansada. Me quedé quieta, y poco a poco casi…
–¡AHHHH! –Me asustó un fuerte trueno ¡Dios mío! ¿Jamás va a acabarse?
Me tapé con las frazadas y sentí como el nudo en mi garganta me presionaba largando todo el llanto que me guardaba. Las detesto, siento como si un rayo fuese a caer sobre la casa, las ventanas amenazaban con caerse y volví a gritar más largo.
Me acurruqué abrazando mis piernas y sentí como las lágrimas molestaban mis oídos humedeciéndolos. Me sentía muy sola y en peligro, como cuando era chiquita.
Abrieron la puerta, mi corazón comenzó a latir con fuerza y alguien comenzó a caminar por la habitación, me agité bajo la frazada y alguien me acarició la mano por arriba de la frazada. Me destapé y ahí estaba Victoria, también lloraba, y temblaba.
–Mi pequeña, definitivamente sos mi hija… ¿Puedo? –Murmuró y abrí las frazadas para ella, me recosté y la abracé.
–Tengo miedo mami… –Suspiré y ella asintió.
–Yo también. –Se sonrió amargamente y me apretó, cuando grité y me sobresalté. ¿No piensa parar?
De pronto, cuando sentía que me quería meter bajo la bata de mamá, llegó Serena y se sentó a nuestro lado abrazándonos. Ella no lloraba, pero tampoco estaba muy feliz, le dio un beso a la mejilla de mamá y me acarició el cabello, me escondí debajo de mamá sollozando y traté de calmarme, Serena parecía dolorida.
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Siento una cálida respiración al lado de mi oído y me siento como arropada con una frazada gruesa y dura, respiro con dificultad y pestañeo ante los brillantes rayos del sol que se dignaron a salir antes que la maldita y traidora luna, me la hizo pasar muy mal no saliendo de entre las nubes. Me quejé cuando me sentí acorralada y pestañee un poco más rápido.
Los brazos de mamá estaban a mí alrededor y había un tercer brazo, jadeé recordando y me senté de golpe no despertando a ninguna de estas dos por gracia del cielo. Mi corazón se hincha al recordar lo sucedido en la noche anterior y viendo como Serena descansa abrazada a mi madre. Cuando duerme es tan bonita y tiene una expresión dulce y despreocupada, no tensa y malvada como cuando estamos cerca en el mismo ambiente, como ahora. Es la primera vez que puedo observar a mi hermana más de un minuto y sonreír. Extiendo mi mano sobre su brazo y lo acaricio, quisiera tanto que me quiera…
–Daría mi vida por que pudiéramos ser una familia, por querernos, porque me quieras… Un poco nada más… –Noté que las lágrimas molestaban los ojos y me sorbí la nariz con el puño de mi camiseta. Me levanté, necesito un baño relajante pronto, esta noche fue una de las peores.
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*Serena POV*
Cuando mamá se removió, desperté y nos observé a las tres en esta cama. Yo abrazaba a mamá y mamá a Sophia. Murmuré una puteada cuando ella se removió, cuando la escuchaba gemir y murmurar cosas en sus sueños.
Yo te quiero, yo si te quiero Serena, no me apartes, no… –Suspiré. Ella dijo que me quería ¡Que me quería!
–¿Enserio lo decís Alma? –Pregunté esperanzada de que me hablaba enserio, yo sé que miente, que son solo sueños… ¿Quién querría a un pedazo de mierda como yo que detesta a su propia hermana? ¿Acaso acabo de decirle Alma?
Sí, sí. Yo te quiero... te quiero… –Murmuró ella llamando mi atención y se abrazó a un brazo de mamá. Sentí que me pinchaban los ojos y ella volvió a removerse. Me recosté haciéndome la dormida, porque ella comenzaba a moverse y despertar enserio.
Se sentó de golpe como asustada y luego noté que me tapaba el sol del rostro ¿Qué estaba haciendo? ¿Mirarme? De pronto el sol comenzó a darme nuevamente en el rostro y me acarició un brazo… Mi corazón se disparó, ella me estaba acariciando un brazo.
–Daría mi vida por que pudiéramos ser una familia, por querernos, porque me quieras… Un poco nada más… –Y un tiempito después sentí que ella se sorbía la nariz. ¡Oh por dios! ¡Es cierto! ¡Ella me quiere! Yo…
Ella se levantó de la cama y espié que caminaba hacia el baño, me senté en la cama rápidamente.
–Yo también te quiero Alma… –Murmuré sin yo creerlo con un maldito nudo en la garganta y ella se dio vuelta a mirarme. ¿Cómo sucedió eso? Suspiré y ella sonrió con lágrimas.
–¿Es enserio? –Preguntó y asentí sintiendo que las mejillas me ardían. Ella me llamó y me levanté.
–Jamás entendí… –Dijo ella y yo negué. Que no lo diga o va a arruinarlo. –Yo quiero que seamos una familia… –Asentí.
–Yo también, quiero a mis papás juntos… –Ella se sonrió y asintió. –Tendríamos que hacer algo para juntarlos. –Murmuré y ella abrió los ojos y me estiró hacia el baño. Ah claro, mamá…
–¿Cómo mierdas vas a decirlo delante de ella? ¡Va a darse cuenta! –Se quejó y caminó hacia la ducha y pronto la lluvia de agua comenzó a caer.
–Bueno si, perdón… ¿Qué podemos hacer? –Ella probó el agua, hizo mueca de dolor.
–¡Mierda estaba caliente! –Dijo regularizando el agua.
–¿Y? –Pregunté y ella me miró.
–Sí, lo charlamos mientras me baño ¿Si? Date la vuelta. –Rodé los ojos y me di la vuelta, es tan vergonzosa como mamá. –No creo que tengamos que hacer nada, ¿Acaso no los viste como se miraron la segunda vez que se vieron cuando vos fuiste por tu bolso al día siguiente? ¡Ah! Por cierto… ¿Eso fue mentira no? Lo olvidaste a propósito… –Asentí, era obvio que sí.
–Si claro, era más que obvio. –Dije y ella ingresó en la ducha. –¿Ya puedo ver?
–¡Ah sí! Perdón. –Se disculpó.
–No hay problema. –Dije y ella se arregló la voz.
–¿Y ahora… que va a pasar con nosotras? –Dijo ella y yo levanté una ceja. ¿Y yo que mierda se?
–Yo que se…
–¿Enserio mi odiabas? –Me arrebató y suspiré.
–Puede ser. Pero… –Me sonreí. –No creo que yo sola te odié a vos, si mal no lo recuerdo vos…
–Sí, sí, sí. Lo acepto. Te odié en su momento. Pero en cuanto me enteré que eras mi hermana, bueno… Me empezó a doler que me trataras mal. –Me lamenté haberla tratado tan mal, pero es que ella… Suspiro, inspiro y trago.
–Si lo lamento, pero es que vos siempre sos la más buena y bueno eso es como que me choca ¿No? Detesto la gente que se hace la mosca muerta y… Bueno, no sabía que enserio eras así, tan… Bueno, tan… ¿Tonta? ¿Sensible? ¿Buena? ¿Cómo es? –Me sonreí cuando ella gruñó.
–¡Ey! ¡No soy tonta! –Se quejó y me reí. –No me cargues. Además, no es que sea ni tonta ni sensible, solo que no quería seguirte la corriente porque no tenía ganas de agrandar tus estupideces, parecías la mismísima Barbie humanizada pero en modo malvado. ¡Insoportable! –Afine los ojos después de rodarlos ¿Acababa de decirme esa estupidez?
–¡Ey! ¡No soy ninguna Barbie humanizada en modo malvado! No me toques el culo Alma… –Me quejé y ella carraspeó y después suspiró. Aun no entiendo porque no quiero decirle Sophia.
–Está bien, olvidemos esto ¿Si? Sino jamás vamos a llevarnos bien, ayer espié a mamá, luego de la cena estaba llorando en el baño. No es nada lindo verla llorar no sé si te das cuenta… –Asentí, lo sé bien desde la madrugada que me habló de papá.
–Sí, sí. Lo sé... Pero yo que iba a saber que ella es tan sensible, siempre tan sólida y seria, excepto cuando está conmigo que parece una maldita enferma psiquiátrica, ya viste como me dice… –Ella rió.
–Si lo sé caramelito. –Se carcajeó y me sonreí, suena ridículo.
–¡Ey! ¡No te rías tarada! Es irritante…
–¡No me digas tarada! Y además… También me toca, a mí cuando me dice chocolatito. Ya lo dijo y no deja de decirlo, y también me irrita asique te entiendo… –Suspiró y me reí inmediatamente.
–Pffjaja –Me reí. –¿Chocolatito? –Seguí riéndome. –¡Ay por dios! ¡Me quedo con Caramelito! –Estallé y ella gruñó.
–Bueno ya estuvo bien. No te metas con papá y mamá. –Dijo al fin y me callé frunciendo la frente una vez más.
–¿Por qué no? –Me quejé.
–¡Porque no! Ellos ya se van a juntar solos, ahora tiene que ir al juzgado, juntos y tienen que anotarnos, cambiar actas de nacimiento, y documentación completa. Y todo, juntos. Asique ya van a tentarse y se van a terminar comiendo la boca en cualquier momento… –Asentí.
–Ah claro. ¿Y vos como sabes que van a ir juntos? ¿Ya tienen fecha? –¿Cuándo hablaron?
–Escuché cuando papá hablaba con ella ayer, él dijo algo como “este lunes” y “no, no me voy a olvidar mi documentación” “Hasta entonces linda.” Y colgó. –Me sonreí cuando ella carraspeó.
–¿Pedirte un favor es abuso? –Preguntó. Respiré, ella tiene miedo de pedirme cosas… Lo entiendo.
–No voy a hacerte daño Alma, dijiste que me querías. Yo también te quiero ¿Si? No preguntes cuando y como porque no lo sé. –Me removí sobre el inodoro ante su silencio interminable, en fin.
–Me gusta cómo me llamas, y como hablas conmigo ahora… Enserio te quiero Serena, ojalá no estes jugando conmigo. Si llego a notar que te estas vengando… –¡Mierda! Ella piensa que puedo estar mintiendo, desconfía de mi palabra. Bueno… ¿Quién no desconfiaría de mi maldita palabra? Si soy más mala que la peste.
–Lamento haberte hecho tanto daño, ¿Si? Pero ya no voy a lastimarte… Es más creo que es hora de que te diga que me gusta Lautaro y que podes andar enredándote con Matheo libremente si queres...
–Si lo sé. Él me lo dijo, está muy enamorado de vos desde que somos chicos… Y Matheo… No somos nada Serena. Él no me da ni la hora… –¿Qué? Pero si siempre que pasa la observa, y cuando camina se hace su tiempo para verla ir y observarle el culo. Demás está decir de las veces que me dijo que no la cambiaría por mí. Cosas dolorosas que me dañaban siempre. Por eso peleábamos siempre y por eso parecíamos pareja, “Más para mí” era en ese momento.
–Él está muerto con vos… ¿Cómo no lo notas cuando te está mirando el culo? ¿Acaso no te das cuenta cuando alguien te está mirando vos? –Rodé los ojos.
–¡¿QUÉ?! –Dijo y saco la cabeza entre las cortinas. Y mirándome, asentí.
–Eso, esperame un segundito… –Salí de la pieza, la tarada se olvidó la toalla. Tomé una del armario que esta junto a la puerta y volví al baño. –¡Toma! –Dije extendiendo la toalla y ella se la amarró al cuerpo cuando salió de la ducha.
–Báñate ¿No? –Dijo y levanté una ceja. –Dale, y hacemos tiempo… –¿Tiempo? Ok. Me saqué mi remera corta y mis mini shorts. Cuando estaba por sacarme la ropa interior ella se dio vuelta.
–¿Siempre sos así de vergonzosa? –Pregunté y ella se puso rígida.
–¿Por qué? ¿Acaso te gusta que te miren? –Fruncí los ojos.
–No pero ¡Sos chica! No tengo ni tenes nada que yo no tenga. Además sos mi hermana. –Ella frunció los hombros.
–¡Bueno! –Se dio la vuelta y me miró, me sonrojé ingresando rápidamente al baño mientras ella reía.
–¡Ey! ¡No vuelvas a hacer eso! –Me quejé mientras reía.
–Lindo culo. –Dijo riendo cuando gruñí. Luego se acercó a la ducha. –Ey… Seri… –Hizo un silencio y luego preguntó. –¿Puedo llamarte Seri no? –Rodé los ojos.
–Si podes ¿Qué pasa…? –Ella suspiró largo y al fin dijo:
–¿Puedo hacerte una pregunta?
–¡Ay Alma! ¡Hacela ya! –Me quejé y ella rió.
–Ok, ok bueno… ¿Cómo te rasuras el cabello de… ahí? –¿Ahí? Abrí los ojos para ver si me estaba señalando porque ya la iba a golpear si estaba mirándome y cuando no la veo, levanto una ceja.
–¿Ahí? –Digo sin entender y ella repite.
–Ahí… ya sabes. La… parte. –¿La parte? Me miro y entiendo cuando noto que me sonrojo.
–¡Por dios Alma! ¿Tan bien me viste? –Dije y ella suspiró supongo yo avergonzada y roja, saco la cabeza para verla y me río al notar que es mejor que la imaginación, se toca las manos.
–No, no… Y-yo… –Largo la carcajada y ella se ríe conmigo.
–Ya, ya entendí. Era broma. Es solo depilación con cera, es divertido si sos masoquista. –La miré y ella abrió los ojos. –¿Acaso no te depilas? –Pregunté sacando mi cabeza de la ducha una vez más y ella asintió.
–Con maquinita las piernas, sí. Pero ahí… –Me reí.
–¿Queres intentarlo? –Pregunté y ella me miró meditándolo. –Es solo un tirón. Duele sí, no te lo voy a mentir. Pero vale la pena… –Dije y me seguí bañando.
–Bueno, está bien… –Respondió.
–Duele bastante… –Dije al fin y ella afirmó igual:
–Bueno, me la voy a tener que bancar. –¿Eh? ¿Por qué?
–¿Vas a acostarte con alguien…? –Pregunté y ella se calló. ¡Lotería! –¿Pensas acostarte con Matheo? –Hizo silencio. –Está bien, no te digo más nada…
–No, no es eso, solo que quiero probar otras cosas… –Ella quiere acostarse con él. –¿Sos virgen aún? –¡¿Qué mierda?!
–¡Claro que no! –Dije al fin… ¿Quién mierda es virgen a los 17…? Es lo más el sexo, y sentir un buen orgasmo con un hombre de verdad, no con tanta pendejada… Por eso siempre me acostaba con conocidos de mamá, hombres de negocios, algunos casados. Soy malvada lo sé… Ya deje de hacerlo ¿sí?
–Ah claro… –Respondió ella. ¡Oh no lo creo!
–Vos si ¿No? –Dije riendo y ni respondió. ¡NO PUEDE SER! –¡NO ES CIERTO! –Dije volviendo a sacar mi cabeza de entre las cortinas. –¿Lo sos? –Pregunté otra vez.
–Pero no se lo digas a Matheo, por favor… Quizá no quiera hablarme si lo sabe… –¿Qué, QUE?
–¡No! ¿Cómo decís algo como eso? Préstame la toalla… –Ella extendió la toalla usada, ya vestida. –No tenes que dejarte llevar por lo que los demás digan... Si alguien te quiere te espera no te obliga, ¿entendés? –Ella asintió. –Yo lo escuché decir muchísimas veces que moría por vos, pero no importa lo necesitada o cuanto lo desees, diría que solo esperes a que él se lo gane, que te diga que te ama y que te d una buena razón para que vos le regales algo tan especial que es tu inocencia. ¿Prometes que así vas a hacer?  –Ella me miró sorprendida y asintió. –Hablame Alma... 
–Si, si... Lo prometo. –Asentí sonriendo y presioné mi mano sobre su hombro.
–Me voy a cambiar... –Asintió mientras salíamos del baño.
–¿En que andaban? –Preguntó mamá con lentes puestos, un libro a frente suyo y la mirada fija en nosotras muy sorprendida. –Nada, vos explicale me voy a cambiar. –Mi hermana asintió y caminé hacia la puerta. Mi hermana... Tengo una hermana.

*Sophia POV*

CONTINUARÁ...